Jorge Castañeda
Oaxaca de Juárez, 2 de julio. El desabasto en las gasolinerías de los estados de Oaxaca y Chiapas, debido a las decenas de bloqueos carreteros que existen en ambas entidades por parte de la mafiosa CNTE y demás organizaciónes delincuenciales, ha provocado el surgimiento de un enorme mercado negro de gasolinas y diésel, que en muchos casos son combustibles robados y adulterados.
Consumir este tipo de productos puede afectar irreversiblemente el funcionamiento de los motores, ocasionando que emitan mucho más contaminantes a la atmósfera, rindan menos kilómetros por litro, pierdan potencia y, a la larga, presenten severas descomposturas.
De hecho, varios taxistas y mototaxistas de diversos municipios oaxaqueños y chiapanecos, que llevan hasta tres semanas teniendo que recurrir al mercado negro, ya han reportado fallas en los vehículos que conducen, según reportes de medios locales, lo que confirmaría que la gasolina que han adquirido era robada o fue adulterada.
Hay que recordar que en febrero del 2015 Pétroleos Mexicanos (PEMEX) dio a conocer que con el propósito de disminuir el gigantesco robo de combustibles, transportaría por sus ductos “exclusivamente gasolinas y diésel aún no terminados, que en esta etapa no son aptos todavía para su uso en vehículos y plantas industriales”.
A través de información oficial dada a conocer a la prensa, al cual foroambiental.com.mx tuvo acceso, PEMEX puntualizó entonces, que la mezcla final de esos productos, entre los que se encuentra el Eter Metil Terbutílico (MTBE por sus siglas en inglés), se haría de modo directo en las terminales de almacenamiento, antes de su entrega a las gasolinerías.
Y alertó: “Se recomienda a los usuarios asegurarse de que los combustibles que adquieran provengan de las terminales de PEMEX, y no adquirir gasolina y diésel en instalaciones diferentes o con distribuidores no autorizados, pues, al estar inconcluso su proceso, pueden dañar los motores”.
Cabe destacar que ya en marzo de 2015, expertos del área de Refinación de PEMEX explicaron que “a partir de ahora, por los ductos de la empresa pueden pasar gasolinas y diésel no terminados, que podrían carecer del MTBE o algunas otras sustancias químicas, por lo que consumirlos sin que contengan esos elementos, daña el motor de los vehículos”.
Refirieron que en su estado primario, las gasolinas pasan por una ruta de preparación en la que se le adicionan diferentes elementos, como el MBTE (un aditivo para mejorar la calidad del octanaje), a fin de obtener un combustible eficiente, de manera que si el consumidor adquiere combustibles sin terminar, provocará fallas en su vehículo, ya que el motor perderá potencia, rendirá menos kilómetros por litro, emitirá más contaminantes y, en el largo plazo, presentará descomposturas importantes, cuya reparación tiene altos costos.
Al respecto, la entonces Subdirección de Distribución de Pemex Refinación, explicó que si se utiliza diésel sin terminar, el vehículo presentará problemas importantes con la bomba de inyección.
En cuanto a las gasolinas, dijo que lo que ocurrirá es que el vehículo perderá potencia, tendrá mucho menor eficiencia, consumirá más combustible, emitirá más contaminantes y después de varias semanas o meses sufrirá daños irreversibles, que requerirán una reparación mayor del motor.
Puntualizó que las fallas se pueden presentar en las primeras semanas o en el largo plazo, dependiendo de las condiciones y tipo de motor, así como el uso y recorrido que tenga el vehículo.Indicó que por ello es fundamental “utilizar sólo combustibles adquiridos directamente en las gasolinerías” e insistió en que los químicos que se le tienen que agregar a las gasolinas y al diésel, “es un proceso que ahora se realiza únicamente en la parte final”, es decir, “en las 77 terminales de distribución y reparto que existen en el país”.
Hay que recordar que a inicios de 2015, el entonces director de PEMEX, Emilio Lozoya Austin, reconoció que los combustibles robados a la empresa en la red de ductos eran cercanos a los 8 millones de barriles al año, y por ello justificó la estrategia de agregar ciertos químicos a las gasolinas y al diésel hasta las terminales de distribuición.
Sí esto realmente se está llevando a cabo (ya que al gobierno priísta de Enrique Peña Nieto no hay que creerle ni el 10 por ciento de lo que dice), entonces los combustibles robados, definitivamente, pueden dañar gravemente a los motores.
Ahora bien, en cuanto a las gasolinas y al diésel que se están vendiendo en el mercado negro en muchos municipios de Oaxaca y Chiapas, buena parte de esos combustibles pueden haber sido adquiridos legalmente en gasolinerías y transportados en garrafas, bidones o tambos a través de vehículos particulares hacia las zonas en las que prevalece el desabasto, en donde son revendidos a precios que oscilan entre los 30 y 40 pesos por litro.
Pero el problema es que los revendedores pueden estar agregando agua u otras sustancias a esos productos, a fin de tener más gananacias todavía, lo que convierte a esos combustibles en sumamente nocivos para el funcionamiento de los motores.
Como ejemplo, podemos citar que una gasolina adulterada con agua provoca que se deteriore el filtro de combustible, daña la bomba eléctrica y afecta gravemente a los inyectores, todo lo cual ocasiona un mal funcionamiento del motor, haciéndolo mucho más contaminante, provocando mayor consumo e incluso oxidando el interior del tanque de combustible, lo que producirá diversas fallas importantes.Por todo lo anterior, adquirir gasolinas o diésel fuera de las gasolinerías establecidas, que pueden ser combustibles robados y adulterados, tarde o temprano dañará irreversiblemente varias partes de los motores, lo que implica reparaciones mayores que, como todos sabemos, son muy costosas.
Es cierto que buena parte de los miles y miles de litros de gasolinas y el diésel que se están vendiendo en el mercado negro en varios municipios de Oaxaca y Chiapas pueden ser legales y no haber sufrido alteración, pero el riesgo de que no sea así es muy grande y los costos por utilizarlos muy cuantiosos.
El periodista Jorge Castañeda es colaborador especial de ADN Sureste y
Director Editorial de foroambiental.com.mx
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