XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA 
Oaxaca de Juárez, 14 de junio. Hoy, la Palabra de Dios, nos ha recordado lo que somos. En la Primera Lectura, el texto nos dice que somos sacerdotes, miembros del pueblo santo de Dios. Sacerdotes, que formamos este pueblo santo.
En muchos momentos, usted ha escuchado que desde el día de su santo bautismo, usted es sacerdote, profeta y rey y ha venido a esta Iglesia Catedral a ejercer su sacerdocio de bautizado. Usted está ofreciendo en este mediodía, a Dios, Nuestro Padre, el sacrificio de Su Hijo Jesucristo que, dentro de un momento, va a morir y a resucitar ahí, en el altar, y usted va a ofrecer al Padre, por el sacerdocio que usted tiene.
Hay un momento también en que usted debe de tomar conciencia porqué hacen los monaguillos, en su momento, con el incensario, lo inciensan a usted, lo inciensan, después que el sacerdote ha incensado el altar y la imagen de Jesucristo, es incensado él y luego ustedes, ¿por qué?, por su sacerdocio, me están incensando por ser sacerdote, no por otra cosa, y por ser miembro del pueblo santo de Dios.
Dígale a Nuestro Señor, cuando esté recibiendo esta incensación, “gracias, porque me hiciste sacerdote, desde el día de mi santo bautismo. Participo de este santo sacerdocio de este pueblo santo”.
Y quiero, quiero decirle, ¿está creciendo usted en santidad de vida?, ¿está creciendo? Este pueblo de bautizados debe de ser santo, debe de ser un pueblo santo, así lo quiere Dios y usted fue llamada a la santidad desde el día de su bautismo y tiene que ser santo hoy, tiene que ser santo y si usted es santo y está creciendo en santidad, nuestra Iglesia es más santa, pero si usted no crece en santidad y vive en una situación de pecado, está siendo menos santa a la Iglesia. Yo la hago más santa o la hago menos santa, por mis obras, por mi comportamiento. Si lo que hago le agrada a Dios, colaboro para que mi Iglesia sea más santa. Si lo que hago no agrada a Dios, mi Iglesia es menos santa, es menos santa, porque yo soy menos santo.
Crezca en santidad, crezca en santidad. Tiene al alcance de sus manos todos los medios para crecer en santidad.
Hoy, el Señor Jesús se compadece, en su tiempo se compadeció de aquellas multitudes, que dijo: “andan como ovejas sin pastor”. Se compadeció. El Señor Jesús no ha cambiado, sigue compadeciéndose. Hoy, se compadece de sus ovejas, que somos todos y cada uno de nosotros y se compadece movido por el amor, no por otra cosa, por ese amor que el Señor Jesús tiene, hay esa compasión.
Entonces, póngase frente a Nuestro Señor. Él se compadece de usted. ¿Qué le dice usted a Él? ¿qué siente? Espero que usted, ante esa compasión que tiene Nuestro Señor para nosotros, se sienta muy amado. Ya el apóstol, en la Segunda Lectura, nos decía que el Señor murió por nosotros, que somos pecadores y murió por amor, dio su vida por amor y el Señor nos sigue amando. Eligió a sus apóstoles, eligió a Pedro, pero también eligió a Judas, los eligió a los doce. Y a ti también te ha elegido el Señor y te ha llamada a ser su discípulo. Los eligió a ellos, mirándolos con amor. Te eligió a ti mirándote con amor. Siéntete amado. Siéntete amado.
Si ustedes no experimentan el amor de Dios en su interior, un amor así, intenso, fuerte, pues en los momentos de prueba se van a venir abajo. El que se siente amado por Nuestro Señor se siente fuerte, porque siente que no está solo. La prueba es pesada, es difícil, es muy complicada, pero tiene unas fuerzas, fuerzas que vienen de Dios.
