Oaxaca de Juárez, 13 de enero
MILENIO CARLOS MARÍN EL ASALTO A LA RAZÓNLas agresiones en Guerrero contra militares responden al cuentazo de un par de pillastres que propalan la “hipótesis científica” (dos últimos domingos en La Jornada) de que los normalistas de Ayotzinapapudieron haber sido “incinerados en crematorios modernos del Ejército, o de empresas privadas, con instalaciones suficientemente grandes ycon morgue…”.
Pese a que las evidencias periciales criminalísticas y criminológicas apuntan hacia sanguinarios narcotraficantes, el embuste lo atiza también un ex militar que fue procesado por defraudar al Ejército, pero que medra con la patraña de haber sido “preso político”: José Francisco Gallardo.
Este falso “defensor de los derechos humanos” afirma que en la prisión del Campo Militar Número Uno hizo un descubrimiento indigno deTeatro Fantástico: “Me recargué en la pared y se sumió, le quité el tapiz, y allí estaban los hornos crematorios, como los que se ven en Auschwitz…”.
Lo cierto es que los servicios mortuorios del Ejército incluyen, sí, la cremación de cuerpos, pero… en funerarias particulares.
Por lo mismo, ¡aguas con los carroñeros!
cmarin@milenio.com
EXCÉLSIOR JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ RAZONESEsa fue la idea que movió a los millones de mujeres y hombres que se movilizaron el domingo en París y en varios otros lugares de Francia para condenar los atentados contra el semanario Charlie Hebdo, pero, sobre todo, para reafirmar los principios de libertad, democracia y los derechos de la ciudadanía, algo particularmente relevante en el país que dio al mundo la declaración universal de los derechos humanos.
Los atentados del islamismo radical, de grupos como Al Qaeda o el Estado Islámico buscan sembrar el terror y ejecutar venganzas, pero, por sobre todas las cosas, quieren acabar con esas libertades y esos derechos que constituyen sus peores enemigos. No hay, no puede haber, justificación alguna para este tipo de crímenes, mucho menos la religión. Se trata, simplemente de buscar conservar privilegios, construir o mantener sociedades basadas en la discriminación, la violencia y la intolerancia.
De alguna forma la marcha del domingo significó una reafirmación de la civilización europea, sus derechos, libertades y principios en los que la violencia y la intolerancia simplemente no tienen espacio. Los millones que marcharon lo hicieron acompañados por medio centenar de jefes de Estado o de Gobierno, incluyendo los mandatarios de Israel y de la Autoridad Nacional Palestina. Para nadie hubo dudas: los enemigos de sus países y sus sistemas de vida son claros, están identificados y esa claridad es la que permite la unidad de tantos personajes con intereses en muchas ocasiones divergentes. Es motivo de orgullo y también de optimismo: es, como se ha recordado mucho en estos días, la lucha de la civilización contra la barbarie.
Es motivo de orgullo y optimismo, pero también, en nuestro caso, de profunda insatisfacción. No estamos demasiado lejos de la barbarie planteada por los grupos islamistas. En realidad estamos demasiado cerca. Ellos esgrimen una coartada religiosa que es tan falsa como cualquier fanatismo. En nuestro caso, nuestros criminales ni siquiera tienen que esgrimir algo que vaya más allá de sus propios intereses. Pero los nuestros también decapitan, secuestran, matan, lo hacen con absoluta frialdad y los objetivos son los mismos: exigen impunidad, y quieren sembrar el miedo, el terror, acabar con los mecanismos de respuesta social de una comunidad, un estado, un país.
Como los que actuaron en las Torres Gemelas o ahora en París, así lo hicieron nuestros propios terroristas en Iguala, y lo han hecho una y otra vez en distintos lugares del país, se pueden llamar Guerreros Unidos, Rojos, Zetas o Chapos, pero terminan actuando igual que aquellos que hoy el mundo civilizado repudia.
La pregunta es por qué no existe esa misma condena, de esa misma magnitud, en nuestro caso, porqué no existe una visión conjunta que vaya más allá de los partidos, las ideologías, los gobiernos. El caso Iguala lo demuestra: quiénes son los asesinos en Iguala es claro, las causas, síntoma de la barbarie, también. La intención de politizar hasta caricaturizar el caso, de explotar a familiares hasta llegar a sustituirlos, de no querer aceptar una investigación que muestra con claridad lo sucedido, es como si en Francia en estos días hubiera quienes estuvieran organizando manifestaciones porque no se detectó la actividad de los asesinos del semanario a tiempo, aún sabiendo que eran simpatizantes yihadistas; como si se estuvieran haciendo bloqueos culpando al Elíseo de haber provocado la muerte de los 17 jóvenes o simplemente diciendo que Hollande es el responsable directo de las mismas. Es como si se reclamara que los dibujantes o los clientes del supermercado atacado fueran presentados con vida cuando lamentablemente están muertos.
Todo eso hemos vivido en México en las últimas semanas: por supuesto que la sociedad francesa evaluará lo actuado por sus autoridades y premiará o castigará en las próximas elecciones ese desempeño, pero todos tienen claro (hasta el poco presentable Frente Nacional) quiénes son los verdaderos adversarios, contra quienes hay que luchar. En nuestro caso no es así: todos hablan de la violencia, del crimen, pero no quieren enfrentarlo ni se plantea un castigo estricto a quien vulnere las normas. Tenemos a los verdaderos responsables frente a nuestras narices y preferimos ver si la culpa la tuvo Calderón por combatirlos, Peña por no detenerlos a tiempo o el PRD porque Abarca y familia fueron sus candidatos. Todos ellos tendrán que asumir, para bien o para mal, sus responsabilidades políticas por sus decisiones o ausencia de ellas. Pero los enemigos son otros, están identificados, son públicos, actúan muchas veces con la impunidad que le dan los grupos que, de una u otra forma, los solapan o los usan para justificar sus propios crímenes e intereses. Y lo hacen apelando también a la violencia y la intolerancia. No terminamos de comprender que la nuestra es también una lucha de la civilización contra la barbarie.
