Oaxaca de Juárez, 1 de septiembre
MILENIO LA HISTORIA EN BREVE CIRO GÓMEZ LEYVAEl 11 de julio, 50 días ya, el juez federal Donald Walter firmó la orden para que Ramón Segura y Francisco, Panchito, Colorado abandonaran Estados Unidos, una vez cumplida la sentencia de un año y un día en la cárcel de Bastrop, Texas, por un extraño caso de conspiración para sobornar a un juez.
Segura y Panchito son el contador y el hijo de Francisco, Pancho, Colorado, preso en Texas desde 2012, sentenciado a 20 años por lavar dinero para Los Zetas a través de la compra de caballos de carreras en Estados Unidos. Un caso fincado en testigos protegidos, con millones de dólares en disputa y, al parecer, plagado de situaciones sui géneris.
El 24 de julio, Segura y Panchito fueron puestos en custodia del Servicio de Inmigración estadunidense en el centro de detención de Pearsall, también en Texas. Tendrían que haber sido deportados a México prácticamente de inmediato. No ocurrió así.
Ante el mutismo de las autoridades, los abogados descubrieron el martes 26 de agosto que ambos estaban en otro centro de detención de migrantes, el de Port Isabel, en Los Fresnos, Texas, de donde los movieron la madrugada del jueves al centro de procesados de Otero, en Chaparral, Nuevo México.
Pearsall, Port Isabel, Otero: tres lugares distintos en un mes. Una mecánica y una demora difíciles de explicar, incluso bajo el supuesto de que las autoridades de Estados Unidos estén extremando las medidas de seguridad por el perfil de los liberados.
Hasta donde se sabe, no hay en México causa penal en contra de Segura ni de Panchito. ¿Por qué entonces los tienen retenidos en Estados Unidos? ¿Qué dice el gobierno mexicano?
Hace unos días estuve en la cárcel de Bastrop con Pancho Colorado (papá de Panchito). El miércoles publicaré la conversación en milenio.com.
EXCÉLSIOR RAZONES JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZEl presidente Peña Nieto llega a su Segundo Informe de Gobierno con el enorme desafío de relanzar su gobierno para transformar en hechos el profundo ciclo renovador aprobado en los últimos 20 meses. Para convertir leyes en hechos, para transformar objetivos políticos y económicos en aspiraciones y percepciones positivas en la sociedad.
La agenda del tercer año es en realidad la de los próximos nueve meses, porque mucho estará en juego en las elecciones del primer domingo de junio. La agenda presidencial para el tercer año tendrá que ser enfocada desde otra perspectiva, diferente a la utilizada hasta ahora, por la sencilla razón de que los objetivos son diferentes.
El primer punto es la economía. De la misma forma en que ella no ha crecido, tampoco lo han hecho los salarios y los empleos. No se puede pedir apoyo para las reformas estructurales si la gente ha visto disminuir sus ingresos y en muchos casos no termina de ver, de percibir, un futuro mejor. Ya habrá tiempo de ahondar en el tema, pero no se puede festejar que se aumentó la recaudación en 6.3% global: 18.3% producto del IVA; 5.2% del ISR y 45.6% del IEPS, sin asumir que esos recursos se retiraron de la economía cotidiana: son miles de millones de pesos que pasaron de los bolsillos de la gente a las arcas del gobierno. Puede existir justificación para la medida, pero no se puede pedir, al mismo tiempo, a trabajadores y empresarios que estén satisfechos con la misma.
De la misma forma que el presidente Peña parece haber comprendido que las posiciones originales de su gobierno de oponerse al aumento del salario mínimo eran un error político y social, sería un acierto que atendiera antes de fin de año el descontento fiscal: no alcanza con decir que no habrá nuevos impuestos. Hay que revisar algunos de los capítulos fiscales aprobados el año pasado por razones políticas, pero también porque muchas de las objeciones son sensatas y razonables. La política económica debe ser ortodoxa, responsable y también socialmente sensible. Una cosa no está peleada con la otra.
