Oaxaca de Juárez, 18 de diciembre. La década de los noventa fue decisiva para la evolución del denominado Derecho Internacional. La instauración de mecanismos que pudieran hacer frente a males como las limpiezas étnicas, el genocidio y el hambre fue la gran esperanza que marcaría a toda una generación. La década antes mencionada, no fue para nada un derroche de paz a nivel internacional. Es más, los conflictos más cruentos de la historia contemporánea se gestaron precisamente en los años noventa. Una generación que se jacta de cuestionar y exigir pero que fue incapaz de poner fin a tragedias como Bosnia o Ruanda.
Necesaria es la comparación entre esta generación y la de la contracultura que salió a protestar contra una guerra incongruente como lo fue Vietnam. Lo cierto es que la comunidad internacional, en su conjunto, fue una de las grandes culpables de los 800 mil muertos de Ruanda y de los cerca de 100 mil muertos de Bosnia.
Así pues, comienza una nueva época donde se pretendía hacer del Derecho Internacional un mecanismo menos ambiguo para la solución de conflictos y liberar a la humanidad de la impunidad que imperaba en esos días. Se creó la Corte Penal en el año 98, también se promovieron doctrinas como la injerencia humanitaria y se fomentaron mecanismos reales de ayuda a la población civil afectada por un conflicto armado. Se retomaron también los famosos tribunales ad hoc que buscaban funcionar como una institución de repartición de justicia a nivel internacional.
Luego de la penosa actuación de Naciones Unidas en los casos antes mencionados se intentó fundar foros donde se compaginaran muchos sistemas jurídicos alrededor del mundo con la intención de otorgar cierta universalidad a los valores éticos más esenciales. Hoy en día, tras una guerra de casi seis años, miles de desplazados y un conflicto que sigue sin divisar un fin, Siria pone a prueba toda esta maquinaria dando como resultado un “insuficiente”.
La llegada del internet, el uso cada vez más frecuente de las redes sociales habían profetizado nuevos mecanismos de acción. Es decir, ya no necesitamos de las grandes cadenas internacionales para conocer el asedió que vivió Alepo durante estos días, ya sólo necesitábamos prender un teléfono inteligente y aun así seguimos sin poder hacer nada.
Lamentablemente para el sistema internacional, para las minorías y para las personas en zona de guerra todavía estamos a mucho de poder evitar una emergencia humanitaria a gran escala. No hay maquinaria que puedo contra la ambición y los intereses de los poderosos porque aún hoy siguen existiendo decisiones que pasan por encima de la humanidad y de la ética. Caemos en la penosa realidad de que nuestros líderes a nivel internacional han sido incapaces de detener miles de tragedias, pero las nuevas generaciones hemos sido incapaces de exigir rendición de cuentas, exigir paz y mecanismos efectivos que procuren la integridad de miles que nada tienen que ver con los intereses de Rusia o de Estados Unidos.
Es necesario poner en una balanza la efectividad y realidad de los principios de autodeterminación y de no intervención pues quien sabe, probablemente si Rusia no hubiera entrado a Siria el conflicto ya estaría por terminar. La historia es clara, los patrones se siguen, una guerra con tantos frentes es imposible detenerla sin diálogo. Las hostilidades generan más violencia, el armamento de unos genera más armamento por parte del otro bando haciendo del conflicto algo interminable.
Es pues necesario un baño de realidad, no somos la generación que pensábamos iba a terminar los conflictos con un clic, nos hemos encerrado en mundos inexistentes haciendo oídos sordos a un mundo que sigue sufriendo la embestida del odio y del conflicto. Nadie más que nosotros puede hacer del Derecho Internacional un ente efectivo que con el tiempo pueda procurar inclusive una ciudadanía global que no sólo traiga los privilegios de conocer otras culturas sino de generar instituciones que puedan ser entes imputables, sujetos a derecho y que hagan de la labor de mantener la paz internacional una tarea más llevadera.
