Oaxaca de Juárez, 21 de noviembre
MILENIO CARLOS MARÍN EL ASALTO A LA RAZÓN“¡Sin capucha!, ¡sin capucha!, ¡sin capucha…!”, me platicaba Carlos Puig anoche, regresando de la Plaza de la Constitución.
Eso coreaban a los embozados que pretendían colárseles, me dijo, por lo que supuse que la concentración en demanda de justicia por el caso Iguala terminaría en paz.
Sin embargo, pese a que la mayoría de quienes marcharon dio muestras patentes de civilidad, los virulentos de siempre (quizá unos 300 frente a más de 30 mil manifestantes) hicieron lo único que la mano que mece su cuna les ha ordenado en los años recientes hacer: intentar fabricar para el mundo una imagen de inestabilidad y confrontación que precipite, como ayer se apuntó aquí, la sobada “polarización de las contradicciones” y tratar de sumir al país en el caos.
Más allá de las imágenes “apocalípticas” que proyectan de México, los estrategas del desastre no están tomando en cuenta un factor clave: al infundirle miedo, gran parte de la sociedad no verá con malos ojos que se abran las nefastas puertas de la represión…
cmarin@milenio.com
CIRO GÓMEZ LEYVA LA HISTORIA EN BREVEHay lógica en la lista final de participantes en la licitación de las dos cadenas de televisión abierta, que dio a conocer anoche el Instituto Federal de Telecomunicaciones. El o los nuevos concesionarios saldrán de entre tres grupos: el de Mario Vázquez Raña, Cadena Tres y Radio Centro.
Sorprende, acaso, no ver en la lista al Grupo Lauman, de Manuel Arroyo, que hasta ayer trataba de cerrar los créditos para competir. Por lo visto, no lo consiguió.
Es lógico que el rechazo social por la responsabilidad en los derrames en los ríos de Sonora cancelara desde septiembre las probabilidades de éxito del grupo de Germán Larrea. Lo entendió temprano y se fue.
Un río tan revuelto enfrió al grupo que formaba el empresario Ariel Picker, de un giro muy lejano a la televisión. Era una desmesura apostar tanto dinero en una licitación tan observada y politizada.
Ninguna oportunidad tenía tampoco un grupo sin más peso real que su “cercanía” con el presidente Peña Nieto. El fracaso de Grupo Mac, de la familia Maccise, es una señal para las licitaciones en puerta: ser amigo del poder político es ahora un handicap en contra.
Resta por saber si el empresario Roberto Alcántara se hizo a un lado o aparecerá fortaleciendo a uno de los tres postores.
Lógico sería, finalmente, que pese a una ley que les abre las puertas al 100 por ciento ni un solo consorcio extranjero se interesara en participar directamente. Puede ser una señal: a la inversión extranjera no le está gustando una intemperie enrarecida.
Tres jugadores, pues. Caballada flaca para tamaña expectativa.
EXCÉLSIOR JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ RAZONESEl lunes debería comenzar una nueva etapa en la administración Peña. Luego de las marchas de ayer, de que se solventara el tema de la casa de Angélica Rivera y se diera a conocer la declaración patrimonial completa del presidente Peña, sabiendo ya el destino de los jóvenes de Ayotzinapa (aunque estemos muy lejos aún de que haya concluido toda la investigación y estén detenidos todos los responsables, por acción u omisión), el propio Presidente ha decidido relanzar el lunes su administración, luego de vivir estas semanas sus horas más bajas.
Decíamos ayer que el gobierno federal hasta ahora había reaccionado, no siempre a tiempo, a los conflictos en los que se vio envuelto, pero que eso no alcanzaba, que era y es hora de emprender acciones, de adoptar medidas nuevas. El lunes tendría que comenzar esa etapa.
Cualquier agenda de relanzamiento tendrá que incluir varios capítulos, pero tres son esenciales: por una parte, fortalecer el Estado de derecho y luchar decididamente contra la impunidad. Los hechos que hemos visto en los últimos meses fortalecen la idea de que todo el mundo es impune si utiliza una capucha política, nadie es responsable de los delitos cometidos ni la autoridad está dispuesta a combatirlos. Ese ciclo debería cerrarse con lo acontecido ayer en las diferentes marchas que han castigado a varias ciudades del país. Pero no a todo el país: la agenda desestabilizadora también tiene un ámbito geográfico muy delimitado y no se ha logrado contagiar a muchas otras zonas. Lo que sí se contagia es la desazón y el pesimismo si se ve al gobierno paralizado por esa agenda.
