Jorge Castañeda
Oaxaca de Juárez, 07 de mayo.-Luego de que por tres días consecutivos se implementó la Fase 1 del Programa de Contingencias Ambientales en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, quedó demostrado que el endurecimiento del programa Hoy no Circula y la implementación del doble Hoy no Circula, son medidas que no han funcionado para bajar la contaminación, sencillamente porque los vehículos particulares son los menos responsables de la polución.
Según estudios del doctor Ricardo Torres Jardón, del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a cuyas conclusiones finales foroambiental.com.mx
Mas aún, de acuerdo a Kate Blumberg, del Consejo Internacional de Transporte Limpio, el 98 por ciento de las emisiones contaminantes del parque vehicular las genera el transporte de carga, el cual llega a generar “hasta mil veces las emisiones de un automóvil”.
La especialista ha divulgado diversos estudios que demuestran que en nuestro país los camiones pesados que circulan tienen entre 22 y 30 años de antigüedad, por lo que son extremadamente contaminantes, además de emitir el tipo de contaminación más peligrosa para la salud.
Manifestó que es absurdo que en México se permita circular a este tipo de vehículos y recordó que el estudio “Costo de las tecnologías de reducción de emisiones en vehículos pesados a diésel” indica que las tecnologías vehiculares (Euro 6 y UF 2010) reducen hasta en 95 por ciento las emisiones de los vehículos pesados, tanto de partículas suspendidas como de óxidos de nitrógeno, que son los que por acción de la radiación solar producen el ozono.
Las emisiones industriales son las que más contaminan
Pero más contaminantes que los vehículos de carga y mercancías, así como los del transporte público, son las emisiones industriales.
De acuerdo con información divulgada por la titular de la Secretaría de Medio Ambiente de la Ciudad de México, Tanya Müller, la capital del país es contaminada diariamente por 70 mil industrias, entre ellas tres termoeléctricas y la refinería de Petróleos Mexicanos (PEMEX) de Tula, Hidalgo.
En ese sentido, aseguró que se tienen ubicados al menos tres núcleos industriales que deberían ser verificados e inspeccionados a fondo en Xalostoc, Tlaneplantla y Naucalpan, porque generan una elevada contaminación del aire que finalmente termina afectando a toda la ciudad.
Puntualizó que estos núcleos o centros manufactureros tienen el mayor nivel de emisiones, y si a eso se le suman los vectores de viento que hay a lo largo del año, que van de norte a sur, se entiende por qué representan una fuente de contaminación atmosférica muy relevante para la capital del país.
En su oportunidad, la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) confirmó que la falta de actualización y omisión de normas ambientales en las pasadas administraciones federales, han propiciado las recientes contingencias ambientales.
El titular del organismo, Martín Gutiérrez Lacayo, citó el caso de la norma para la recuperación de vapores en gasolinerías y
gaseras que ya existía y se derogó en 2006, así como la desactualización de 20 años de la norma sobre la calidad de los combustibles y de motores a diésel.
Recordó que el ozono es un contaminante secundario, no se libera de forma directa a la atmósfera, requiere del equilibrio de dos precursores: los óxidos de nitrógeno y los compuestos orgánicos volátiles, como hidrocarburos, aerosoles y otro tipo de elementos, sobre todo los usados en la industria.
Lo curioso es que ambos funcionarios aceptan la relevancia de la contaminación generada por procesos industriales, pero las medidas que se implementan, en la práctica, ponen el acento en los vehículos particulares, lo que está científicamente demostrado que no ha funcionado para disminuir la polución e incluso ha contribuido a incrementarla, sobre todo porque no han existido, ni ahora se aplican, medidas estrictas para todas las demás fuentes emisoras.
Consumo y fugas de gas importante fuente de contaminación que ha sido desdeñada
A la contaminación industrial hay que añadir las cientos de miles de pequeñas o grandes fugas de gas licuado de petróleo (LP) que se registran a diario en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, ya sea en cilindros o conexiones, tanques estacionarios o en el almacenamiento y reparto de este combustible, las cuales son una importante fuente de contaminación del aire, particularmente en cuanto a la emisión de precursores de ozono.
