Oaxaca de Juárez, 29 de septiembre
MILENIO EL ASALTO A LA RAZÓN CARLOS MARÍNCon el prestigio merecidamente ganado que tienen los egresados de cualquiera de las escuelas superiores del Instituto Politécnico Nacional, es muy explicable que sus estudiantes se indignen ante la mera insinuación de que no podrán obtener un título profesional en las 55 carreras que han acreditado tanto a la institución en sus áreas clave de Ingeniería y Ciencias Físico Matemáticas, Ciencias Sociales y Administrativas, y Ciencias Médico Biológicas.
Lo asombroso es que se crea la patraña de que los cambios en el plan de estudios de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura o en el nuevo reglamento (aprobado por el Consejo Técnico Consultivo, donde toda la comunidad politécnica está representada) reducirán sus expectativas académicas porque dizque solo podrán graduarse como “técnicos”.
Ante la escalada que en pocos días está cobrando un movimientoestudiantil basado en tan falsa premisa y en vísperas del 2 de octubre, de dónde haya salido este redituable cuento parece ser ya lo de menos…
LA HISTORIA EN BREVE CIRO GÓMEZ LEYVALos hechos de Iguala el fin de semana mostraron por milésima ocasión la incapacidad de la mayoría de las autoridades y policías locales para aplicar la fuerza y someter a delincuentes y criminales.
La incompetencia de esas policías tiene al Ejército y a la Marina combatiendo a los criminales desde diciembre de 2006. Estamos hablando ya de ocho años. No quiero imaginar qué sería de México si, como vociferaban algunos el sexenio pasado (por cierto, no vociferan más), las fuerzas armadas se hubieran quedado haciendo “tareas de inteligencia” y pintando paredes en los cuarteles.
Noventa y cuatro meses en la lucha contra criminales profesionales es un riesgo extremo para cualquier ejército. Por eso sigo pensando que el mexicano, dígase lo que se diga, ha estado a la altura de las circunstancias. Incluso si terminaran de probarse las torturas y ejecuciones de 22 personas en Tlatlaya, que seguramente serían castigadas con dureza ejemplar en las instancias militar y civil.
El mexicano no es un Ejército genocida, no es un enemigo de su pueblo y sociedad. Lo ha demostrado estos ocho años. Se ha equivocado en ocasiones y abusado en algunos casos. Muy pocos para la dimensión de la guerra que pelea.
Lo escribí aquí el 9 de febrero de 2010 (en la estridencia de Felipe Calderón) y el 18 de febrero de 2013 (en el sigilo de Enrique Peña Nieto), lo repito hoy: “Como la mayoría de las policías locales sigue siendo una desgracia y los criminales se reproducen como en granja, al Ejército no le queda más que seguir en esta guerra maldita. Por tanto, cuidemos al Ejército”.
Ocho años.
EXCÉLSIOR RAZONES JRGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZPocos políticos he conocido más brillantes que José Francisco Ruiz Massieu. Ayer y hasta el día de hoy, me siguen sorprendiendo los políticos que a su capacidad de operación y su eficiencia logran unir una formación teórica sólida, en muchos ámbitos. Ruiz Massieu era uno de esos personajes con los que se podía hablar de casi todo y siempre lo importante era interesante.
Tenía, como todos, defectos y cualidades pero estoy convencido, lo escribí hace 20 años y lo creo hoy, que difícilmente México hubiera sufrido de la misma forma la crisis y los desencuentros que vivió a partir de diciembre del 94, si Ruiz Massieu no hubiera sido asesinado. No sé si, como le contaba Heriberto Galindo ayer a mi compañeroAndrés Becerril, de no haberse producido el atentado del 28 de septiembre, unas semanas después José Franciscohubiera sido secretario de Gobernación. No era fácil descifrar a un futuro presidente como Zedillo. De lo que estoy seguro es de que hubiera tratado de impedir, por sus formas y talento, que se dinamitaran, como ocurrió, los puentes políticos que unían a toda una generación de priistas, que terminó rota y dividida.