De la mano con ello, los planes de infraestructura y todo lo derivado de las reformas en energía y telecomunicaciones deben detonarse en la forma más rápida posible. Todo indica que la administración federal está en ese camino. Habrá adelantos importantes en esta misma semana, y el ritmo, la velocidad de implementación, será tan importante como el contenido.
También los temas de seguridad pública, la otra gran preocupación de la gente, están bien encaminados, aunque falta mucho por hacer. El problema aquí es mayor porque además de realizar una tarea de apagafuegos se deben construir instituciones, donde, incluso con los mayores esfuerzos, no siempre se puede partir de cero cuando el cuerpo social está contaminado, como se puede comprobar hoy en día en Michoacán. Pero las instituciones ahí están, construyéndose, y más temprano que tarde habrá resultados de fondo si se persiste en esa política. Otro ejemplo es Tamaulipas, donde se han puesto en sintonía la administración federal con el gobierno de Egidio Torre y no sólo se comienzan a atacar efectos, sino también causas. Hay que verse en el espejo de Ciudad Juárez, considerada hasta hace unos años una de las dos o tres ciudades más inseguras y violentas del mundo, hoy con índices de seguridad estables, mucho más bajos y donde en el último año no hubo un solo secuestro. No es resultado de una operación de coyuntura, sino de una estrategia seguida por años por autoridades federales y locales. Profundizada en los últimos meses y ahí están los resultados.
El objetivo institucional en seguridad debería ser, en esta etapa, instaurar el mando único policial en cada estado por acuerdos políticos como hasta ahora, pero también en forma legal. El mando único es una exigencia y una prioridad en todos los estados: por supuesto que hay fuerzas locales que pueden, por buenas o malas razones, oponerse, pero, con la misma firmeza con que se plantea el gobierno actuar en otros ámbitos, debería hacerlo en este.
Hay mucho más: se debe comprender, por ejemplo, que para imponer la Reforma Educativa, las leyes no alcanzan y que se subestimó a la Coordinadora como el principal enemigo de esas reformas (Elba Esther Gordillo no era enemiga de la reforma; su problema era otro), entre otras razones porque no se detectó a tiempo que el operador y beneficiario de las acciones de la CNTE lo tenían en casa.
Hay que avanzar en el tema de la corrupción y la transparencia. Y lograr que para 2016 el nuevo sistema de justicia sea una realidad, que hoy está aún lejana pese a que llevan seis años aprobadas las reformas respectivas. Porque con un sistema que permite que entre 95% y 98% de los delitos denunciados queden impunes, a la larga, todo lo demás, termina siendo insuficiente. Ahí está la agenda de nueve meses del tercer año de gobierno.
LA JORNADA ASTILLERO JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZMediante el (ab)uso politizado de la ley, el amago de recortes reformistas a ‘‘monopolios’’ o ‘‘duopolios’’ a los que la docena trágica panista permitió desbordarse, y con la promesa de nuevos negocios por venir, reconcentró en Los Pinos buena parte de los mecanismos de poder, metaconstitucionales y fácticos, que ahora han revalidado su militancia financiera, mediática y política (sin necesidad de credencial de tres colores) en el proyecto del cesarismo reconstruido y que, junto con los nuevos intereses codominantes, los de los consorcios extranjeros, en especial los energéticos, se esforzarán en cuanto sea necesario para que continúe en México el mismo esquema priísta-peñista de control político y social que siga dando marco, fluidez y garantías al esquema de explotación económica.