La seguridad tiene que incidir sobre todo en la vida cotidiana y tiene que ir acompañada de medidas económicas que le quiten presión a la gente. Mientras llegan los resultados de las reformas estructurales no es prudente ni lógico seguir apretando el cinturón de las clases medias y de quienes menos tienen. Ha sido un error que en el paquete económico no se dispusiera de medidas en ese ámbito: el presidentePeña tiene la oportunidad de tomar medidas, sin necesidad de volver a pasar por el Congreso, que alivien la situación económica y fiscal de la gente. Medidas que no impliquen una renuncia a la disciplina financiera que tiene que observar el Estado, pero que impacten en el bolsillo de los mexicanos. No será, no puede ser, un impacto definitivo, pero sí debe haber por lo menos un gesto hacia la gente que lleva dos años sin ver en el futuro perspectivas ciertas de mejora.
Y el tercer punto debe ser la lucha contra la corrupción. Toda esta escaramuza que se libró por la llamada Casa Blanca, la declaración de la señora Rivera o la información patrimonial presentada por el presidente Peña, no tendrían sentido sin ubicarlos en un compromiso presidencial de luchar contra la corrupción. Y, en ese sentido, está ya sobre la mesa una propuesta que se tendría que impulsar en forma inmediata, incluso antes de que concluya el periodo ordinario en el Congreso: la propuesta del sistema anticorrupción que presentó el PAN, que el PRI ya aceptó en principio y que el PRD no tendría por qué rechazar.
Hay un cuarto punto que debería tener efectos externos, pero que es eminentemente interno: el Presidente les tiene que exigir más y mejor trabajo a todos sus colaboradores, y también a los demás actores políticos. El diálogo, los acuerdos y la coordinación siempre son bienvenidos, pero la política, el manejo del poder, va mucho más allá de esos instrumentos. Decía aquel famoso consultor de Bill Clinton,Dick Morris, que un gobernante exitoso debía mantenerse fiel a sus principios porque una idea, una propuesta, pueden no cuajar en un momento y ser vista como verdad, en otro, por las mayorías. Se debía aplicar lo que llamaba la triangulación, que no es más que, lisa y llanamente, apropiarse de la plataforma del contendiente, dejándole sin banderas. Y dividir con ello a sus adversarios. Debía reformar a su propio partido “ganando una batalla sobre la corrupción de los viejos líderes”. Utilizar las nuevas tecnologías, en las que el gobierno federal ha sufrido una escandalosa paliza en las últimas semanas y con ello lograr una movilización nacional ante la crisis, misma que sólo puede darse trabajando sobre la seguridad y la economía cotidianas, y poniendo diques a la corrupción. No es momento de reparar, sino de reconstruir.
MITOS
1) Resultó que el herido en CU el sábado no es estudiante ni mucho menos profesor. Era uno de los anarquistas custodios del auditorio Che Guevara, que ni estudia ni trabaja, pero que ya había estado detenido por actos vandálicos. Mintieron también en eso.
2) Por fin José Manuel Mireles se deshizo de esa embaucadora que tenía como abogada, Talía Vázquez, para tener realmente defensores serios. Desde ayer, Vázquezya no es su abogada. El exlíder de las autodefensas y su familia ya estaban hartos de ella y sus historias. No quería liberar a Mireles, quería convertirlo en mártir… en su beneficio.
3) Ha trascendido que una de las principales empresas del país, Grupo R, que encabeza don Ramiro Garza, se habría vendido a una prominente empresa constructora. Es, como muchas otras cosas publicadas en estos días, sencillamente falso.
LA JORNADA JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZ ASTILLEROLa conmemoración revolucionaria (hasta ahora la más agitada de la historia, en términos políticos y sociales) tuvo en la primera parte del día una sugerente confirmación de alianzas entre el poder civil, ejercido por Peña Nieto, y el militar, a cargo del general Salvador Cienfuegos Zepeda. Justamente en el día de la mayor movilización de protesta contra el régimen peñista, el mexiquense impugnado selló pactos y alentó vigores en la cúpula verde olivo. EPN defendió la institucionalidad que una parte activa de la sociedad considera fallida e incluso contraproducente, rechazó expresamente la violencia (cualquiera que sea su origen
, puntualizó, sin advertir que estaba celebrando justamente la irrupción de la violencia maderista que devino en el régimen desde cuya cúpula ahora hablaba el propio Peña) y arengó a los militares, en las circunstancias sabidas de gran inconformidad social, a estar preparados para enfrentar los desafíos del presente
(una especie de te lo digo, militar, para que lo entiendas, manifestante
).
