Oaxaca de Juárez, 13 de octubre
MILENIO CARLOS MARÍN EL ASALTO A LA RAZÓNBautizo de fuego el de Carlos Navarrete, dirigente nacional del Partido de la Revolución Democrática:
“No fuimos lo suficientemente cuidadosos y aceptamos que un candidato externo, que no era miembro del PRD, fuese candidato (…) Cometimos un error y pedimos perdón a la sociedad de Guerrero”, dijo la semana pasada.
Obvio, no fueron cuidadosos, como tampoco los otros de la coalición Iguala nos Une que apoyaron a José Luis Abarca Velázquez: Movimiento Ciudadano y Partido del Trabajo.
Ambas agrupaciones parasitarias permanecen agazapadas, poniendochanguitos y escuchando “¡Al ladrón, al ladrón!”, a sabiendas de que Morena, el partido de su redituable y recurrente gallo a la Presidencia (Andrés Manuel López Obrador), destapó como precandidato a la gubernatura de Guerrero a Lázaro Mazón, padrino político del alcalde prófugo.
Y aguas: también el PAN y el PRI son impulsores de un número impreciso de presidentes municipales en santuarios de la delincuencia organizada, como se constata en amplias regiones de Michoacán, Guerrero, Veracruz, Chihuahua, Tamaulipas o Sinaloa…
CIRO GÓMEZ LEYVA LA HISTORIA EN BREVEDe los testimonios publicados, me conmovió especialmente el de Jorge Tizapa Legideño. Mejor dicho, el de la madre de Jorge Tizapa Legideño.
Jorge es uno de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. Tiene 20 años y una hija recién nacida. Acababa de ingresar a la escuela de magisterio, manejaba un microbús en la ruta de Tixtla a Atliaca y tenía un teléfono celular al que su madre le llama varias veces al día desde el fatídico 26 de septiembre. Pero la llamada no entra.
Tomo la historia de un estupendo trabajo publicado ayer en El País, aunque pude sacarlo de otros medios internacionales. Ayotzinapa, y acaso las ejecuciones de Tlatlaya, son desde hace dos semanas los temas noticiosos sobre México.
El gobierno del presidente Peña Nieto se empeñó en borrar la imagen de país violento y peligroso. Tuvo éxito, significativamente el año pasado. Luego sorteó la crisis de Michoacán, mantuvo a raya las malditas cifras de secuestros y prolongó el México’s moment con la hazaña de las reformas estructurales. Pero la realidad es jodidamente terca y fea.
Ayer también, Federico Berrueto escribió en estas páginas que el gobierno del presidente Peña Nieto no sabe qué hacer con la tragedia de Guerrero. Si eso es cierto, como parece, es un lujo que no puede darse. El tiempo asfixia. Es hora de eficacia política y policiaca. Ayotzinapa está demostrando que los muertos siguen importando en México y fuera de México. Y que, como machacaba el ex presidente Calderón, a los criminales hay que enfrentarlos con todo, aquí y ahora.
Sin tantos rollos sobre inteligencia y coordinación. Así sea a pedradas.
EXCÉLSIOR JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ RAZONESLa detención de Vicente Carrillo Fuentes es un hito en la lucha contra el narcotráfico. Ocupados con la tragedia de Iguala o con la violencia cotidiana que azota algunos lugares del país, se ha perdido de vista, no se le ha dado la importancia que merece a esta caída, sin tomar en cuenta que Vicente Carrillo fue parte fundamental, un iniciador clave, de esa violencia que hoy nos azota.
Cuando en 1997 muere Amado Carrillo Fuentes (la detención deVicente sirve también para desmitificar esa leyenda urbana que decía que Amado Carrillo en realidad estaba vivo) Vicente quiso asumir el mando del cártel de Juárez, que entonces era una suma de lo que ahora conocemos como Juárez, Sinaloa, los Beltrán Leyva, los grupos de Jalisco que encabezaba Ignacio Coronel. No lo logró: no tenía ni el peso, ni la historia de su hermano que, recordemos, terminó siendo asesinado por los médicos que lo operaron administrándole, una dosis de anestésico, dormicum, mucho mayor a la permitida.
Los médicos aparecieron muertos en tambos en la carretera a Acapulco, pero nunca se supo fehacientemente cuáles fueron las causas de su muerte. Las versiones entonces indicaban que Amado Carrillo, que había terminando amando demasiado los reflectores, pasaba ya demasiado tiempo en Buenos Aires y en La Habana, además de que la caída de personajes de su entorno como el entonces general Gutiérrez Rebollo habían dejado muy vulnerable su seguridad. A eso se sumó la versión de una disputa marital, en la que intervino, a favor de la esposa, un importante operador del cártel llamado Enrique González Quirarte. Su cuerpo decapitado en las afueras de Guadalajara fue una de las muchas venganzas que se produjeron después de la muerte de Amado Carrillo y de las primeras, con la de los médicos, que ordenó Vicente.
