Oaxaca de Juárez, 17 de junio. A pesar de que falta tiempo para la elección presidencial del 2018, la reforma educativa se perfila para la controversia de campaña y de gobierno. Lo que ha prevalecido en muchas discusiones sobre el tema son lugares comunes, en donde los “salvadores de la educación” ponen vehemencia y una dosis de proselitismo y demagogia.
Las propuestas pasan de largo y las cosas suelen terminar en el mismo lugar, si nos apuran pueden acabar en el cuarto de atrás. La educación ha sido desdeñada. Se parte del supuesto elemental, cercano a lo primitivo, de que mientras los estudiantes estén en clase y los maestros estén al frente de los grupos poco o nada importa lo que pase al interior de las aulas.
En los debates presidenciales y para gobernador que nos ha tocado conducir, el tema educativo es un gran inciso. Todos tienen fórmulas y todos lo buscan en lo políticamente correcto. Al cabo de seis años, cuando nos invitan a un nuevo debate con nuevos candidatos, escuchamos casi lo mismo que en el anterior, es el mundo del no pasa nada.
El desdén de muchos gobiernos, con la complicidad de los líderes sindicales sea CNTE o SNTE, es una de las razones del actual estado de las cosas. Todos sabíamos cuál es la dinámica de las cosas. Había quienes lo intuían y quienes lo vivían y viven, como los padres de familia, maestros o estudiantes.
¿Es la reforma educativa la panacea? Por supuesto que no lo es, pero a estas alturas viene bien preguntarse qué deberíamos hacer: quedarnos donde estábamos o hacer lo que hasta ahora se ha hecho y más, reconociendo las limitaciones del proyecto.
Veamos en perspectiva: La aprehensión de Elba Esther Gordillo tenía dos objetivos: Uno de ellos era deshacerse de quien estaba enfrentada al candidato, él se hizo presidente; la profesora se sobrevaloró.
Por otro lado, ya sin la maestra en medio, se echó a andar la reforma a la cual se oponía el multicitado personaje. El problema fue lograr consensos con los partidos políticos en el Pacto por México, el cual hoy muchos critican pero que en su momento fue visto como un mecanismo de acuerdos para la gobernabilidad.
Si el gobierno, en medio de su vorágine y sus emociones pactistas, perdió de vista los alcances de la CNTE, cometió un grave error. La Coordinadora tiene una forma de organización diferente a la del SNTE, se mueve como una federación. Cada una de las secciones tiene su propia dinámica y mecanismos para resolver sus problemas. En donde mejor se mueve es en el conflicto, en las movilizaciones y en las calles.
Al SNTE se le controla metiendo a la cárcel a su líder. La estructura del sindicato, al ser abiertamente lineal, permite un rápido control. Cuando Elba Esther fue detenida se dirigía a una reunión del SNTE. Del asombro y la sorpresa en Guadalajara pasaron a nombrar a un nuevo dirigente y a otra cosa.
La CNTE es más una organización política que sindical. Por eso ha logrado estar en las calles tanto tiempo. La aprehensión de dos de sus líderes no va a terminar con el movimiento. La reacción que estamos viendo tiene lógica, pero no necesariamente tiene futuro. Las detenciones han sido un golpe seco a la CNTE. En pocos días sabremos cuáles son las reacciones y en qué posición queda en su interior.
Veremos cuál es su siguiente movimiento en la guerra de posiciones. López Obrador ha entrado en acción a través de un documento cargado de consignas más que de razones, puede estar en camino de enfrentar de nuevo a su mayor enemigo, él mismo. En éstas andamos.
RESQUICIOS. Así nos lo dijeron ayer:
Hay que preguntarse por qué suceden eventos como el de Orlando. La sociedad estadounidense tiene que verse a sí misma. Es un país a seguir al cual si algo lo distingue son sus desigualdades sociales. En 2001, el año del ataque a las Torres Gemelas, murieron en EU 30 mil personas por hechos violentos. El mundo es un problema para EU o EU es un problema para el mundo: Dejan Mihailovich, especialista en geopolítica y RI, ITESM
La Razón
