La Silla Rota
Oaxaca de Juárez, 28 de julio. Hasta antes del martes 21 de julio se necesitaba tener sólo la prepa terminada y 80 mil pesos para depositarlos en cuentas de ex directivos del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), eso fue lo que le pidieron a Víctor M. para estar frente a un grupo de segundo de primaria luego de que su incursión como jornalero ilegal en Estados Unidos fracasó.
“Regresé en el 2003, fui a trabajar en el campo. Ya estando aquí un amigo me dijo que si tenía el bachillerato podía entrar de maestro de primaria. No por el sueldo, porque es una madre, pero por las prestaciones que son las chingonas”, cuenta el maestro de pómulos prominentes, panza generosa y cabello rebelde que aplaca rasurando casi a coco.
Víctor M. accede a la entrevista con varias condiciones: la primera es que no se mencione su apellido, la segunda es que se cambie el nombre del pueblo donde vive y trabaja –a petición de él ahora se llama La Santísima y queda a dos horas de Juchitán– y la tercera es que no se haga ningún registro gráfico, de video o de audio de su entrevista.
“El profe” ha llegado hasta el Hotel Magisterial en la capital de Oaxaca para participar en la Asamblea Estatal que responderá a la arremetida gubernamental con la que la administración de Gabino Cué y Enrique Peña Nieto le quitaron la rectoría educativa en el estado a la Sección 22 y que tenía desde hace 32 años.
Pero antes hay que entender cómo es que el ala disidente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) se adueñó de la educación en Oaxaca y terminó por hacer un negocio del chantaje político, la venta de plazas, de direcciones en el IEEPO y de implantar en el estado una carrera magisterial a base de plantones y marchas.
La historia de la Sección 22, coinciden ex dirigentes, maestros disidentes y especialistas, bien podría ubicarse en cuatro momentos históricos: 1980, 1982, 1992 y 2006.
“Es una historia muy grande, porque dentro de la lucha sindical tuvimos el gran acierto de imponernos al Comité Ejecutivo Nacional de aquélla época. El dirigente sindical lo elegimos nosotros, fue un logro extraordinario, democrático”, apuntó hace unos días Pedro Martínez Noriega, el primer secretario general de la Sección 22, en una entrevista con el diario Noticias de Oaxaca. Aunque por estos días en el marco del conflicto magisterial se niega a contestar preguntas.
“Disculpe pero yo no doy entrevistas, si usted es periodista debería saber qué hace mucho que me jubilé y que no doy entrevistas. Respeto al magisterio y no tengo nada qué decir”, asegura en una breve charla en la que solo agrega que el maestro, como agente transformador, debe estar en las aulas. “Pero esta es una opinión muy personal, yo respeto al magisterio”.
1980-1982
Los registros históricos de 1980 hablan de por lo menos 23 mil maestros oaxaqueños del Movimiento Democrático de los Trabajadores de la Educación de Oaxaca (MDTEO) que salieron a las calles a manifestarse en contra del SNTE de Carlos Jongitud, exigiendo mejoras salariales, democracia sindical y el fin del cacicazgo que en regiones de la sierra del estado había dejado muertos.
En el 80 los maestros consiguieron el reconocimiento de la Comisión Ejecutiva y lograron su primer Comité Seccional en 1982 en una cumbre magisterial llevada a cabo en Huajuapam de León.
El magisterio oaxaqueño había logrado arrebatarle la Sección 22 al SNTE con la venia del entonces secretario de Educación Pública, Jesús Reyes Heroles, quien atestiguó lo que en el estado conocen como la “revolución romántica” de los trabajadores de la educación.
“En ese entonces, la CNTE representaba una esperanza democrática para los jóvenes que desde 1987 había iniciado, con la huelga de la UNAM de 1987, una nueva etapa nacional de movilizaciones sociales”, apunta el investigador oaxaqueño Fernando Ruiz, de la organización Mexicanos Primero.
1992
El tercer momento importante para la Sección 22 en su etapa disidente vino en 1992, un año que no podría entenderse sin los anhelos y ambiciones de dos priístas: el entonces gobernador Heladio Ramírez y el secretario general de Gobierno, Lino Celaya, fallecido en noviembre de 2014.
“Heladio tenía el sueño de ser Secretario de Estado y se concentró en ello, por eso delegó la responsabilidad a Lino. Le dijo: ‘dales todo lo que pidan”, cuenta una fuente cercana a los políticos tricolores pero que se reserva su identidad.
La otra ambición, la de Lino, era la gubernatura de Oaxaca, la que por cierto no logró, pues Diódoro Carrasco Altamirano se le atravesó en el camino con una carrera más promisoria que la suya, pues luego de ser mandatario estatal fue secretario de Gobernación en el sexenio de Ernesto Zedillo.
El 28 de octubre de 1992, el gobernador Heladio creó el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), como órgano responsable de la educación de los niños oaxaqueños que en los hechos significó entregarle a la Sección 22 el control de las plazas y el nombramiento de los funcionarios del Instituto.