LA JORNADA JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZ ASTILLEROcastigarlo).
Ayer, el enojo (en proceso de radicalización) del movimiento de familiares de los normalistas aún ahoradesaparecidos
pasó de las pintas y el ataque verbal a niveles de confrontación física que siendo aún menores (cuatro heridos) no dejan de ser muy preocupantes, por cuanto significa la decisión abierta de un segmento social representativo de confrontar incluso en términos directos a las fuerzas armadas mexicanas, acusadas de negarse a permitir que observadores confiables puedan visitar sus instalaciones para verificar que allí no están los estudiantes de Ayotzinapa y pilladas incluso en flagrante mentira luego que oficialmente dijeron que no cuentan con hornos crematorios que sí existen y funcionan, según distintos testimonios e información de las propias fuentes del Ejército.
El arribo de la encendida protesta social a las puertas de los recintos militares (también hubo ayer protestas en la ciudad de México y en otras ciudades, siempre en exigencia de apertura de puertas a la investigación civil sobre los normalistas) coloca en situación difícil a las fuerzas armadas que a su excesiva exposición contaminante ante el fenómeno del crimen organizado han agregado durante el peñismo el injustificable silenciamiento y sometimiento ante lasautodefensas
promovidas en Michoacán por la administración federal en absoluto rompimiento del estado de derecho, convertidos los mandos y los efectivos verde olivo en cuidadores de las movilizaciones y acciones de grupos que han actuado contra toda norma jurídica, incluso dedicadas durante meses talesautodefensas
a labores irregulares devigilancia
armada y de sumariaimpartición de justicia
.
Lo sucedido ayer en Iguala, con vehículos pesados que fueron enfilados contra un portón, y el desigual ataque
civil con piedras y botellas contra el cuartel militar, dejó un saldo venturosamente menor en comparación con lo que podría suceder si la Secretaría de la Defensa Nacional decidiera actuar con energía frente a manifestantes desbordados. Rozar el filo de la tragedia; sin embargo, será un riesgo constante mientras el poder militar no permita que haya satisfacción a la fundada exigencia de familiares de los jóvenes desaparecidos de que se puedan revisar instalaciones donde históricamente han sido confinadas las víctimas de lo que se da en llamarguerra sucia y que se constaten las pautas de funcionamiento de los crematorios castrenses que sí existen aunque en primera versión la Sedena lo hubiera negado y que constituyen una pista indagatoria obligada en el contexto de la fallida versión del procurador Jesús Murillo Karam respecto a la presunta incineración criminal de 43 cuerpos a cielo abierto, sin combustible ni material adecuado y sin que la enorme pira fuese detectada por alguna de las múltiples vías informativas de que disponen los mandos militares regionales por otra parte tan bien llevados con los esposos Abarca-Pineda, los presuntos primeros responsables de lo sucedido en Iguala y luego en Cocula.
Pero, mientras continúa elevándose el grado de las protestas por Ayotzinapa (luego de la arremetida de policía militar antimotines y policía estatal ayer en Iguala, los inconformes quemaron vehículos pertenecientes a firmas comerciales), el mundillo de la representación política cabalgaba a contrapelo, convencidos los partícipes de ese gran negocio de repartición de cargos, dietas, compensaciones,moches
y privilegios varios, de queel show debe seguir
. No hay mayor preocupación para la clase política actual que los registros de precandidaturas, los cálculos electorales, las estimaciones en cuanto a financiamiento regular e irregular de las campañas por venir, las negociaciones para regatear y canjear y la preservación del estatus cómodo de partidos, dirigentes, candidatos, legisladores y gobernantes.
Así, por ejemplo, Margarita Zavala, esposa de Felipe Calderón, decidió, sin éxito, buscar una candidatura a diputada federal por la vía preferida por los miembros de esas dos familias para llegar al Congreso, la de la representación proporcional, en listas plurinominales (es decir, no por una mayoría de votos ganada en competencia abierta, sino a través de los arreglos cupulares). Al apuntarse en busca de esa concesión de la dirigencia panista (con Ricardo Anaya formalmente al frente, aunque el mando verdadero, listo a regresar por unos meses al timón, lo tiene Gustavo Madero), Zavala pretendía revivir el maltrecho calderonismo y perfilarse como presunta candidata presidencial para 2018. No deja de ser altamente significativo que la ocupante de Los Pinos durante un sexenio, con recursos y posicionamiento publicitario muy amplios, presunta aspirante a coordinar a los diputados panistas y eventualmente a buscar la Presidencia de la República en 2018, se haya negado a competir por el voto directo, es decir, por una curul de mayoría, y prefiriera intentar las delicias de una plurinominal sin riesgo de derrota. Sin embargo, por la noche la Comisión Permanente blanquiazul la rechazó como candidata a diputada pluri.
Otro caso interesante es el del senador perredista Armando Ríos Píter, quien a pesar de su condición puntera en las encuestas hasta ahora difundidas optó por zafarse de la contienda o, al menos, por anunciar que no buscará
la candidatura a gobernador de Guerrero, entre argumentaciones que dejan mal parada a la vapuleada dirigencia del sol azteca a cargo de Carlos Navarrete.
Y, mientras se deja constancia, para los desafectos a que haya lugar, de que algún duendecillo pinturero cambió ayer uno de los sumarios astilladores, así que aparecióChuchos contra López Obrador
, cuando el texto original enviado por este columnista picabuches rezabaChuchos contra López Dóriga
, ¡hasta mañana!