Inculto, incapaz de recordar los nombres de tres libros que hubieran determinado su vida; dependiente delteleprómpter, pues al hilar en vivo comete tragicómicos errores de dicción y concepción; profundamente falto de conocimiento del México verdadero y por tanto afectado de una insensibilidad social evidente a pesar de la demagogia que le hacen pronunciar; apuntalado por los excesos propagandísticos a través de prensa alineada con él y de pantallas controladas, y militantemente ajeno a cualquier asomo propio de teorización política o ideológica, el personaje que hoy entregará al Congreso de la Unión su segundo resumen de actividades anuales logró mediante artimañas, promesas, ofertas y enjuages varios (instrumental absolutamente propio del oficio político pragmático) un cúmulo impresionante de reformas constitucionales (y de ajustes en las leyes secundarias, igualmente favorables a los intereses de ese peñismo) que no sólo no puso en llamas al país ni lanzó a las calles a los partidos opositores, sino que los dos principales de ellos hasta ahora, PAN y PRD, pelean abiertamente réditos de ese reformismo para atribuirlo a sus galones, con Gustavo Madero reclamando vehementemente el que Peña Nieto presuma ‘‘con sombrero ajeno’’ al asumir como triunfos propios los que en todo caso habrían sido por inspiración o con la colaboración clave de los panistas, y con el sol azteca alborozado por poder escoltar públicamente, con sus dos presidentes de mesas camarales directivas, el diputado Aureoles y el senador Barbosa, al reformista tan respetado y respetable a pesar de que al mismo tiempo que lo flanquean laudatoriamente dicen preparar una magna consulta popular para ‘‘echar abajo’’ a la madre de todas esas reformas, la energética.
A contracorriente de ese saldo tan exitoso para EPN en las alturas y en las leyes, el México de abajo y en la realidad sigue no igual, sino peor. El primer tercio de esta administración (aunque se recuerda que en realidad el ‘‘segundo Informe de labores’’ se refiere solamente a 21 meses, no a 24) ha visto bajar la inseguridad, pero sólo en términos de presencia pública, pues la nueva ‘‘narrativa’’ oficial ha impuesto a los medios de comunicación ‘‘mesura’’ en el tratamiento de la información de enfrentamientos, masacres (recuérdese Tlatlaya y sus 22 ejecutados), violaciones a los derechos humanos, predominios regionales de cárteles, sustitución generalizada y extrema de funciones del Estado (La Tuta en funciones de juez familiar y notario público) y subsistencia de las peores prácticas de las empresas de crimen organizado. Michoacán es un ejemplo doloroso, aberrante (con sucomisionado Paulette, Alfredo Castillo, invalidando el pacto federal) y socialmente infructuoso, de trágicos juegos criminales desde el poder (alentar y luego reclutar o combatir a autodefensas como fichas de casino) y de reorganizaciones gerenciales a conveniencia de las nuevas administraciones.
En lo económico, el país no avanza, sino retrocede. A pesar delReino del Espot, los mexicanos saben que en la realidad su situación se complica día con día. Peña Nieto apuesta a las inversiones extranjeras por llegar, pero aun así advierte que las cosas no serán fáciles ni inmediatas. Una sociedad políticamente anestesiada (no por culpa de ella, que ha buscado en más de dos ocasiones planes y líderes que luchen más allá de lo electoral, sin encontrar más que la recurrencia a la fórmula de los discursos, las giras y los candidatos que desembocan en fraudes cantados), mediáticamente controlada, preocupada en lo económico por sobrevivir, sabedora de que en 2015 y en 2018 el PRI hará lo que sea para conservar y acrecentar su poder, pareciera tener como válvula más inmediata de explosión el enojo extremo ante el descarado e incesante abuso del poder, en especial en medidas de incumplimiento de programas públicos, de desatención criminal en servicios esenciales, de rapiña en cuanto a tierras y riqueza nacional, y de insensible aplicación de medidas económicas intolerables.
Termina formalmente hoy el primer tercio peñista, dedicado por entero a la preparación reformista. Sigue el de la concreción de esos nuevos diseños, con elecciones intermedias. Ya se verá si el pragmático atlacomulquense continúa con el saldo altamente positivo que para él, su grupo y los intereses que representan ha significado este primer tramo.
Y, mientras Raúl Cervantes Andrade (aplicado conductor técnico del proceso de aprobación de reformas peñistas) ha dejado la presidencia de la mesa directiva del Senado y la condición de legislador (un año será académico del ITAM), para no tener impedimento jurídico para ser devolutoriamente elegido en noviembre de 2015 ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y eventualmente presidirla como pieza de Los Pinos, ¡hasta mañana!
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