“Conquistas laborales” en el lenguaje del magisterio oaxaqueño que beneficiaron a los adultos y laceraron la educación de los alumnos. En 2013, la Sección 22 se opuso al censo escolar y dejó sin datos claros a la Secretaría de Educación Pública (SEP) sobre la situación de los estudiantes de educación básica en el estado.
El IEEPO se convirtió en un gigante que les abrió el paso a maestros como Víctor M. y que hizo de las marchas, los bloqueos, las cuotas, los depósitos en cuentas de directivos y del charrismo, un estilo de vida.
Un ente donde los agremiados gozaban de 90 días de aguinaldo, prima vacacional, bonos de productividad, estímulos por puntualidad, tres meses de vacaciones, derecho a tres préstamos anuales, una canasta navideña y una despensa, apoyo de transporte, así como 500 becas para hijos de trabajadores que se otorgaban discrecionalmente.
Aquella “revolución romántica” se convirtió en un golem magisterial que ocupó ocho de cada 10 puestos directivos IEEPO; donde se pagaba a los dirigentes hasta cien mil pesos mensuales “por hacer política” y no por dar clases en las aulas de un estado sumido en el rezago educativo.
Gracias a la Sección 22, el IEEPO se convirtió en “un órgano deficiente y corrupto”, como lo definió en un desplegado local Luis Canseco Girón, secretario general de esta ala de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) entre 1995 y 1998.
Todo esto, contrasta con el número de días sin clase en Oaxaca que desde 1994 a la fecha suman 634, de acuerdo con un conteo de la organización Mexicanos Primero.
Pero si hay alguien que puede hacer una diferencia entre los 80 y la actualidad es el dirigente de la Sección 59 del SNTE, Joaquín Echeverría.
“El movimiento como tal, su origen y su sostén fundamental, es la lucha por la democracia y por mejorar las condiciones de vida de los trabajadores a través de la mejora económica, de los servicios asistenciales, de los servicios profesionales y por otro lado la ayuda a las comunidades, específicamente a los padres de familia”, recuerda este líder sindical en una llamada telefónica.
Pero las condiciones de dos décadas anteriores habían cambiado por los “actos incorrectos” de algunos de los dirigentes, señala el profesor.
La Sección 22 se convirtió en un aparato que discrecionalmente administraba hasta ocho millones 100 mil pesos por cuotas de 81 mil agremiados, de acuerdo con información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).
El gobierno cedió la rectoría educativa a la Sección 22 en un sexenio de Carlos Salinas cuestionado por su legitimidad, con el cacicazgo de Carlos Jongitud enterrado, pero con otro que empezaba a echar raíces, el de la maestra Elba Esther Gordillo.
“La relación de Elba Esther Gordillo con la 22 tiene distintos momentos, uno es la llegada de la maestra al SNTE en 1989 y hasta el 92. Durante esos años plantea una política de apertura de pluralidad del sindicato y respeto a las secciones con las que no coincidía. Es la primera vez después de una década en que le da recursos a la sección para arreglar su edificio y le da sus cuotas sindicales”, explica Arturo Cano, periodista y coautor del libro Doña Perpetua.
Y agrega que a partir del 93, la relación volvió a una etapa de tensiones como la que se tuvo con Carlos Jongitud, pues el SNTE buscó debilitar a la 22 con la creación de una nueva sección, la 59; además, puntualiza, las cuotas sindicales eran aportadas en menor medida para el magisterio oaxaqueño.
“Como sabemos el comité ejecutivo del SNTE es el que recibe cuotas y reparte. A la 22 le daban una cantidad mínima; Fue una relación que tuvo una breve primavera, a la llegada de la maestra quien en sus últimos días al frente del magisterio peleó y propuso que se expulsara a la Sección 22”, explica.
2006
El cuarto momento importante para la Sección 22 fue en 2006, cuando en pleno conflicto social en Oaxaca, su entonces dirigente, Enrique Rueda, replegó al magisterio so pretexto de la demanda de padres de familia que los exigían en las aulas.
“Nos dimos cuenta que el estado lo había corrompido cuando lo vimos con un automóvil Jetta que supimos que se lo había regalado el gobierno estatal. Vendió al movimiento a Ulises Ruiz”, recuerda Joaquín.
La última aparición del líder de la Sección 22 del fatídico 2006 fue en el kiosko del zócalo de Oaxaca, cuando anunció micrófono en mano que los maestros se retiraban del conflicto y regresaban a las aulas.
Pero las bases lo desobedecieron y continuaron el conflicto.
No se volvió a ver a Enrique Rueda hasta 2011, cuando un taxista lo reconoció y lo bajó casi a golpes de su unidad, cuenta Joaquín Echeverría quien luego de 2006 se separó de la 22 con un grupo de maestros y conformaron la Sección 59, ambas corrientes en un conflicto permanente
La primera cuenta con 81 mil agremiados que imparten clases en 10 mil escuelas a un millón de alumnos, la segunda apenas llega a los tres mil integrantes en 500 escuelas y atienden a 40 mil alumnos.
