Por: Jorge Castañeda
Oaxaca de Juárez, Oax., 13 de marzo. Cultivar vegetales en casa es un proyecto que llama la atención de millones de personas, pero cuando se dispone de muy poco espacio, como podría ser sólo un pequeño balcón en algún edificio de departamentos, suele pensarse que es imposible.
Afortunadamente, aún en pequeños sitios, foroambiental.com.mx
Hay que destacar que la horticultura urbana está ganando cada año más popularidad, y la razón no es otra que la gran oportunidad que nos brinda para plantar nuestros propios vegetales en lugares reducidos, como un balcón o terraza.
Eso sí, es fundamental que ese espacio cuente con al menos un par de horas diarias de sol, un requisito esencial para que se logren los cultivos.
A partir de ahí, bastará con dedicación y paciencia para poder salir al balcón a cortar un jitomate, una cebolla o un pepino, lo que francamente a muchos nos encantaría.
Tierra y abono
Antes de elegir el espacio o las macetas, es importante que tengamos claro si vamos a hacer composta, es decir, abono a partir de desechos orgánicos domésticos.
Por lo tanto, si nos decidimos por hacer dicha composta, tendremos que conseguir una pila de compostaje o prepararla nosotros mismos acondicionando un contenedor que nos pueda servir.
Una vez que tengamos este recipiente, podremos comenzar con la elaboración del compostaje, un proceso de transformación de la materia orgánica, que nos proporcionará abono natural.
Para ello, iremos añadiendo los restos de comida, especialmente verduras, y mientras vayamos obteniendo el abono, podremos ir avanzando en otros aspectos.
Si no queremos hacer nuestro propio abono, entonces habremos de adquirir la tierra con el sustrato orgánico y el proceso, lógicamente, será más rápido, pero también menos ecológico como si hacemos nuestra composta.
No olvidemos que además de alimentar a las plantas con restos orgánicos fermentados, es decir, del mismo modo que ocurre en la naturaleza, estamos reduciendo nuestra huella de carbono.
Elegir el sitio adecuado
Ahora es preciso elegir el espacio que deseamos destinar a los cultivos. Con un metro cuadrado bastará para comenzar nuestro proyecto, aunque cuanto más espacio tengamos será mejor para poder determinar dónde colocar uno u otro tipo de cultivos en función de la iluminación.
Y es que la luz es fundamental, y de ella dependerá en gran medida el resultado que obtengamos. Estudiemos qué queremos plantar y qué tipo de luz necesita, si sol directo, luz difusa, cuántas horas hay de sol y de sombra, etc.

Además, hay que tener en cuenta que las plantas necesitan tanto el sol como la sombra.
Por un lado, necesitan que les dé la luz directa para así poder crecer. Sin embargo, demasiado sol tampoco es bueno, pues las plantas precisan retener un mínimo de agua. En muchas ocasiones el sol quema sus hojas, por lo que si no podemos evitarlo, crear un pequeño tejado para lograr una zona de sombra va a ayudarnos a conseguir ese equilibrio tan necesario.
Como regla general, tengamos en cuenta que la hoja es de más rápido crecimiento que un árbol frutal o que frutos como jitomates o pepinos. Del mismo modo, si tenemos poca luminosidad, bien porque no llega el sol directo o porque queremos hacer un pequeño jardín vertical en interiores (es típico hacerlo en la cocina), las plantas aromáticas pueden ser idóneas.
Por ello, no debemos renunciar a un jardín vegetal si contamos con una iluminación mínima. Eso sí, hay que reconocer que si la luz es abundante y directa, podremos hacer grandes planes, desde elegir entre una amplia variedad de cultivos, ya sea jitomates, lechugas, brócoli, o incluso plantar pequeños árboles frutales.
Elegir las macetas
Una vez que hayamos decidido qué tipo de cultivo vamos a tener, siempre dependiendo de la luz, clima y preferencias personales, en función del espacio y de la decoración que deseemos, habrá llegado el momento de elegir los contenedores. Pueden ser desde macetas de todo tipo y tamaño, hasta jardines verticales.
Los diseños y formas son muy distintos, por lo que simplemente habremos de dejarnos llevar por nuestros gustos, excepto si la planta precisa de un determinado tipo de contenedor, de una profundidad concreta o dimensiones por su tamaño o manera de crecer.
En general, respetemos un mínimo de 15 ó 20 centímetros de altura y asegurémonos de que tiene un buen drenaje.
Siembra o trasplante
Ya tenemos la tierra y abono, las macetas, el espacio que vamos a destinar a nuestro huerto
orgánico y ahora toca conseguir semillas o plántulas en ambos casos orgánicos. Si no nos atrevemos a plantar semillas, empecemos con las plantas germinadas o hagámoslas germinar nosotros en semilleros, para finalmente hacer el trasplante al lugar definitivo.
Una vez plantadas las semillas, tendremos que cuidar su crecimiento para esperar, al cabo de unos tres meses, nuestra primera cosecha.
Conforme vayamos recogiendo cosechas o haya que reponer las plantas de ciclo anual, deberemos ir plantando nuevas semillas o plantitas, sin olvidar renovar también el sustrato.
Riego
Finalmente, el riego es de suma importancia, y éste ha de adaptarse al clima y al tipo de planta, por lo que en este sentido será fundamental documentarnos mínimamente sobre los requerimientos de nuestro cultivo, el cual siempre debe contar con humedad.
Cabe destacar que los especialistas aconsejan que a la hora de regar, no debemos mojar abundantemente las hojas para evitar que se quemen, lo aconsejable es dejar que caiga el agua en forma de fina lluvia, y esto debe hacerse sin que existan los rayos solares, es decir, muy temprano en la mañana o por las noches.
Los resultados, si somos pacientes y cuidadosos con nuestros cultivos, serán sensacionales, ya que no hay nada mejor que consumir vegetales o frutas sembradas y cultivadas por nosotros, ya que estaremos seguros de que están libres de químicos o plaguicidas y tendrán un sabor único.
Jorge Castañeda es colaborador especial de ADN Sureste y
Director Editorial de foroambiental.com.mx
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