Jorge Castañeda
Oaxaca de Juárez, 21 de marzo. Sin insectos se acabaría la mayoría de las especies de flora y fauna, ya que gran parte de ellos se encarga de polinizar, por lo que son vitales para los ecosistemas.
En contraste, si la raza humana se extinguiera, aumentaría la biodiversidad, ya que el planeta se liberaría de la única especie que se ha empeñado en contaminar y destruir la naturaleza.
Lo anterior se desprende de la conferencia “Insectos antiguos” que impartió Yazmín Martínez, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en el Instituto de Geología de esa casa de estudios.
Consideró que algunos insectos causan terror, otros se ingieren en platillos exóticos y unos más son tan llamativos que son utilizados en dijes o en diversos adornos.
A través de información divulgada por la UNAM, a la cual foroambiental.com.mx tuvo acceso, Yazmín Martínez explicó que los insectos representan 55 por ciento de la biodiversidad actual conocida (85 de la animal) y comprenden cerca de tres billones de especies vivas, aunque sólo se han descrito 900 mil, dijo.
Expuso que “se trata de invertebrados del filo de los artrópodos. Siempre presentan dos antenas, tres pares de patas y uno o dos pares de alas”.
Insistió en que la inmensa mayoría de los insectos son vitales para la Tierra, y si se extinguieran también lo haría gran parte de la flora y la fauna.
Refirió que “con el tiempo estos seres se han adaptado a todos los medios y climas, por lo que para entender el presente es necesario reconstruir el pasado”.
Añadió que su diversidad está marcada por tres hitos o explosiones evolutivas, con lo cual surgió una gran variedad a partir de una modificación del ambiente.
En el Carbonífero Inferior desplegaron sus alas para volar; en el Permo-Triásico surgió el estado ninfal (etapas inmaduras que, a diferencia de las larvas, se asemejan a la fase adulta), y en el Cretácico desarrollaron la polinización y se hicieron sociales.
A partir de las explosiones evolutivas, las especies arcaicas se adaptaron, diversificaron y resultaron favorecidas, pues en la actualidad se preservan.
Así, las de hoy descienden de los primeros animales que conquistaron los ambientes terrestres; además de ser testigos vivos de un pasado lejano, se asemejan a sus antepasados o presentan estabilidad taxonómica.
La aparición de estas criaturas en yacimientos de fósiles es infrecuente, pero suelen conservarse bien y completas, en comparación con otros invertebrados.
Algunos materiales antiguos donde se han localizado son rocas sedimentarias (calcita o aragonita) y en depósitos de fangos de diatomeas lacustres o de carbón transformado en brea, ámbar y copal, cineritas, cúmulos de ceniza volcánica y en estómagos de mamíferos del Pleistoceno y de mamuts.
Se calcula que las cucarachas (blatodeos) aparecieron hace 300 o 350 millones de años en el Carbonífero. Hoy existen más de cuatro mil 500 especies que siguen una dieta vegetal descompuesta, lo que les ha permitido sobrevivir por siglos.
Otro caso es el de la meganeura, que vivió en el período referido, y hoy es conocida como Petalura gigantea (libélula).
En aquel entonces su envergadura de los extremos de las alas era de 75 centímetros; hoy sus descendientes viven en Europa, así como en bosques de pantanos tropicales y tienen un tamaño de 17 centímetros medidos de ala a ala.
Finalmente, comentó que otros ejemplares interesante son las abejas, cuyo origen se remonta a 100 millones de años (Cretácico Medio), y de las que actualmente existen casi 20 mil variedades.
Jorge Castañeda es colaborador especial de ADN Sureste y
Director Editorial de foroambiental.com.mx
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