Existen casos absurdos en los desencuentros de ambas secciones. Por ejemplo, en la primaria Benito Juárez de la comunidad de Mitla, la Sección 59 da clases en la mañana, pero en la tarde lo hacen maestros de la 22 y el inmueble cambia de nombre a Belisario Domínguez.
“La lucha se ha desvirtuado por la intervención de los partidos políticos. No sólo del PRI, sino de todos. Nosotros somos apenas tres mil en la Sección 59, en la 22 son 80 mil”, recalca el dirigente de la 59.
Echeverría lo dice por un secreto a voces que ronda en la Sección 22: los ex gobernadores priístas Ulises Ruiz y José Murat tienen las manos metidas en el magisterio a través de dos corrientes “Los Pozoleros” y “Los Pelones”.
“Ambos coordinan con Francisco Villalobos Ricardez, secretario de Organización de la Sección 22”, asegura un profesor en desacuerdo con el liderazgo de Rubén Núñez y de Villalobos, a quien todos conocen como El chico pelón.
El disidente dentro de la disidencia oculta su identidad tras el perfil en redes sociales conocido como La Garrapata –una fuente asidua entre reporteros que cubren el conflicto magisterial en el estado–asegura que Villalobos es la mano radical de José Murat, quien busca imponer a su hijo en la gubernatura.
“Villalobos se ha enriquecido con el puesto que tiene y al que llegó pagando una millonada. Él es el que manda en la Sección 22 porque a Rubén Núñez lo pierde su alcoholismo”, dice La Garrapata en referencia a una nota publicada en el portal Eje Central el pasado 30 de abril de este año y en la que se señala que el secretario de Organización habría pagado 1.5 millones de pesos para quedarse con el cargo.
Sin embargo nada está comprobado aún. De Francisco Villalobos se ha dicho que tiene ranchos en Juchitán, casas, autos, que paga hasta 400 mil pesos para comprar consciencias de los maestros, que es el brazo desestabilizador de Murat, pero nada se ha demostrado.
“Todos los gobiernos los solapaban por miedo a un conflicto social. Pero los abusos contra nosotros los de base cada día iban en aumento. Nos condonan un préstamo, un cambio de área por mínimo que pareciera a cambio de la participación sindical. Todo estaba supeditado a los intereses de estos grupos”, afirma el maestro desde la clandestinidad.
Flavio Sosa, líder del movimiento social de 2006 en Oaxaca, destaca que la crisis magisterial se agudizó a raíz de las decisiones tomadas antes de las elecciones de pasado junio.
“La toma de gasolineras, el boicot de las elecciones, todo eso desvirtuó al movimiento. Son cosas que yo he criticado”, señala Sosa.
El ex vocero de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) reitera la teoría de que los ex gobernadores priístas tienen metidas las manos en el movimiento magisterial de cara al proceso electoral para renovar la gubernatura en 2016.
“Ulises Ruiz y José Murat están moviendo millones de pesos para luchar por el poder”, asegura Flavio Sosa quien sin embargo descarta que con la estocada del pasado martes 21 de julio la Sección 22 esté desahuciada.
“La base de la educación en Oaxaca es el maestro, quiero ver que los gobiernos obliguen a los maestros en un estado que tiene 570 comunidades. Es complicadísimo”, advierte.
Sin embargo el Estado se atrevió a desafiar al maestro de Oaxaca. Con el decreto del gobernador Gabino Cué se acabaron los privilegios; al menos en el papel, los mandos del nuevo IEEPO ya no pertenecerán a la Sección 22; el personal docente ya no hará labores administrativas y tendrá que regresar a las aulas; los nombramientos se harán en función del desempeño y los cambios de adscripción responderán a las necesidades educativas de cada zona.
Además, los beneficios laborales se conseguirán en las urnas; habrá planeación para evitar el crecimiento irracional de la nómina, y se practicarán auditorías.
Pero Flavio Sosa vuelve a insistir: “Quiero ver a los maestros de Oaxaca obedeciendo”.
Una Sección 22 disminuida saldrá a las calles de Oaxaca este fin de semana para un defender sus “conquistas sindicales” e intentar echar abajo el decreto por el que Gabino Cué los extirpó de la administración de los servicios educativos en el estado.
Lo hará con la confianza fracturada de sectores internos –disidencia dentro de la disidencia– que ya no confían en el liderazgo de Rubén Núñez, ni en el de Francisco Villalobos.
La Sección 22 saldrá sin la convocatoria de los años de la “revolución romántica” magisterial y sin el apoyo social, aunque han asegurado que representaciones de 26 estados se darán cita en la capital oaxaqueña el próximo lunes 27 de julio.
Apenas en junio pasado una encuesta de gabinete y Comunicación Estratégica (GCE) arrojó que 65.1% de los sondeados consideraban a las manifestación es de la CNTE como injustificadas.

