La Razón
Oaxaca de Juárez, 22 de julio. Yael y Jonathan cargan, cada uno, su silla y se apresuran a dejarla en el otro extremo de la calle principal en Guadalupe Yateé, municipio de Putla, Oaxaca. Eso, dicen, es “normal” aquí, donde no hay salones: la secundaria la improvisan en casas particulares con electricidad que les prestan a través de un cable escarapelado. A esta comunidad, donde ir a la escuela es un reto, el líder de la sección 22 de la CNTE, Rubén Núñez, está adscrito y cobra 100 mil pesos mensuales.
Localizada al poniente del estado, a seis horas —hasta ocho cuando llueve— en camioneta desde la capital, Putla Villa de Guerrero es una comunidad mixteca que ronda los límites con Guerrero. Se llega a ella por carreteras que, debido al desgaste y los baches, en cientos de tramos se reduce a un solo carril.
“Aquí nos falta todo”, cuenta Yael Eduardo, un estudiante de una improvisada secundaria de la comunidad, sin nombre oficial y que, al igual que media docena de escuelas más de la región, carece de luz, laboratorios, espacios para hacer deporte, computadoras…
El salón de primer grado mide apenas 2.5 por 2.5 metros y le caben unos 15 pupitres. Cuelga de una de sus paredes improvisadas un mapa roto del sistema solar, un pizarrón, y, en un estante hay libros viejos mal acomodados y un viejo televisor de 22 pulgadas. Lo separa de la “dirección” un muro falso hecho con tablas.
Las “aulas” de segundo y de tercer grado están a dos cuadras de distancia, en un cuarto construido al pie del cerro. “También nos prestan casas para estudiar, nos faltan terrenos para armar una escuela”, agrega Jonathan Antonio, otro estudiante.
Las carencias de esta escuela contrastan, sin embargo, con las capacidades económicas de la nómina de una escuela que se ubica a sólo cinco calles de aquí: la Normal Experimental Lázaro Cárdenas, en la que cobra su sueldo el líder de la sección 22 de Oaxaca.
Lo primero que puede verse en su frente es un camión pintarrajeado, con huellas de abandono. Atrás hay un conjunto de salones donde hay presencia de un grupo de personas que mira con recelo a quien quiere pasar.
Núñez Ginéz tiene aquí dos plazas: la 20AGS00011D y la 20DNP0015Q, que le dejaron en el primer trimestre de este año 300 mil 494 pesos, de acuerdo con la nómina que publica la SEP en su página web.
Este dirigente, apenas el pasado 8 de julio afirmó, aunque sin mostrar documentos, que sólo gana 13 mil pesos quincenales y que en todo caso su salario se justifica porque hace trabajo político.
En entrevista, el director de la Normal, Enrique Areli Chávez López, se negó a responder quién sustituye en el plantel al dirigente de la sección 22 de la Coordinadora, ya que, sostuvo, toda la información se debe pedir al sindicato.
En el recorrido realizado por La Razón, en contraste con el viejo autobús, en el estacionamiento para profesores, el jueves estaban estacionados tres vehículos de reciente modelo: uno marca Honda, una Ford Ranger y una camioneta Nissan X Trail.
En las escuelas visitadas, ningún alumno recuerda haber tomado alguna vez clases con el maestro Rubén Núñez, ni lo recuerda por su bigote ralo, ni los chalecos que suele usar.
Este profesor apenas la semana antepasada apareció en una fotografía tomada en un vuelo de Oaxaca al Distrito Federal, cuando se dirigía a encabezar una protesta contra la reforma educativa que obliga al magisterio a someterse a una evaluación para obtener ascensos o mejoras.
Los muchachos de la secundaria sin nombre sólo lamentan no tener algunas facilidades que otras escuelas sí tienen, aunque se las ingenian para mantener sus estudios. “A veces le pedimos a la vecina que nos pase luz. Nos da un cable y al final nos cooperamos para pagarle lo que sea, lo que se junte, como unos 30 pesos”, dice Alitzel Cardina.
Esmeralda Jiménez recuerda que en algún momento llegaron a tener clases de computación, pero luego fueron canceladas por falta de equipo. Si el mismo monto que se destina para cubrir el sueldo del líder de la CNTE se destinara a computadoras, se podrían equipar hasta 20 computadoras por mes.
De acuerdo con la organización Mexicanos Primero, como Rubén Núñez, hay 613 maestros en la sección 22 que no acuden a trabajar en los planteles donde cobran, y otros 298 profesores están comisionados a otras tareas, por lo que tampoco acuden a dar clases.
También hay 900 más en nómina a quienes se les cubre un sueldo de manera puntual incluidos jubilados e incluso fallecidos.
Con ganas resuelven. De acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), Putla cuenta con 79 comunidades, de las cuales 77 por ciento están catalogadas con un grado de alta o muy alta de marginación.
La secundaria conocida como Campo de Aviación no escapa tampoco a esa realidad. Sólo cuenta con tres salones con techo, uno de ellos es la dirección y otro es bodega, antes era para sala de computadoras, pero se las robaron hace unos meses.
Dos tienen techo de lámina, pero les faltan ventanas y las bardas a media altura lucen como en obra negra, sin aplanado. Es un espacio de dos por cuatro metros con un pizarrón al frente, y con sólo una pared hecha también con tablas.
En la entrada principal hay una pila de ladrillos. “Nos los dio nuestra madrina de generación hace un año pero no hemos encontrado cómo usarlos, no hay recursos”, dice Jazmín Herrera, trabajadora de la escuela. En otro salón, un grupo de cinco estudiantes practica con dos guitarras un número para la ceremonia de clausura del ciclo escolar. Ellos cuentan que a pesar de las carencias, lo que más quieren es seguridad para que ya no les roben “las compus”, dice Antonio Sánchez.
“Tenemos que ir a clases a un cíber (café), ahí hacemos las tareas porque aquí no hay”, detalla Guadalupe López, quien también comenta que no todos alcanzan pupitres y que ellos mismos se encargan de repararlos y subraya que, además, “a veces no hay marcadores ni libros, los tenemos que compartir”, agregó.
En la dirección los maestros están en junta. Ahí comentan que han tenido que enseñar con experimentos caseros. “Buscamos la forma de sacar el trabajo, no vamos a parar, tenemos el conocimiento para hacer las cosas. No hay más carencias porque no está más grande el espacio, pero las mismas autoridades no nos han apoyado”, cuenta Israel Rojas, profesor de la escuela.
Asegura que ya mandaron solicitudes de infraestructura al Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), el cual hasta ayer estaba controlado por la misma Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), sin embargo nunca les dieron respuesta.
“La escuela no es sólo el edificio. Aquí las escuelas no se parecen a las de la televisión, son muy diferentes”, apunta el maestro. Sostiene también, resignado, que aprender depende de las ganas que tengan los estudiantes. Esas sí, se pudo corroborar, sobran.