Sé que no estoy solo en este momento, estoy siendo probado en el dolor, en el sufrimiento, en la enfermedad, pero no estoy solo, Nuestro Señor está conmigo, está en mí y me está diciendo que me ama y que no me va a dejar en ningún momento a mis fuerzas, pero experimente la cercanía, la compasión de Dios en su vida, en su persona. Y Nuestro Señor, así como llamó a los doce y los envió, así también le llamó a usted para ser su discípulo y también lo envía, también lo envía y, en primer lugar, Nuestro Señor les dijo: vayan a encontrarse con las ovejas perdidas de la casa de Israel, no vayan a pueblos paganos, a lugares de samaritanos, vayan en busca de las ovejas perdidas de la Casa de Israel. ¿Y qué nos dice Nuestro Señor a nosotros, que somos sus discípulos, en este tiempo? Pues lo primero que nos dice es: “en tu familia, primero en tu familia. Ándale, trabaja ahí, compadécete de tus seres queridos. Dígnate a amarlos. Yo quiero hacer sentir mi amor, pero no con palabras, lo quiero hacer sentir a través de ti y no vayas a decirle a tu familiar que Dios lo ama. Ámalo, ámalo y, con eso, le estás diciendo que Dios lo ama, porque si no siente tu amor, las palabras que tú le puedas pronunciar, van a estar vacías”. Tú le vas a decir, sin hacerle sentir tu amor, le vas a decir: Dios te ama, primo, tío, abuelito, Dios te ama y tal vez te respondan: ¿ah sí? ¿de verdad me ama?”, pero si tú lo amas, si tú lo amas, él va a responder: “si, m´hijo, siempre me siento amado por Dios y, en este momento, tú me lo estás recordando y eso me hace feliz, me hace feliz porque tú me lo estás diciendo, porque estás aquí, frente a mí, porque has venido conmigo, porque me has visitado, porque has venido al encuentro conmigo y eso me hace muy feliz. Siento el amor de Dios” y ¿por qué esas expresiones?, porque siente tu amor. Entonces, vamos haciendo sentir nuestro amor a los seres queridos, a los más cercanos, a los más cercanos, con los que siempre convivimos, con los que siempre convivimos.
Vayan, Nuestro Señor nos dice hoy, vayan a todas las ovejas, vayan y sanen, vayan y liberen, vayan y animen, vayan e ilusionen. En la vida, vaya. No nos quedemos encerrados. Nuestra gente necesita, hágalo, es un discípulo de Nuestro Señor. Vaya a llenar el corazón de los que tal vez se sienten vacíos, vacíos de amor, vacíos de comprensión, vacíos de respeto, vacíos de sentirse que son algo en la vida. Vaya. Los ancianitos nos necesitan, los enfermitos nos necesitan, los jovencitos nos necesitan, todo mundo nos necesita.
La gracia, el poder lo tenemos, porque esa gracia y ese poder vienen de Dios y Dios nos los da a todos. Usted puede ir y sanar, sacar del corazón de los demás odios, rencores, envidias, deseos de venganza. Puede sacar del corazón todo eso y sembrar el amor y usted va a ser feliz y con el que trabajó va a ser feliz, Dios hará su obra y la hará a través de usted, a través de usted y esa misma persona que usted en un momento levantó, porque estaba caída, el día de mañana se va a encontrar con usted y lo va a reanimar, porque tal vez lo encuentre en un momento en que ande desanimadito y le diga: qué bueno, qué gusto me da encontrarte contigo, desde el día que fuiste al encuentro conmigo y me diste unas palabras de aliento, yo he salido adelante. Gracias por lo que me dijiste en aquella ocasión. Gracias, porque tus palabras me reconfortaron. Me sentí amado por Dios, sentí una fuerza, gracias. Y tal vez usted le diga: pues mira, en qué momento vienes, en un momento en que yo también ando medio caído y eso que me estás diciendo que mis palabras te levantaron, pues este encuentro contigo me tiene que levantar también a mí y vamos seguir adelante con la ilusión y la esperanza.
Dios hace su obra, Dios hace su obra, porque no deja de amarnos. Haga todo por amor a Dios, por amor a Dios.
Feliz día del Señor, feliz domingo, feliz día familiar, feliz semana para todos. Nunca se sienta solo, no piense que no lo ama Dios. Dios lo ama y mucho. Sea siempre un buen discípulo de Nuestro Señor. Sea ese sacerdote del pueblo santo de Dios y que María, la compañera de camino de Nuestro Señor, se también nuestra compañía, para que sintamos su maternidad en nosotros, Ella es nuestra Madre, sintamos su intercesión, sintamos su protección, sintamos su auxilio y salgamos adelante en todo momento.
Que María, Nuestra Madre, nos haga sentir, que como discípulos de Nuestro Señor, Ella tampoco nos abandona, Ella va con nosotros y nos da ese aliento de vida.
Que Dios los bendiga, pues, en toda esta semana.
Que así sea.