El general Cienfuegos Zepeda aprovechó esa tribuna de la ceremonia de entrega de premios y ascensos a oficiales de las fuerzas armadas mexicanas (celebrada en el Campo Marte, pues se canceló el desfile militar en el Zócalo, ante lo cual el citado general comentó enigmáticamente: la suspendieron, yo no
, como si las decisiones de los civiles no fueran compartidas por él) para pronunciar un discurso más allá de los lugares comunes, que en tiempos ordinarios suelen usarse para demostrar que no es necesario traspasar los límites de lo castrense. Ahora, el titular de la Sedena tuvo que entrar en el terreno de la política circunstancial, de la interpretación de hechos, leyes e Historia, y de la fijación de posturas coyunturales, con los riesgos y distorsiones que ello entraña.
Dijo el secretario de la Defensa Nacional (se toma como referencia la nota de Jesús Aranda, publicada ayer en el portal de La Jornada) que la historia ha registrado que para superar los problemas hay dos caminos: la desunión, la intolerancia, la crítica infundada y las frustraciones que no llevan a ninguna parte, y por otro lado, el diálogo entre los sectores de la sociedad para salir adelante
. Además, llamando a dejarnos de suposiciones
, pues esas actitudes en poco abonan
(¿no tiene ya el mexicano un olímpico derecho a suponer lo que considere adecuado? ¿De ahora en adelante sólo se podrá suponer lo que el gobierno considere que abona, una especie de pensamiento composta?), sentenció que los problemas de la inseguridad y la violencia no son sólo culpa del gobierno, sino del Estado.
El alto jefe militar se instaló militantemente del lado de la versión peñista del compló social contra las instituciones e hizo fraseos en los que se tacha de adverso a la patria a quien critique o actúe en sentido contrario a lo que el gobierno federal desea y pretende imponer. Otro distinguido representante del estatus repelido en las calles por muchos mexicanos, el ministro Juan Silva Meza, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, también presentaba armas oratorias al hacer un llamado a la unidad y el orden, y rechazar el caos, la destrucción, la arbitrariedad y la violencia (ha de entenderse que pretendía endilgar responsabilidades a los manifestantes y opositores del régimen, y no a éste que ha producido justamente todo lo retóricamente mencionado por el alineado ministro).
El panorama antes de la marcha se completaba con escaramuzas en la calzada Ignacio Zaragoza, en las inmediaciones del aeropuerto capitalino, que por decisión de la asamblea interuniversitaria no se intentó tomar, pero al cual concurrieron grupos de jóvenes encapuchados que sostuvieron enfrentamientos con granaderos y policías que detuvieron a algunos de aquellos. En San Lázaro, los priístas y los verdes que no suspendieron ninguna sesión durante el maratón reformista de hace meses, a pesar de los discursos y protestas de algunos opositores, ahora cancelaban la sesión porque diputados de izquierda habían colocado en la tribuna una manta conminando a Peña Nieto a renunciar y pretendían que los temas de la Casa Blanca y de Ayotzinapa fueran discutidos en esos micrófonos legislativos.
A la entrada de la SEP, en tanto, estudiantes politécnicos trabajaban en el levantamiento de un muro de material firme, en protesta por la postura de la delegación gubernamental que ha venido participando en reuniones con los paristas y en contra del nombramiento de un nuevo director, Enrique Fernández Fassnacht (quien salió de la rectoría de la Universidad Autónoma Metropolitana justamente por sostener posiciones como las que los politécnicos rechazan ahora).
En las calles, a la hora de cerrar esta columna tempranera, iba manifestándose la otra cara de la realidad nacional, con muchos mexicanos decididos a expresarse activamente en contra de lo que hoy sucede en México, en especial en contra de la continuidad de Peña Nieto al mando formal del país. La voz de las calles tenía como telón de fondo el amago de provocadores e infiltrados y el discurso sincronizado de los poderes institucionales que parecieran decididos a acallar las críticas y a meter miedo a quienes salen a protestar. Ya no se pudo en este espacio consignar lo que más tarde sucedería, por técnicos tiempos editoriales y porque, a fin de cuentas, el autor de los presentes teclazos, como ciudadano, sumaba también sus pasos al río ciudadano que busca un México distinto. ¡Nos leemos aquí el próximo lunes!
Twitter: @julioastillero
