Oaxaca de Juárez, 23 de abril. Alternativa * Son toxinas identificadas por los investigadores Alejandra Bravo y Mario Soberón que son capaces de matar a las larvas de ese mosquito. Este desarrollo biotecnológico ya fue patentado y actualmente tramita los registros y permisos para comenzar a ser comercializado.
Dichas toxinas son producidas por dos cepas diferentes de la bacteria llamada Bacillus thuringiensis y pueden ser llevadas hasta los cuerpos de agua estancada donde se reproduce el mosquito y colocadas en forma de pellets, que son pequeñas “croquetas” o cilindros de biomasa que no se disuelven, son atractivas para las larvas y pueden ser retiradas con facilidad sin afectar a la salud humana.
El desarrollo biotecnológico ya fue patentado y actualmente tramita los registros y permisos para comenzar a ser comercializado.
En entrevista exclusiva con Crónica, el doctor Mario Soberón explicó que Bacillus thuringiensis es una bacteria que produce una diversidad muy grande de toxinas insecticidas y cada cepa se caracteriza por producir un número limitado de ciertas toxinas, lo que permite colonizar ciertos insectos. Entonces, desde 1991, la doctora Alejandra Bravo comenzó a hacer una colección de cepas de Bacillus thuringiensis presentes en suelos mexicanos y las caracterizó desde el punto de vista del contenido de los genes y las proteínas insecticidas. Entre éstas ubicaron varias cepas que eran tóxicas específicamente para Aedes aegypti.
“Las dos cepas que la patente protege tienen un contenido de genes muy diferentes entre ellas y por lo tanto producen también toxinas diferentes. Esto le da una característica que hace más difícil que el mosquito desarrolle resistencia a una sola de ellas. Por la diversidad de toxinas que tienen estas cepas se prevé que la generación de resistencia sea poco probable”, indicó el doctor Soberón.
“En realidad la formulación se puede hacer con una o las dos cepas. Las dos son efectivas y controlan a las larvas del mosquito: una mata más rápido y otra perdura más en el tiempo. La patente protege a las dos y a otros componentes que se unen y que hacen atractivo este producto para las larvas”, indicó el biotecnólogo mexicano.
El Instituto de Biotecnología, de la UNAM, con sede en Cuernavaca, Morelos, es uno de los motores de innovación en la universidad pública más grande de México. Hasta la fecha ha inscrito 200 solicitudes de patentes nacionales e internacionales y le han sido otorgadas 90 patentes.
El producto que sirve para atacar a los mosquitos transmisores de enfermedades se produce en forma de pellets que son pequeños gránulos alargados, los cuales contienen esporas y cristales de la bacteria. Además contienen un atrayente. Al colocarse en los cuerpos de agua, como piletas donde la gente acumula el líquido para consumo, sobre todo en lugares rurales, las larvas del insecto comen de las “mini croquetas” y mueren.
Estos pellets o pequeñas “croquetas” no se disuelven en el agua y no la contaminan; para el consumo, sólo se hacen a un lado y pueden permanecer varios días.
“Esta bacteria Bacillus thuringiensis ha sido investigada desde hace muchos años, en particular hay una cepa contra mosquitos que se conoció en Israel hace más de 40 años, pero es diferente a la que encontramos en México. Una de sus características es que forman un cristal proteico que las larvas deben ingerir y después de que es ingerido libera las toxinas y estas actúan sobre el epitelio intestinal; se adhieren al intestino, forman un poro y matan a las larvas. Funcionan contra las larvas, no son útiles contra el mosquito adulto”, detalló el doctor Mario Soberón.
CIENCIA Y TRANSFERENCIA. Para que esta innovación biotecnológica llegue al mercado se ha realizado un esfuerzo adicional de patentamiento y transferencia tecnológica que es diferente al trabajo de laboratorio. Este es un ejemplo de la idea que busca estimular la última reforma a la Ley de Ciencia y Tecnología que invita a los investigadores a formar empresas o transferir sus conocimientos a empresas de base tecnológica.
En el caso de los pellets para la eliminación del mosquito Aedes aegypti la patente se licenció a una empresa creada específicamente para producir esta formulación, donde dos de los socios son los mismos académicos que lograron la invención. La empresa spin off o empresa derivada del Instituto de Biotecnología de la UNAM lleva por nombre Corporación Mexicana de Transferencia de Biotecnología.
“Nosotros trabajamos en el Instituto de Biotecnología de la UNAM y una de las misiones del Instituto es justamente el efecto de aplicación, no solamente generar conocimiento básico sino aplicar los conocimientos y resolver problemas. En ese marco, puedo decir que en nuestro laboratorio nos pareció que estas proteínas insecticidas son muy interesantes desde el punto de vista ambiental porque no matan a otros insectos, solamente a la larva que nos interesa controlar”, explicó telefónicamente desde Cuernavaca el doctor Soberón.
“A lo largo de 20 años de estar trabajando con estas proteínas y de hacer investigación básica para entender cómo estas toxinas matan a los insectos, la doctora Bravo y yo hemos tenido algunas aportaciones que vislumbran algunos tipos de aplicaciones. En particular siempre estuvimos motivados en poder comprender más al mosquito y poder ayudar a controlar la propagación de enfermedades como el dengue que es un problema grande en México y esto se vuelve ahora más importante con el zika. Esto nos motivó a desarrollar productos que le den al país más herramientas para combatir estos problemas. Sabemos que no hay una herramienta única, pero poder contribuir a resolver un problema de salud tan importante fue una motivación que compartíamos la doctora Bravo y yo, y que afortunadamente nos ayudó a llegar hasta este punto”, añadió

