El Ejército Popular Revolucionario (EPR) surgió a mediados de los noventa de la conformación de una amplia coalición de 14 organizaciones clandestinas en una sola agrupación. Conviene recordar que el Partido Revolucionario Clandestino Unión del Pueblo (Procup) formaba parte de ella. El Procup es prácticamente el tronco madre de la mayoría de los grupos armados que se han registrado en las últimas décadas, al menos de los que han ostentado mayor estructura.
El Procup operó con mucho cuidado desde finales de la década de los años setenta en la ciudad oaxaqueña de Miahuatlán. Se estableció un polígono de operación en el cual durante años desplegaron una intensa labor de adoctrinamiento para formar a los futuros cuadros guerrilleros. En apego a la Guerra Popular Prolongada (GPP), de inspiración maoísta, la región de los Loxicha, cercana a la costa, reunía las condiciones físicas, sociales, económicas y políticas para reclutar milicianos, construir células y reproducir en zonas de alta marginación la doctrina libertaria por la vía de las armas.
De acuerdo a la estrategia general de la GPP, es menester que el grupo clandestino cuente con organizaciones de fachada que les permita operar desde un espacio público y visible. En esta lógica es fundamental crear asociaciones de defensa de los derechos humanos, mismas que a la postre les brindarían cobertura, en caso de un eventual asedio de las fuerzas del orden público. Paralelamente, según el manual de la GPP, milicianos de la guerrilla intentarían infiltrar asociaciones sociales o políticas, ya existentes, con la finalidad de que su visión revolucionaria fuera colonizándolas ideológicamente. Ése fue el caso de la CNTE, organismo que desde hace algunos lustros se ha permeado por los intereses eperristas.
Conviene recordar que el grueso de los 74 mil docentes que conforman la Sección 22 tiene raíces formativas en Escuelas Normales rurales, espacios de alto contenido estratégico y ampliamente trabajados por la insurgencia en sus labores de sobre-ideologización. El origen social de los mentores los predispone a compartir la visión crítica y a adoptar la promesa emancipadora de la revolución socialista.
Gabino Cué abanderó la llamada Coalición Unidos por la Paz y el Progreso en 2010, misma que aglutinó al PAN y al PRD, en ese momento sencillamente no había otra manera para derrotar al PRI caciquil del estado. Sin embargo, con la Sección 22, Cué entabló una negociación que no podía ser pública, consistente en prácticamente dejarle el control del viejo Instituto de Educación Pública de Oaxaca (IEPO), a cambio de que el magisterio volcara su capacidad organizativa para apoyar su arribo a la gubernatura. Empero, al curso de su gestión y con el poder que él mismo le permitió acumular, el gobernador se convirtió en rehén de la disidencia magisterial.
La CNTE ahora se dice traicionada por Gabino Cué y presiona de sobremanera para que Alejandro Murat pacte con ellos una suerte de reedición del esquema de prebendas y privilegios que les han brindado otros gobernadores.
Un actor constante en la inestabilidad política de Oaxaca ha sido la CNTE y en su lucha soterradamente se expresa, de alguna manera, el accionar del EPR, o lo que queda de él. La CNTE ha sabido sacar gran provecho de la agria confrontación que persiste entre los distintos ex gobernadores oaxaqueños.
Como puede verse el conflicto magisterial es un coctel altamente explosivo, cuyos ingredientes son un magisterio que de manera válida reclama mejores condiciones laborales, una guerrilla incrustada que construye en su lógica condiciones para la revolución por la vía violenta, así como añejas pugnas y resentimientos intra-priistas de Oaxaca.
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La Crónica

