Jorge Castañeda
Oaxaca de Juárez, 29 de abril. Las cientos de miles de pequeñas o grandes fugas de gas licuado de petróleo (LP) que se registran en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, ya sea en cilindros o conexiones, tanques estacionarios o en el almacenamiento y reparto de este combustible, son una importante fuente de contaminación del aire, particularmente en cuanto a la emisión de precursores de ozono.
Esta polución atmosférica ha sido totalmente descuidada por parte de las autoridades capitalinas, así como por las de la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe), a pesar de que existen estudios que demuestran que ha venido aumentando de manera significativa en las últimas décadas.
Según datos revelados por la Dirección General de Gestión de la Calidad del Aire, de la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México, a los cuales foroambiental.com.mx
La dependencia asegura que tan sólo por el consumo de gas se emiten unas 315 mil toneladas de contaminantes al año en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, pero si a esto agregamos la pequeñas fugas del energético, la cifra podría ser de hasta 500 mil toneladas anuales, según estiman investigadores independientes.
A este tipo de contaminación, que la dependencia denomina la proveniente de “fuentes diarias”, la considera “muy relevante, ya que aunque son pequeñas, por su número se vuelven significativas” en términos de la emisión de precursores de ozono.
Refiere que según reportes de emergencias del Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México, al año se atienden en promedio más de siete mil fugas de gas, de las cuales la mayoría tienen lugar en unidades habitacionales y vecindades de la urbe.
La misma fuente añade que “se tendría que trabajar en programas para prevenir las fugas de gas, pero también en otros para lograr el uso de calentadores solares; esto tendría la ventaja de reducir el consumo de energéticos y a la larga representa para las familias un ahorro significativo”.
Miles de pequeñas fugas de gas no son reportadas
La situación se complica aún más, debido a que muchas pequeñas fugas de gas no se reportan hasta que se vuelven significativas, es decir, cuando el olor se percibe fácilmente, es muy penetrante o la fuga ha causado ya algún flamazo o incluso una explosión.
Sin embargo, basta con acercarse a los cilindros que existen en casas, edificios o unidades habitacionales, así como en tanques estacionarios, muchos de ellos en pésimas condiciones como el que aparece en la imagen, para poder percibir el clásico “olor a gas”, que en realidad es una sustancia llamada Etyl Mercaptano, que se le agrega al energético justo para advertirnos sobre una fuga, ya que tanto el gas LP y el natural son inodoros.
Adicionalmente, hay que mencionar que en todas las gaseras, así como en los camiones o pipas repartidoras, siempre podremos percibir el “olor a gas”, precisamente porque existen pequeñas fugas de este energético, lo que emite una enorme cantidad de precursores de ozono todos los días, a todo lo largo y ancho de la megalópolis.
Y si a esto agregamos que en muchos de los cientos de miles de puestos de comida y fritangas que existen en la capital del país y su zona conurbada también existen pequeñas fugas de gas, entenderemos la magnitud de este problema de contaminación atmosférica, sobre todo cuando en esos puestos callejeros la inmensa mayoría de las veces se utilizan mangueras improvisadas para la conexión de los cilindros o incluso se llega a extremos como el que se muestra en esta imagen, en la que con pinzas para ropa se fijó una tubería que conduce gas a la parrilla.
Por todo ello, resulta absurdo que autoridades de los tres niveles de gobierno no implementen una estrategia integral para prevenir las fugas de gas, no sólo por la gigantesca emisión de precursores de ozono, sino por el grave riesgo de accidentes, muchos de ellos fatales, que esta situación conlleva.
Los siniestros por esas fugas de gas se cuentan por cientos a lo largo de todos los años, y aunque cada que existe alguna tragedia se prometen acciones para evitarlos, la realidad es que pasa el tiempo y todo sigue igual o peor.
“Olor a peligro” también es “olor a contaminación”
Cabe destacar que en la década de los años 80 del siglo pasado, este escribidor, entonces reportero-investigador del programa de televisión 60 Minutos, realizó un reportaje para demostrar la absoluta falta de seguridad en gaseras, camiones, pipas repartidoras, tanques estacionarios y cilindros, así como en las conexiones de viviendas, comercios, industrias, restaurantes, panaderías y puestos callejeros de comida, todo lo que se traducía en miles de pequeñas fugas de gas que en cualquier momento podrían magnificarse y desencadenar accidentes mortales, además de provocar grave contaminación del aire.
Aunque algo se ha avanzado luego de aquel reportaje titulado “Con olor a peligro”, la realidad es que mucho de lo que se denunció hace más de 30 años sigue ocurriendo, lo que se atribuye al enorme poder económico de los empresarios gaseros, así como a la ineptitud y corrupción de las autoridades de todos los niveles de gobierno, que continúan sin exigir medidas de seguridad extremas en materia de almacenamiento, reparto y uso de gas, precisamente para evitar las miles de fugas que se presentan todos los años y que envenenan el aire de la megalópolis.
Y si alguien tiene duda de lo anterior, basta que se acerque a cualquier camión repartidor de cilindros de gas o a cualquier pipa abastecedora de este combustible, para que compruebe si se percibe o no el “olor a gas”, que además de ser “olor a peligro”, es también “olor a contaminación” y muchas veces se convierte en “olor a muerte”.
Jorge Castañeda es colaborador especial de ADN Sureste y
Director Editorial de foroambiental.com.mx
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