Oaxaca de Juárez, 4 de agosto. En los pueblos de mayor población, pero sobre todo entre los mixtecos y zapotecos, había una perfecta organización social y tenían dominio y amplios conocimientos jurídicos, morales, religiosos, psicológicos, astronómicos, arquitectónicos, científicos y artísticos, que lamentablemente fueron destruidos por los conquistados, pero que después de muchos años se descubrieron a través de algunos códices e ideogramas que se conservan y han difundido algunos de nuestros investigadores, por lo que pudieron llegar a nuestro conocimiento, sin que se les haya dado la difusión necesaria.
Tenían conceptos especiales de las funciones, benéficas o maléficas, del sol, de las estrellas, de los eclipses y de todos los movimientos de los astros; sus conocimientos y conceptos geográficos del mar, puertos, islas, cerros, ríos y valles tenían especial importancia para el comercio y la agricultura, y en su idioma autóctono daban a entender su significado. En arquitectura también con su propio lenguaje designaban las funciones y valor de casa, techo, columna, fortaleza, cobre, oro, plata, azufre, imán, cal y plomo. De igual manera conocían el significado, por su expresión, y el trato por el comportamiento, de conductas psicológicas, como alegría, tristeza, remordimiento, recuerdo, malicia, amistad amor, enemistad y odio.
Verdaderas instituciones, de respeto y dignidad, eran las relaciones sociales como el matrimonio, y morales, como el bien, el mal y la justicia, de la que tenían apreciaciones muy elevadas y procuraban su cumplimiento con rigor y humanidad.
En el arte y las artesanías eran verdaderos genios. Fueron relevantes sus trabajos en metales fundidos y vaciados en moldes preparados. Había dos clases de oficiales que trabajaban el oro y la plata. Unos se llamaban martilladores o amajadores, porque labraban el oro de martillo, majándolo con piedras o martillo para hacerlo delgado como papel; y los otros, que se llamaban tlatalcani, que quiere decir que asientan el oro o alguna cosa en él, o en la plata, eran los verdades oficiales, y también se les conocía con el nombre de tulteca; su división en dos partes era porque labraban el oro y la plata cada uno a su manera.
Sabían lucir los diferentes tipos de labrados, sobre todo en festividades religiosas y en notables acontecimientos familiares, en que portaban cadenas, zarcillos, collares, idolillos. En las grandes ceremonias usaban vasijas de plata. Por tradición, estos pueblos fueron también canteros, alfareros y lapidarios, sin rival en el arte de fabricar figuras y símbolos significativos. La nobleza se conserva estampada en piezas de arte.
Es importante destacar la destreza de estos pueblos en las artesanías con diferentes materiales, barro, metal, lata y hojalata, ixtle, madera, plata y los ya referidos oro y plata. Mucho se conserva y algunas artesanías lograron llegar a practicarse hasta nuestros días.
El escritor y jurista Alfonso Francisco Ramírez, en una de sus obras relacionadas con la cultura oaxaqueña, escribió: “la cultura mixteco zapoteca alcanzó, antes de la llegada de los españoles, un notable perfeccionamiento. Lo atestiguan los monumentos de Monte Albán, en cuyas tumbas se han encontrado objetos de oro que equiparan a los orfebres mixtecos con los más refinados artistas del Renacimiento, y los palacios de Mitla construidos por los zapotecas con asombroso sentido estético”.
Geográfica y socialmente, por usos y costumbres, idiomas o dialectos semejantes, carácter, vestuario, folclor y tradiciones, el estado se divide en siete regiones: los valles centrales, la costa, el istmo, la sierra, la mixteca, la cañada y la del Papaloapan. Al referirse al Candelabro de los Siete Brazos, el notable investigador Wilfrido C. Cruz, dice:
“Nuestra raza constituye un solo tronco arraigado en la eternidad de los siglos. Tiene una sola sangre, pero posee siete brazos como un gran candelabro, y en cada brazo arde una luz de tonalidad distinta; tiene un solo cerebro y un solo corazón, pero siete dialectos principales como siete caras distintas en un solo prisma. Nadie puede asegurar que posee el Gran Idioma y con él los secretos de sabiduría que encierra, si no conoce sus siete manifestaciones primordiales cuyo genio y sentido se complementa en un todo magnífico”.
Producto de la ignorancia y falta de asesoramiento de intelectuales desligados de la política y sus intereses, a una de estas regiones se dividió en dos, pero nuestro origen no puede dividirse, como justamente se expresa en el Candelabro de los siete brazos y en referencias reiteradas y similares.
Aparte del castellano, en Oaxaca se hablan los siguientes idiomas: mixteco con diez dialectos, zapoteco con siete dialectos, chatino, chinanteco, chocho, chuchón o popoloca, cuicateco, mazateco con un dialecto, amuzgo, trique, mixe, zoque, chontal huave y mexicano. Oficialmente hay 56 etnias reconocidas.
Según el propio Wilfrido C. Cruz, “por regla general a cada idioma corresponde una raza distinta, pero son los mixtecos y zapotecas los que constituyen el tronco racial más poderoso de la gran familia oaxaqueña y forman el núcleo humano de mayor fecundidad folclórica”. Sin embargo, las características principales han distinguido a cada una de nuestras siete regiones, aun cuando por desconocidas conveniencias se llegó a clasificarlas en ocho.
Es importante repetir en esta ocasión el nombre de algunos de los investigadores que han logrado rescatar muchas de nuestras raíces culturales más significativas: Andrés Portillo, Fernando Ramírez de Aguilar, Carlos Martínez Gracida, Francisco Salazar, Cayetano Esteva, Guillermo Rosas Solaegui, José María Bradomín, más los mencionados José Antonio Gay, Wilfrido C. Cruz y Alfonso Francisco Ramírez, estudiosos de los orígenes de nuestros pueblos y de sus grandes luchas contra la adversidad para sobrevivir, que dejaron huella y constancia de sus sobresalientes cualidades que en su tiempo estuvieron a la misma altura de la de los creadores de otras civilizaciones y culturas del mundo.
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