Oaxaca de Juárez, 24 de julio. El peso mexicano comenzó la jornada cotizando cerca de 17.51 unidades por dólar, en un entorno donde los inversionistas procesan señales contrastantes provenientes de la economía nacional y de la relación comercial con Estados Unidos.
Por un lado, el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) registró en mayo una contracción mensual de 0.3%, aunque a tasa anual mostró un crecimiento de 2%. El desempeño estuvo marcado por señales mixtas: las actividades terciarias avanzaron, mientras que varios sectores industriales permanecieron débiles.
Este resultado mantiene las dudas sobre la capacidad de la economía mexicana para consolidar una recuperación más firme. Una encuesta de Reuters entre economistas redujo la expectativa de crecimiento del país para 2026 a 1.1%, principalmente por la debilidad de la inversión y la incertidumbre relacionada con las reglas comerciales de Norteamérica.
El mercado también permanece atento a la próxima actualización de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, después de que la tasa de desocupación se ubicó alrededor de 2.7% en el dato previo. La lectura laboral será relevante para evaluar si el consumo y la actividad interna cuentan con suficiente soporte durante la segunda mitad del año.
Reunión de Sheinbaum y Jamieson Greer da un respiro al peso
En el frente comercial, la atención se concentró en la tercera ronda bilateral relacionada con la revisión del T-MEC, celebrada en la Ciudad de México. Las delegaciones discutieron asuntos como acero, aluminio, automóviles, agricultura, condiciones laborales, seguridad económica y servicios de pagos electrónicos.
Durante esta ronda, el representante comercial estadounidense Jamieson Greer se reunió con la presidenta Claudia Sheinbaum para revisar el avance de las conversaciones. Ambas partes destacaron la necesidad de fortalecer las cadenas regionales de suministro, ampliar la manufactura norteamericana y mantener la cooperación bilateral.
Greer y el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, calificaron el diálogo como constructivo y acordaron que la cuarta ronda bilateral se realizará en Washington durante septiembre de 2026. Ese anuncio ayudó a reducir temporalmente el temor de una ruptura inmediata o de nuevas medidas comerciales punitivas.
Sin embargo, la incertidumbre no ha desaparecido. El T-MEC continuará vigente hasta 2036, pero quedará sujeto a revisiones anuales, un esquema que podría complicar las decisiones de inversión de largo plazo en industrias exportadoras, especialmente en el sector automotriz.
¿Qué puede pasar con el peso mexicano?
De acuerdo con Felipe Mendoza, analista de mercados de EBC Financial Group, el tipo de cambio podría conservar una volatilidad elevada durante el resto de la jornada, condicionado por los datos de empleo, la evolución de las negociaciones comerciales y el apetito global por activos de riesgo.
Los avances en el T-MEC representan un soporte para la divisa, porque reducen parcialmente el riesgo de nuevos aranceles y ofrecen mayor claridad a las empresas. No obstante, la contracción mensual de la actividad económica y las previsiones de crecimiento más moderadas limitan la posibilidad de una apreciación sostenida.
En este contexto, el peso deberá navegar entre la estabilidad que aportan las conversaciones bilaterales y la presión de un dólar que puede fortalecerse ante episodios de aversión al riesgo. Mientras no exista una resolución más amplia sobre las reglas comerciales, la moneda mexicana seguirá reaccionando con fuerza a cada anuncio proveniente de México y Estados Unidos.
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