Oaxaca de Juárez, 1 de noviembre. La ofensiva de Julian Assange y su portal Wikileaks contra Hillary Clinton —ayudados presuntamente por hackers rusos para boicotear su campaña y beneficiar así al republicano Donald Trump, como ha denunciado el propio presidente Barack Obama— se evidenció ayer con la publicación de varios correos electrónicos que confirman lo que Donald Trump ha denunciado en varias ocasiones: que la candidata demócrata recibió pistas sobre varias preguntas antes de al menos un debate televisado por CNN, cuando la ex secretaria de Estado competía por la candidatura demócrata contra Bernie Sanders.
No había pruebas de las acusaciones de Trump hasta que WikiLeaks publicó ayer un correo electrónico en el que la ex colaboradora de CNN, Donna Brazile, da información a la campaña de Clinton sobre una de las preguntas de un debate celebrado en marzo pasado.
“Una de las preguntas que irán dirigidas mañana a HRC [sigla de Hillary Rodham Clinton] es de una mujer con un sarpullido”, escribió Brazile en un correo electrónico fechado el 5 de marzo, un día antes del debate de las primarias demócratas organizado por CNN en Flint (Michigan).
“Su familia ha sufrido intoxicación por plomo (presente en el agua de Flint) y le preguntará qué hará Hillary Clinton como presidenta para ayudar al pueblo de Flint”, añadió Brazile en el mensaje, dirigido al jefe de campaña de Clinton, John Podesta, cuyos correos (más de 30 mil) han sido pirateados y están siendo publicados por WikiLeaks.
La cadena CNN anunció ayer que ha roto su contrato con Brazile de forma fulminante a raíz de las revelaciones de WikiLeaks.
En otro correo divulgado por WikiLeaks, Brazile asegura a la directora de comunicaciones de Clinton, Jennifer Palmieri, que “de vez en cuando me dan las preguntas por adelantado” y otro correo le aseguraba estar “preocupada” por una pregunta que podrían hacerle a Clinton al día siguiente sobre si debería abolirse la pena de muerte en Estados Unidos.
La campaña de Clinton no ha hecho comentarios sobre el tema, pero Trump sí reaccionó al tema durante un mitin en Michigan, donde dijo que las revelaciones sobre Brazile son “aún peores” de lo que él había advertido.
Queja ante el FBI. En un intento de frenar este escándalo, que se suma al anuncio del viernes del FBI de que sí está investigando a Clinton por usar su correo privado para enviar información confidencial cuando era secretaria de Estado, la campaña demócrata pidió ayer al director del Buró, James Comey, que revele los datos que posee sobre los presuntos vínculos de Trump, con el Gobierno ruso.
El directivo de la campaña de Clinton, Robby Mook, insistió en que el republicano Comey debe tener el mismo rasero para los dos candidatos, por lo que insistió en que esa información se haga pública.
Los comentarios de Mook se produjeron inmediatamente después de que la cadena NBC informara de que Comey no quería acusar públicamente a Rusia de entrometerse en la elección presidencial dada la cercanía de los comicios.
La decisión del jefe del FBI ha levantado ampollas al anunciarse a apenas 11 días de las elecciones presidenciales, algo que el líder de la minoría demócrata en el Senado, Harry Reid, considera que podría haber violado leyes federales por tratar de influir con su acción en el resultado electoral.
Sin embargo, el presidente Obama desairó ayer a sus colegas demócratas al señalar que no cree que Comey esté tratando “intencionadamente” de influir en el resultado de las elecciones. Asimismo, el Departamento de Justicia se comprometió a acelerar “lo más rápidamente posible” la investigación anunciada el viernes por sorpresa por el FBI.
¿Más sorpresas? Ahora está por ver si hay más sorpresas de aquí a la votación del 8 de noviembre, porque Wikileaks, que recientemente filtró correos electrónicos de John Podesta, jefe de campaña de Clinton, ha adelantado con tono muy enigmático que esta semana comienza “la tercera fase” de su “cobertura de las elecciones de EU”.
Según la web RealClear Politics, que confecciona una media de las encuestas publicadas en el país, Clinton saca a Trump 3.1 puntos, una ventaja que, hace una semana, rondaba los 6 puntos