Pero todavía era 1997, el cártel quedó golpeado, pero siempre fue más unholding que un cártel. Se movía por estamentos horizontales, no verticales y sus diferentes partes siguieron funcionando. Durante un tiempo la relación de dos de sus principales personajes, El MayoZambada (asociado con El Azul Esparragoza) y Vicente Carrillofuncionó pero se fue deteriorando progresivamente en la medida en queVicente se quiso quedar con el control de toda la organización. Cuando en el 2001 se fuga El Chapo Guzmán, muy rápidamente reconstruye su relación con Zambada y comienza un alejamiento inevitable conCarrillo. Entonces comienza la lucha por controlar el paso de Juárez.
Esa ciudad es estratégica por su ubicación y comunicaciones para el paso de la droga: colocando la droga en Juárez o en El Paso, se accede con rapidez al centro y al este de los Estados Unidos. Durante años, los diferentes grupos, si querían pasar por Juárez, le tenían que pagar una cuota a los Carrillo Fuentes. En la época de Amado Carrillo, el llamadoSeñor de los Cielos utilizaba sus transportes, incluyendo su flotilla de aviones, para transportar cargamentos suyos y de sus socios, previo pago, por supuesto, de una alta comisión que fue subiendo año con año y que desde 1994 pasó de ser sólo en dinero a ser una parte del cargamento mismo. Eso es lo que hizo poderoso a Amado Carrillo.
Su hermano Vicente no tenía el mismo talento para los negocios pero manejaba mucho más la violencia y muy pronto los acuerdos se rompieron. Primero con los grupos de Guadalajara, luego con losValencia, un cártel que históricamente había estado ligado a Juárez y más tarde con todo el cártel de Sinaloa.
Ya estamos en 2004 y la guerra entre cárteles comienza a adquirir otras dimensiones. Y se dan tres hechos que convierten esos enfrentamientos en una vorágine de violencia: son asesinados en distintos ajustes de cuentas, Rodolfo Carrillo (hermano menor de Vicente y Amado) junto con su esposa, en Culiacán. Después es detenido El Mochomo, uno de los hermanos Beltrán Leyva en Culiacán, y más tarde es asesinado un hijo del Chapo Guzmán. Esas muertes y detenciones reconfiguraron todo el escenario: los Beltrán Leyva rompen con Sinaloa y se alían con Vicente Carrillo. Al mismo tiempo había irrumpido un grupo ferozmente violento que estaba creciendo, por la vía de las armas, todos los días: eran Los Zetas, originalmente al mando de Osiel Cárdenas. Su enemigo era el cártel de Sinaloa y por eso terminan aliados, también, con Carrillo y losBeltrán Leyva.
Para ese enfrentamiento ya no son suficientes los sicarios tradicionales: se necesita controlar territorios, la lucha ya no es por las rutas sino por las plazas. Los cárteles comienzan a contratar sicarios con formación militar (para contrarrestar o complementar la fuerza de Los Zetas) como los kaibiles guatemaltecos, mientras que incorporan a pandillas a las que arman hasta los dientes, desde las de la frontera norte hasta los maras que operaban en Los Ángeles y El Salvador. Es cuando la violencia se desata y estas pandillas y grupos comienzan a hacer de la extorsión, el secuestro, el robo su negocio cotidiano. Es el proceso en el que hemos vivido los últimos 14 años y del que Vicente Carrillo fue una figura clave.
LA JORNADA JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZ ASTILLEROLos esfuerzos declarativos de Enrique Peña Nieto, Miguel Ángel Osorio Chong, Luis Videgaray Caso y José Antonio Meade Kuribreña no han logrado convencer a centros foráneos de poder, donde se preguntan si el armado presuntamente histórico de las reformas sexenales tiene sustento estructural y viabilidad social. El México Salvaje, de cuyo catálogo sólo son episodios de más escándalo los casos de Tlatlaya e Iguala (pero no los únicos), puede terminar frenando las intenciones inversionistas de corporaciones que se alistaban a participar en el gran negocio que les ofrecía la administración peñista. Del alzar foráneo de cejas ante lo que sucede en el país dejó ayer constancia formal el grupo de embajadores de la Unión Europea en México, y ya antes diputados pertenecientes al parlamento de esa unión habían pedido que no haya más progreso en relaciones comerciales en tanto no se demuestre y garantice el pleno respeto a los derechos humanos en México.