Conocí a Ruiz Massieu mucho antes de esa trágica mañana de septiembre. Era gobernador de Guerrero, debía ser 1989, y me abrió las puertas a una entrevista con su jefe, Juan Carlos Hinojosa, uno de sus hombres de confianza y un buen amigo, ayer y hoy. Entrevisté muchas veces a Ruiz Massieuy muchas otras lo busqué para analizar, on y off the records, la realidad del país. Casi siempre platicábamos en su magnífica biblioteca o en ocasiones le gustaba hablar mientras conducía su automóvil. Era un buen político y mejor operador, él mismo decía que era un gran amigo pero que podía ser un magnífico enemigo. Supo ser de los que le dieron una narrativa particular a todo el proceso del salinismo que quería que trascendiera en el tiempo. Supo, con el asesinato de Colosio, que el escenario había cambiado y trató de ser un puente entre el sexenio que terminaba y el que comenzaba, entre Salinas y Zedillo. El puente fue dinamitado aquella mañana y nunca se pudo volver a construir. El costo para el país fue altísimo y tuvo su punto culminante en una suerte de segundo asesinato deJosé Francisco: la investigación terrible, incalificable que encabezó Pablo Chapa Bezanilla. Me da profundo gusto ver que Claudia, la hija de José Francisco, esté teniendo un desempeño tan digno en la actual administración. Me imagino que José Francisco estaría orgulloso.
Los puentes personales difícilmente se reconstruyen, pero los políticos, sí logran volver a elevarse. Pocas veces hemos escuchado un discurso tan entusiasta sobre México y sobre las perspectivas de la región de América del Norte, como el que el pasado 23 de septiembre hizo Henry Kissinger en la presentación del presidente Enrique Peña Nieto, cuando le fue otorgado un reconocimiento como estadista mundial.
El exsecretario de estado con Nixon y Ford ha sido figura clave en la política internacional por décadas: su logro más importante fue poder, en forma simultánea, colocar los cimientos para acabar con la guerra de Vietnam y al mismo tiempo, abrir las relaciones de Estados Unidos, y Occidente, con China: un paso diplomático que cambió el mundo.
Pues bien, Kissinger al presentar a Peña hizo una precisa descripción de la relación con México, recordó que ha tratado con ocho presidentes mexicanos, desde Díaz Ordaza Peña Nieto y destacó cómo ha ido cambiando nuestro país a lo largo de todos esos años. Para Kissinger, la única zona del mundo que se ha librado de conflictos graves, que ha logrado mantener su competitividad económica y una estabilidad y paz ciertas es América del Norte. En ese contexto colocó la importancia fundamental del Tratado de Libre Comercio, como piedra angular de todo el proceso y ante la coyuntura que vivimos llamó no sólo a ampliar y darle una base mucho más amplia a esos acuerdos económicos y comerciales, sino también invitó a los Estados Unidos a tomar ejemplo de México: destacó cómo en una época difícil, de transformaciones, de necesidad de modificaciones profundas, México logró cambios, sobre todo en el terreno energético (que dijo que marcaron siempre una limitación para todos los anteriores gobiernos mexicanos) arriesgados y políticamente complejos que los Estados Unidos no han podido o querido lograr.
Kissinger siegue siendo un hombre de enorme influencia en Estados Unidos, no sólo entre los republicanos, sino también en las alas demócratas moderadas, como la que encabezaHillary Clinton. La apuesta debe ir en la dirección queKissinger propone: profundizar una relación trilateral en América del Norte que fortalezca la región como la más liberal, la más sólida y competitiva de las regiones del mundo, con gobiernos democráticos y sistemas abiertos para las mercancías y las personas. La idea que primaba hace 20 años cuando los puentes fueron dinamitados.
LA JORNADA ASTILLERO JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZCiertas amarras parecen haber sido soltadas luego de que se consiguieron esas autorizaciones legislativas. Pareciera que ahora, cuando ya no es tan necesario cubrir las apariencias, EPN estuviese dispuesto a actuar conforme a sus motivaciones reales, a demostrar que mantendrá su diseño reformista al costo que sea y que aplicará mano dura en cuantos casos sea necesario. Sería la inauguración del neoatenquismo, es decir, la irrupción del verdadero espíritu represor que en el estado de México tuvo como momento cumbre las acciones policiacas contra pobladores opuestos a la construcción de un aeropuerto federal en sus tierras. Espíritu retadoramente reivindicado por Peña Nieto frente a un auditorio estudiantil de la Iberoamericana que le era altamente crítico. Podría ser, también, que la administración peñista esté llegando a niveles de ineficacia que le impiden manejar los hilos de los poderes en todo el país. O que grupos priístas inconformes con el grupo dominante estén moviendo piezas explosivas en un tablero de familia para demandar mejores rebanadas del reparto en curso.
