Abel Santiago
Oaxaca de Juárez, 27 de mayo. A punto de concluir las campañas políticas para la elección de diputados federales, y de otros funcionarios en otras entidades del país, están como cuando se iniciaron, porque no han despertado el mínimo interés en la ciudadanía para participar, ni siquiera para emitir su voto. Los candidatos no han sido capaces de exponer con claridad sus opiniones sobre los grandes problemas que afectan al país, menos de las posibles soluciones que podrán dárseles a través de su gestión como legisladores o autoridades. Por eso la corriente abstencionista ha ido creciendo, a pesar de que mucho se ha insistido en la necesidad de ejercer el derecho al voto, aunque sólo sea para manifestar alguna inconformidad, que equivale a un voto nulo, a lo que también hay oposición, porque se asegura que se lo atribuirían los partidos mayoritarios, entre los que prevalecería el que detenta el poder, el que dio cabida a nuevos partidos por aquello de divide y vencerás. No hay otra razón para explicarse el por qué de tantos partidos sin ideología definida, sin principios ni programas conocidos. La mayoría, como se dice, son pura morralla, pero sirven para restar votos a los tradicionales y para hacer más fácil el reparto de sufragios entre los grandes para contar con mayor número de plurinominales.
Los resultados de las campañas negativas los dan las encuestas realizadas, que aunque con reducidos porcentajes, colocan al tricolor a la cabeza. Era lo que mañosamente se buscaba para seguir dominando en el Congreso para la aprobación de más reformas antipopulares. Su aliado, el Verde Ecologista, a pesar de que ha incurrido en muchas violaciones a la ley electoral y de que se ha solicitado con fundamentos la cancelación de su registro, insiste en esas violaciones seguro de su impunidad, porque continuará su apoyo incondicional al Institucional. Una de sus últimas maniobras no le resultó como lo había previsto, el desprestigio y posible caída del consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, porque a tiempo se descubrió la explotación que pretendía de una broma, que aunque despertó duras críticas de los sectores que se sintieron afectados, no llegó a tener las consecuencias que se proponía ese satélite priísta, que sólo por esa condición ha conservado su registro. Es una parte más de la guerra sucia partidista, ahora más ilegal que en otras ocasiones, porque incurre en el grave delito de intervención telefónica, o espionaje que las autoridades correspondientes han solapado porque saben el juego político que significa ese delito.
En entidades como Oaxaca ha sido más notorio el vacío e inutilidad de las campañas políticas. Los partidos que se aliaron para derrotar al priísmo en las elecciones para gobernador lograron un primer y único triunfo, no tanto por su fuerza sino por el repudio a Ulises Ruiz Ortiz. Sin embargo, este gobierno del cambio no ha podido sostenerse, no ha sabido gobernar, ha resultado un fracaso, que se verá reflejado en las urnas, porque los electores ya no creen en nuevas promesas, que como en el caso del gobernador, saben que son falsas y que de lograr el triunfo continuarán amafiándose sólo en busca de la forma de mantenerse en el poder, como lo ha hecho el actual gobernador. Un botón de muestra es Francisco Martínez Neri, que fue buen rector de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, pero que en política resultó tan funesto como el partido al que eligió para vivir del presupuesto, el perredismo de los chuchos, en el que desde los primeros pasos dio muestras del oportunismo que caracteriza a esa mafia. Su primer conquista como perredista fue la Secretaría de Cultura, donde se dedicó a la grilla a favor de ese partido descuidando sus funciones, sin importarle la cultura en el estado, y ahora, al lograr la postulación como candidato a diputado federal, tiene que defender, sin argumentos, la desprestigiada posición de ese partido, al que se dice pertenecer el ex priísta Gabino Cué Monteagudo, quien pretende dejar a Oaxaca más endeudado de lo que lo dejó su nefasto antecesor.
Otro botón de muestra de nuestra llamada izquierda es Azael Santiago Chepi, un renegado líder magisterial, que ahora trata de engañar al pueblo con la bandera del partido lopezobradorista Morena, pero que son bien conocidas sus actividades ilícitas como líder de la sección 22, por las que se enriqueció como todos los dirigentes de la misma, que se dedican a chantajear a las autoridades para lograr los máximos beneficios personales. La izquierda en Oaxaca, como en toda la República, está tan desprestigiada como los demás partidos mayoritarios. El PAN, que mantuvo el poder durante 12 años, sólo sirvió para llenar de sangre al país y para enriquecer a las familias de los que ostentaron el poder. Nada podría ofrecer a cambio del voto ciudadano. Por eso los debates de los candidatos han resultado un fracaso. Ninguna gestión pueden realizar sin el consentimiento de las máximas autoridades, que son priístas, y como legisladores ya es sabido que sólo pueden atender las iniciativas presidenciales, como lo han hecho la actual y las anteriores legislaturas federales. Las crónicas publicadas de los llamados debates han informado que no hay propuestas aceptables, que se han reducido a palabrería sin sentido, y que los candidatos no tienen nociones de lo que podrían hacer como representantes populares, ya no digamos como legisladores, porque hasta la palabra les es ajena. De ahí que el abstencionismo, a pesar de los optimistas y de los bien intencionados politólogos, se perfile como el único triunfador en las elecciones del ya cercano siete de junio.
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