La Crónica
Oaxaca de Juárez, 9 de diciembre.
Primera parte
BEATRIZ PAGÉS REBOLLAR,
DIRECTORA DE SIEMPRE!:
+El fin justifica los medios
Nicolás Maquiavelo
Como lo escribiste el 16 del pasado noviembre, a México —no al Presidente— se le tendió una trampa tan elaborada que hasta la puesta de la película La dictadura perfecta incluyó, en todas las pantallas del país.
Yo pienso que fueron dos las trampas perfectas de cuya difusión y operación en el país y el extranjero se encargó la estrategia que tú divulgaste. Te hablo de las frases que fueron vanguardia del razonamiento integral de la batalla propagandística:
¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! y, ¡Fue un crimen de Estado!
… Ambas nada curiosa, sino fría y largamente preparadas en espera de la oportunidad, por el Partido Democrático Popular Revolucionario-Ejército Popular Revolucionario, o PDPR-EPR.
La historia consta en manifiestos del PDPR-EPR, al menos desde enero del 2008, cuando Israel Ochoa Lara, abogado de las familias de los eperristas Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez, lanzó la hipótesis de que, lejos de desaparecer o morir, podrían ser liberados por el gobierno de Felipe Calderón.
Amaya y Cruz fueron secuestrados el 24 de mayo del 2007 en la ciudad de Oaxaca, quizás entregados por Flavio Sosa, aun habiendo representado al PDPR-EPR en el movimiento del 2006 contra el gobierno de Ulises Ruiz. El periodista oaxaqueño Juan José Díaz Bermúdez entrevistó a Ochoa Lara. Te reproduzco los párrafos primero y último de esa entrevista del 25 de enero de 2008:
“La denuncia hecha por Israel Ochoa Lara, abogado de las familias de los dos desaparecidos…, en el sentido de que existe una gran posibilidad de que Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez, militantes del Ejército Popular Revolucionario, pudieran haber sido asesinados por sus secuestradores, que en este caso serían policías o militares, según el señalamiento, causó conmoción debido, principalmente, a que existe la esperanza de que sean presentados con vida por el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa.
“… Esa es una de las esperanzas que existen, ya que no se concibe a un Ejército mexicano asesinando ciudadanos, aun cuando éstos se encuentren al margen de la ley, por supuesto que se han presentado casos…, no sería la primera ocasión que suceda, aunque se niega el hecho en un gobierno que, como el de Calderón, asegura ser democrático, transparente y moral. Habría que esperar, ya que los hechos hablarán por sí solos. Vivos o muertos, esa es la exigencia de los familiares, lo que les importa es tener los cuerpos de sus seres queridos con ellos. Vivos sería lo ideal, para la historia, para la democracia y para la paz”.
Lo anterior desechó la idea de recuperarlos muertos y nació el lema ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! que obtuvo su gran triunfo hasta apenas el 19 de julio pasado, cuando el Poder Judicial federal ordenó a todas las dependencias involucradas buscar a Reyes Amaya y Cruz Sánchez incluso en los cuarteles del país. Se había comprobado el poder de la frase cuando ni la Corte Suprema había podido esquivarla…
Debo suponer que durante largo tiempo el PDPR-EPR y otras mentes trabajaron ese lema como arma de propaganda capaz de conducir un gran movimiento nacional, y el momento llegó la noche del 26 de septiembre pasado, con la masacre de Ayotzinapa y el resto de la historia todos la conocemos.
¿Quiénes serían esas otras mentes…?
Por lo pronto, la identificación de Alexander Mora Venancio, el primer estudiante de Ayotzinapa identificado muerto, abre la segunda etapa del movimiento.
Segunda parte
+Un hombre de Estado debe
tener el corazón en la cabeza
Napoleón I
¿Por qué la frase ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!, acuñada por el Partido Democrático Popular Revolucionario-Ejército Popular Revolucionario, o PDPR-EPR, fue una trampa perfecta?
Porque ni el Estado mismo, en cualquier continente que busquemos y si no es totalitario, la puede refutar y mucho menos desobedecer, de manera que cuando apenas a unas horas de confirmarse la desaparición de los 43 de Ayotzinapa la frase obra del PDPR-EPR entró en acción, incluso cruzando las fronteras, el Estado mexicano, su gobierno de la República y su Presidente quedaron atrapados en esa afirmación que nadie respetuoso del derecho y la justicia puede contradecir y se sumaron a ella. Primer gran triunfo para el movimiento que desataron los terribles hechos de Iguala, la noche del 26 de septiembre.
Y si ya las cosas estaban así, nada difícil fue introducir, por complementar de manera natural al primero en la punta de la estrategia, el segundo pilar del concepto propagandístico del movimiento, la frase ¡Fue un crimen de Estado!, la otra parte de la pinza con que había logrado sujetar al gobierno sin encontrar -¿qué tanto se le habrá buscado?- una argumentación legal para explicar que una institución de gobierno puede ser infiltrada por alguna influencia ilegal y hasta criminal, pero lo que jamás puede ser infiltrado es el concepto jurídico que sustenta a esa institución, mientras éste no sea abrogado por la única instancia facultada para ello, que es el Poder Legislativo Federal.
¡Claro que esto último se intentó!, pero con una debilidad inaceptable en un Estado de Derecho; y por el contrario, con el lema no pronunciado pero adoptado como orden de acción: ¡No les daremos ni un muerto más!, las autoridades policiales llevaron esa debilidad a las calles, para liberar a los ruptores profesionales del orden público luego de cometer sus fechorías, acrecentando la percepción general de que el gobierno había quedado atrapado y, por tanto, incapacitado para cumplir con su responsabilidad de preservar el orden público sobre todas las cosas… Y cuando el acto de debilidad se cambió por agresión a cualquier manifestante pacífico, incluidos en numerosos casos niños y ancianos, la única y gran ganancia fue incrementar la inquina contra la autoridad.
…Pero, naturalmente, no cualquier autoridad, sino la más importante del sistema político mexicano, el Presidente de la República.
Sin embargo, siempre hubo una forma de frenar la fuerza de la primera trampa perfecta; fue la ruptura de la ilusión creada, a fuerza de propaganda, de esperar el milagro de recuperar a los hijos vivos:
Que se documentara la identidad de un primero, un solo estudiante de los 43 asesinados, para reacomodar los engranes del procedimiento penal e iniciar el primer proceso contra los presuntos culpables que se encuentran ya, por fortuna, detenidos y confesos en su mayoría. Vendrán las siguientes identificaciones y deseemos que ocurra en los 42 casos faltantes, pero a partir del comunicado hecho por el procurador general Murillo Karam el domingo último, la iniciativa sobre el tablero pasó al lado de la autoridad penal federal.
¿También cambiará la iniciativa en el campo de las reivindicaciones que proceda hacer?