Esta polución atmosférica ha sido totalmente descuidada por parte de las autoridades capitalinas, así como por las de la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe), a pesar de que existen estudios que demuestran que ha venido aumentando de manera significativa en las últimas décadas.
Según datos revelados por la Dirección General de Gestión de la Calidad del Aire, de la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México, a los cuales foroambiental.com.mx tu
La dependencia asegura que tan sólo por el consumo de gas se emiten unas 315 mil toneladas de contaminantes al año en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, pero si a esto agregamos la pequeñas fugas del energético, la cifra podría superar las 500 mil toneladas anuales, según estiman investigadores independientes.
A este tipo de contaminación, que la dependencia denomina la proveniente de “fuentes diarias”, la considera “muy relevante, ya que aunque son pequeñas, por su número se vuelven significativas” en términos de la emisión de precursores de ozono.
Refiere que según reportes de emergencias del Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México, al año se atienden en promedio más de siete mil fugas de gas, de las cuales la mayoría tienen lugar en unidades habitacionales y vecindades de la urbe.
La misma fuente añade que “se tendría que trabajar en programas para prevenir las fugas de gas, pero también en otros para lograr el uso de calentadores solares; esto tendría la ventaja de reducir el consumo de energéticos y a la larga representa para las familias un ahorro significativo”.
Miles de pequeñas fugas de gas no son reportadas
La situación se complica aún más, debido a que muchas pequeñas fugas de gas no se reportan hasta que se vuelven significativas, es decir, cuando el olor se percibe fácilmente, es muy penetrante o la fuga ha causado ya algún flamazo o incluso una explosión.
Sin embargo, basta con acercarse a los cilindros que existen en casas, edificios o unidades habitacionales, así como en tanques estacionarios, muchos de ellos en pésimas condiciones, para poder percibir el clásico “olor a gas”, que en realidad es una sustancia llamada Etyl Mercaptano, que se le agrega al energético justo para advertirnos sobre una fuga, ya que tanto el gas LP y el natural son inodoros.
Adicionalmente, hay que mencionar que en todas las gaseras, así como en los camiones o pipas repartidoras, siempre podremos percibir el “olor a gas”, precisamente porque existen pequeñas fugas de este energético, lo que emite una enorme cantidad de precursores de ozono todos los días, a todo lo largo y ancho de la megalópolis.
Y si a esto agregamos que en muchos de los cientos de miles de puestos de comida y fritangas que existen en la capital del país y su zona conurbada también existen pequeñas fugas de gas, entenderemos la magnitud de este problema de contaminación atmosférica, sobre todo cuando en esos puestos callejeros la inmensa mayoría de las veces se utilizan mangueras improvisadas para la conexión de los cilindros.
Por todo ello, resulta absurdo que autoridades de los tres niveles de gobierno no implementen una estrategia integral para prevenir las fugas de gas, no sólo por la gigantesca emisión de precursores de ozono, sino por el grave riesgo de accidentes, muchos de ellos fatales, que este combustible puede causar.
En síntesis, si realmente se quiere combatir a fondo el problema de la grave contaminación del aire en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, es preciso atacar las fuentes más importantes, que generan en conjunto el 70 por ciento de la polución, y que son, en orden de importancia, las emisiones industriales, el consumo y fugas de gas, los vehículos de carga y el transporte público.
A esto hay que agregar la falta de movilidad, por el gigantesco parque vehicular; el nuevo reglamento de Tránsito de la Ciudad de México, que ya demostraron estudios del Instituto Politécnico Nacional que ha contribuido a la contaminación agregando 80 mil kilogramos de dióxido de carbono diariamente; los cientos de miles de topes y baches, y las marchas, que aún en plena contingencia ambiental se siguieron permitiendo.
Si los funcionarios federales y los de las entidades que conforman la megalópolis no entienden todo lo anterior, que se ha denunciado hasta el cansancio por verdaderos especialistas desde la década de los 90 del siglo pasado, es que son tan estúpidos que no se ponen a pensar que tanto ellos, como sus hijos y familiares, también están respirando el aire envenenado de la capital del país, y que de acuerdo a estudios científicos, mata por lo menos a 22 mil personas cada año, y disminuye la expectativa de vida de los capitalinos hasta en 15 años.
Jorge Castañeda es colaborador especial de ADN Sureste y
Director Editorial de foroambiental.com.mx
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