Oaxaca de Juárez, 3 de septiembre. En silencio y con un semblante tranquilo, Josefina Ramos y Abraham Méndez esperaban, en la sala del crematorio, la llamada del personal de la funeraria para entregarles las cenizas de su perrita schnauzer llamada Luna, uno de los tres mil 500 animales que son incinerados anualmente en la empresa Funeral Pet, pionera en este rubro, pues opera desde hace 18 años.
Y aunque este servicio parece novedoso debido a que empezó a cobrar fama en los últimos cinco años, ya operaba desde 1998. En ese entonces, sólo 100 mascotas entraron al crematorio, pero en 2015 la cifra creció 35 por ciento, explicó el director de Funeral Pet, Alejandro García.
Las familias se empezaron a interesar en el destino final de sus mascotas porque “antes el veterinario hacía todo el proceso y no se sabía a donde iban a parar los restos del perro”, dijo el director de la funeraria de mascotas.
Pero con la incineración los dueños saben exactamente a dónde van los restos del animal, ya que desde el momento que la carroza traslada el cuerpo a la funeraria, los familiares saben el paradero de su mascota, pues las empresas etiqueta la funda en la que se desplaza el cadáver. Una vez que llegan al lugar, los veterinarios que ahí laboran alistan el cuerpo para meterlo a la cámara crematoria.
En la sala de despedida el cuerpo es colocado en una camilla para que sus familiares se despidan de él. Detrás de la sala hay un vidrio en el que a través de él las personas pueden observar el momento en el que su perro o gato entra al horno, lo que le garantiza a los dueños que se trata del animal que les regaló sonrisas durante el tiempo que estuvo vivo.
Después la familia pasa a otra sala donde espera que salgan las cenizas, que tardan aproximadamente entre 45 minutos y dos horas y media de acuerdo con el tamaño de la mascota. Asimismo los costos varían también por el tamaño y van de dos mil a tres mil pesos cuando se trata de una cremación individual y la comunitaria el precio alcanza hasta los mil 700.
Una vez que los restos salen de la cabina, los familiares pueden presenciar el momento y observar cuando éstos son colocados dentro de la urna y que les es entregada. “Cremar a Luna es una ayuda para sentirnos menos lastimados”, dijo Josefina Ramos, la dueña de la perrita al recibir los restos y quien además planea llevar las cenizas al panteón y enterrarlas junto a la tumba su madre.
Por otra parte, hay quienes prefieren realizar una ceremonial de despedida como la que ofrece la empresa Pets Memorial, ubicada en el Estado de México. “Existe liberación de mariposas o de globos y lo hacemos con el objetivo de ayudar a la familia en el proceso de duelo y que se quede con un mayor consuelo”, explicó Montserrat Berriel, directora y fundadora de esa funeraria.
Además, Berriel alertó a los dueños de las mascotas para que no se dejen engañar por funerarias pirata: “Existen empresas que no hacen la cremación como te lo prometen y en el peor de los casos ni siquiera la hacen”, dijo.
Sin embargo, la directora de Pets Memorial da estas recomendaciones para evitar ser víctima de un fraude: Investigar si la empresa tiene instalaciones propias; debe permitir a acceder a su inmueble y visualizar el proceso para cerciorarse de que se trata de la mascota y que le estén dando un buen trato.
En la Ciudad de México existen cuatro crematorios para mascotas y se trata de Funeral Pet, Animal Rest, Remember Pets y Pets Memorial quienes se encargan de despedir a los amigos incondicionales de los humanos.
Con información de: La Razón