En ese contexto viscoso y amenazante se ha producido en Iguala la acción contra alumnos de la escuela normal rural de Ayotzinapa por parte de policías y ‘‘pistoleros’’ (¿bandas gobiernistas al estilo de los halconesecheverristas?, ¿bandas ‘‘amigas’’ del crimen organizado que acuden en ‘‘apoyo’’ de los gobernantes para hacer el trabajo sucio?) Ángel Aguirre Rivero, priísta de corazón, gran amigo de Peña Nieto, impulsado por Marcelo Ebrard y ahora aliado de Los Chuchos, mantiene a Guerrero en una zozobra permanente, amarrado a la demagogia como único presunto salvavidas personal y familiar (su hijo será presentado por el perredismo como candidato a presidente municipal de Acapulco). A su vez, el alcalde de Iguala, Jorge Luis Abarca, es un aliado político del gobernador Aguirre.
En tales condiciones resulta difícil creer que lo acontecido en Iguala pudiera haber estado fuera del alcance natural de control político de las autoridades estatales y municipales. Tres ataques en distintos lugares y a diversas horas. Balas expresamente dirigidas contra vehículos que se sabía que habían sido ‘‘tomados’’ por normalistas. Ataque mortal contra jóvenes futbolistas que viajaban en autobús. Decenas de heridos y desaparecidos. El estremecedor hallazgo del cuerpo de un joven, presuntamente también normalista, con la piel del rostro levantada. Y apenas unas horas después, el asesinato en Acapulco del secretario general del comité estatal del Partido Acción Nacional, Braulio Zaragoza Maganda Villalba.
Los normalistas rurales de Ayotzinapa buscaban recursos, incluso autobuses, para participar en los actos del próximo 2 de octubre. Tan brutal represión en Guerrero atiza el fuego y agrega motivos a quienes creen que los caminos institucionales están cerrados y es preferible la acción violenta. También, desde luego, aviva a infiltrados y provocadores. Pero no es el único combustible lanzado desde ámbitos gubernamentales a la hoguera juvenil.
Otro ejemplo: en cuestión de días se ha multiplicado la inconformidad de estudiantes del Instituto Politécnico Nacional contra cambios en planes de estudio y un reglamento general. La directora de la institución, Yoloxóchitl Bustamante, no ha mostrado un talante convincentemente conciliador. Ha anunciado que los cambios académicos se posponen por un año, pero no que se cancelan. Y que el reglamento interior se sostendrá. Sus declaraciones en entrevistas periodísticas han acentuado la suposición de la directora Bustamante de que las protestas no son realmente académicas y que son movidas por factores ‘‘externos’’.
Luego, para referirse a la posibilidad de que la masacre de Tlatlaya hubiera sido realizada por militares, Miguel Ángel Osorio Chong recurrió a una muletilla largamente utilizada por ocupantes del poder para tratar de quitarle filo a sucesos conflictivos. De haber sucedido así, dijo el secretario de Gobernación, habría sido un ‘‘caso aislado’’.
No es cierta esa pretensión individualizadora, pues a lo largo del país y de manera sistemática en años recientes se han producido episodios en los que bandas de presuntos delincuentes son ‘‘abatidas’’ por soldados que apenas reportan una que otra herida en sus filas, en un proceso de arrasadora ‘‘limpieza social’’ que considera irredimibles a los miembros de grupos de delincuencia organizada y por tanto prefiere la eliminación directa, expedita y ejemplarizante.
En Tlatlaya se está en presencia de un caso que ha sido documentado en la prensa extranjera y nacional pero, como ése, hay múltiples episodios oscuros con tufo a ejecuciones como política oficial. La detención de un oficial y siete soldados no es suficiente ni aceptable, pues los elementos castrenses presuntamente responsables de los fusilamientos de Tlatlaya deben ser sometidos a la justicia del fuero común (total, es la PGR) y no al fuero militar de complacencias corporativas. Triste papel, por cierto, del presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Raúl (com)Plascencia(s), quien se avino rápidamente a la versión del ‘‘choque’’ o enfrentamiento entre presuntos narcotraficantes totalmente eliminados y un Ejército virtualmente inmune. Y, mientras Gustavo Madero pide licencia en la presidencia del PAN para ser candidato a diputado federal, ¡hasta mañana!
Twitter: @julioastillero