Oaxaca de Juárez, 2 de diciembre. Han pasado más de tres años desde que Gabriel le suplicó a Vanessa del Pozo que retirara la denuncia por acoso, o de lo contrario lo “correrían” de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Eran las vacaciones de Semana Santa de 2015, Vanessa realizaba sus prácticas de tesis en el Instituto de Fisiología Celular, ubicado en Ciudad Universitaria. Quería avanzar en sus experimentos de neurociencia, pero uno de los microscopios falló, así que llamó al técnico responsable.

MORELIA, MICHOACÁN, 29NOVIEMBRE2019.- Universitarias, e integrantes de colectivas feministas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) participaron en el performance denominado “Un violador en tu camino”, propuesta de la colectiva chilena Lastesis con motivo del Día Internacional de Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Las jóvenes se dieron cita en la explanada de la rectoría de la máxima casa de estudios para pasar lista de las compañeras estudiantes de la UNAM que han sido asesinadas a manos de la violencia machista.
FOTO: GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM
Recordó que el empleado llegó supuestamente para arreglarlo, estaban “en un cuarto oscuro, sin ventanas, sin la posibilidad de recibir ayuda inmediata (pues cuatro puertas la separan de la salida). Fue ahí cuando él decidió tomar ventaja de su posición: forcejeando me puso en una esquina, intentó besarme y otras cosas. Le grité ‘¿qué haces?’ y salí corriendo”, narró la alumna de 30 años.
- El dato. En protesta por las agresiones, las alumnas han pegado carteles con los rostros de los atacantes en escuelas y facultades de la UNAM, para evidenciarlos.
La también maestra en neurociencias relató que le tomó días procesar lo ocurrido en Ciudad Universitaria. Llegó a sentir culpa y pensó que no le creerían, y pese a ello denunció.
Al comprobarse el acoso sexual, la UNAM le rescindió el contrato a Gabriel y el caso llegó a una denuncia penal. El hombre suplicó a Vanessa desistir, pero ella se negó. “Esto es consecuencia de tus actos, no míos. Yo no estoy cargando con ninguna responsabilidad, no es mi culpa”, recuerda que le respondió.
Muchas denuncias se resuelven al interior de la universidad, pero de 2011 a la fecha sólo hay cuatro sentencias condenatorias por estos hechos en la UNAM, de acuerdo con datos obtenidos por La Razón vía Ley de Transparencia.
Se trata de un chofer y un catedrático, por violación equiparada, así como otro conductor y un trabajador, por abuso sexual, según información de la Dirección de Estadística de la Presidencia del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México (TSJCDMX).
Puede que haya más sentenciados, pero sin registros de su empleo; sin embargo, las cuatro sentencias reflejan la realidad en México, donde estimaciones de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) refieren que 98 por ciento de estos delitos quedan impunes.




De 2016 a junio de 2019, suman 921 denuncias por casos similares contra 804 presuntos agresores –tanto empleados como alumnos—, reveló la oficina de la Abogacía General de la UNAM; hechos por los que aplicó exhortos y amonestaciones, pero las sanciones más fuertes por violencia de género son: la expulsión de 17 estudiantes, la suspensión de 68 alumnos y le rescisión de contrato a 73 trabajadores, según los reportes del Protocolo para la Atención de Casos de Violencia de Género.

Sin condiciones para la denuncia
Vanessa recordó que fue respaldada por el Instituto de Fisiología, pero esto no ocurre en toda la universidad.
Muchas estudiantes no denuncian porque no hay condiciones. Las oficinas jurídicas de las facultades no están especializadas; hecho por el que las víctimas viven un infierno, no sólo de revictimización, sino porque se enfrentan a funcionarios que protegen a los agresores o ponen en riesgo su carrera académica, explica la doctora Ana Buquet, directora del Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM.
“No quiere decir que no haya un intento de la universidad por capacitar a las abogadas y abogados; sí se ha hecho desde la abogacía, pero sin duda no ha sido suficiente. Atender el tema de la violencia de género requiere de personal altamente capacitado”, insistió.
Vanessa no es la única víctima; otras estudiantes y egresadas narraron a La Razón la violencia que han padecido.
Fernanda, de la Facultad de Filosofía, señaló que durante años sufrió acoso y violencia por parte de su exnovio: “llegué con el abogado de la carrera y me dijo que había tenido un caso similar, pero lo más que podían hacer era mediar para que no se volviera repetir”.
Karen aseveró que no quiso denunciar porque sintió miedo y vergüenza. “Era el típico maestro buena onda; sentí que no iba a tener apoyo cuando estuviera ante el Tribunal Universitario”, refirió.

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