Pero, en el frente interno, en medio de la innegable irritación social que pone en riesgo los mejores planes de los estrategas pinoleros, el peñismo está dedicado a tratar de sacar las mejores ganancias políticas de la crisis. Con desparpajo electoral, como si lo sucedido en Iguala fuese una excepción atribuible solamente a la izquierda, el PRI ha enderezado sus ataques contra el indefendible gobernador Ángel Aguirre Rivero (bueno, sí es defendible, por Los Chuchos como gerentes urgidos de rescatar del naufragio lo posible) y contra el presidente municipal con licencia, José Luis Abarca, buscando involucrar al otro partido de izquierda, Morena, en razón de las relaciones de entendimiento y promotoría que ese alcalde acusado de criminalidades varias tuvo con Lázaro Mazón, el secretario de salud del gobierno de Aguirre, que a la vez fue presentado en junio pasado por Andrés Manuel López Obrador ante medios de comunicación como el único precandidato que restaba (luego de que Luis Walton le habría dicho que prefería seguir como presidente municipal de Acapulco), para ‘‘en su momento’’ asumir la candidatura a suceder a Aguirre Rivero.
El fortalecimiento del control político a partir de la crisis de Iguala no se circunscribe al territorio guerrerense que el PRI quiere volver a gobernar con sus propias siglas (el espíritu priísta siguió presente durante el mandato de Aguirre Rivero, a pesar de la etiqueta de ‘‘izquierda’’). El impacto buscado va más allá, incluso con la pretensión de revivir los aires pactistas, pero ya no para ‘‘reformas estructurales’’. En concreto, Los Pinos impulsa (aunque voceros de los partidos fonomímicos hacen como que las ocurrencias son suyas) la idea de un pacto contra el crimen organizado, en el que PRI, PAN y PRD lleguen a acuerdos operativos para ‘‘combatir’’ esas expresiones de violencia criminal.
El nuevo pacto, se formalice o no, está impulsando la instauración de un arreglo que entregaría a Los Pinos el control de las postulaciones de candidatos de los partidos políticos. Muy preocupados, según eso, ante las revelaciones de las infiltraciones de ese ‘‘crimen organizado’’ en las candidaturas y el posterior ejercicio de cargos públicos, PAN y PRD están dispuestos (con la obvia complacencia del PRI) a que haya mecanismos de revisión de los perfiles de sus aspirantes para que el gobierno federal emita determinaciones aprobatorias o descalificatorias.
La ‘‘evaluación’’ de los candidatos a puestos de elección popular podría tener como referente nefasto el del ‘‘control de confianza’’ que durante años se ha ejercido en diversos cuerpos policiacos con resultados absolutamente negativos, sin reducir la colusión de agentes con el narcotráfico y bandos similares y permitiendo venganzas, manipulaciones y simulaciones. Ahora, el Cisen, es decir, la Secretaría de Gobernación y Los Pinos, tendrían en sus manos la capacidad de declarar viable o invalidar una precandidatura ‘‘de oposición’’ mediante el recurso susceptible de adulteraciones y exageraciones de atribuir a un aspirante indeseado conductas ‘‘sospechosas’’ de estar vinculado con el crimen organizado.
Un ejemplo de esos Méxicos disímbolos se vivió el mismo miércoles recién pasado en que una parte de la sociedad se expresó en distintos lugares del país y el extranjero por la masacre de Iguala. Mientras el dolor y la indignación se manifestaban en las calles, en los asientos del patio central del Museo Nacional de Antropología se reunía una porción de las élites que desean que nada cambie. La sesión fue irreprochable en términos culturales, pues se conmemoraba el medio siglo de existencia de ese museo con la participación de dos músicos de renombre mundial, Yo-Yo Ma y Carlos Prieto.
En la sesión hubo notable presencia de empleados de la Secretaría de Turismo que escucharon a su titular, Claudia Ruiz Massieu, pronunciar un discurso (también hablaron los directores del INAH, María Teresa Franco, y del Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa). Entre los 800 invitados estuvieron Emiliano Salinas Occeli, Cecilia Occeli, Josefina Vázquez Mota, Jorge Vergara, Enrique de la Madrid, Emilio Azcárraga Jean (de suéter gris con ribetes negros, entre la concurrencia de trajes formales) y Marcos Fastlicht (presidente del patronato del museo y suegro de Azcárraga Jean). Afuera, la protesta y la demanda de justicia en Guerrero y en todo México. En el Museo de Antropología, elucubraciones con la vista puesta en la candidatura para gobernar Guerrero a la que aspira la sobrina de Carlos Salinas de Gortari, la secretaria Claudia Ruiz Massieu.
Y, mientras Luisa María Calderón Hinojosa, Cocoa, ha sido destapada para Michoacán, ¡Hasta mañana!
Twitter: @julioastillero


