Oaxaca de Juárez, 6 de enero
MILENIO CARLOS MARÍN EL ASALTO A LA RAZÓNSe dice que, invitado a Michoacán por Diego Rivera, André Breton requirió una mesa de trabajo y el carpintero se la entregó igual a como el francés la dibujó… ¡en perspectiva!
De no ser cierta, la anécdota es tan buena que merece darse por tal, pues al pionero del movimiento que busca trascender lo real a partir del impulso psíquico de lo imaginario y lo irracional se le atribuye haber exclamado que la paternidad del surrealismo no era suya, sino de los mexicanos.
En apoyo del diagnóstico está el punto y aparte de ayer en la historia interminable de absurdos que se escribe en Michoacán: como sucedió con Hipólito Mora el sábado reciente, Luis Antonio Torres (Simón El Americano) fue trasladado a un penal federal, concediéndole un trato de visitante distinguido, pero no de probable multiasesino.
Ambos líderes y sus institucionalizados paramilitares se agarraron a balazos el 17 de diciembre; se les invitó a entregarse, lo hicieron más de diez días después, y lo surrealista se vuelve ya de manicomio: sus abogados están considerando unirse para una defensa común ¡de losenemigos…!
CIRO GÓMEZ LEYVA LA HISTORIA EN BREVEPara nada es una sorpresa que el mensaje de año nuevo del presidente Peña Nieto no ganara interés en las portadas de los principales diarios. Fue un mensaje malo en contenido y malo en las formas.
El contenido. Siete acciones a “favor de la familia”, cinco de las cuales eran conocidas (tarifas de luz, precio de los combustibles, llamadas nacionales, televisores digitales, apoyos a Guerrero, Oaxaca y Chiapas); una vaga promesa empresarial para los jóvenes y un difuso anuncio de desarrollo de la vivienda. Un elogio a las reformas que son la “transformación más profunda de México…” y una promesa, una más, de combatir la corrupción y la impunidad. ¿No había otra cosa que ofrecer?
La forma. Una edición con increíbles saltos al estilo de un bloguero pobre sin final cut. Un plano medio que alejaba al personaje que, aparte, portaba un saco que se le veía grande. Tomas cerradas que no calentaron la pantalla. Al fondo, unos libros empastados, como de leguleyo a punto de la jubilación. Y, sobre todo, un Presidente de ojos tristes.
Se entiende que enero de 2015 sea un momento muy complicado para vender futuro. Pero lo del domingo en la noche fue un poco lastimoso: el discurso de un Presidente sin un lenguaje contemporáneo que dé confianza y credibilidad.
¿Quién está cuidando la imagen de Enrique Peña Nieto? Parecería que lo dejaron a la deriva. Porque esa figura que trataron de vender el domingo carece de virtudes. Sin ideas, sin emociones, se perdió el jefe de Estado y se extravió el histrión.
Un Peña Nieto que no tiene que ver con la noción de fascinación.
EXCÉLSIOR RAZONES JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZLa frase aparece un poco perdida en el mensaje que ofreció el presidente Peña Nieto el 4 de enero pasado. Luego de anunciar una serie de medidas económicas que podrían ayudar a una parte de la población a sobrepasar un 2015 que se antoja desde ya difícil, el Presidente aseguró: “Estaré más cerca de la gente”. Puede parecer una frase más, un simple protocolo de inicio de año, pero la realidad es que el mandatario ha estado estos dos años lejos de las personas y ahí reside, como hemos dicho muchas veces, buena parte de los problemas que se le han presentado a esta administración.
La lejanía de la gente en la política (o en muchas instituciones eminentemente sociales) es mortal. Existe una diferencia decisiva entre, por ejemplo, el papa Benedicto y el actual, Francisco; pero no creo que piensen teológicamente en forma muy diferente, pero con el primero la iglesia estaba rebasada y parecía en crisis permanente, con el otro parece haber renacido por el discurso, por las formas pero sobre todo por la cercanía con la gente: “A la iglesia le falta cercanía con la gente y sus problemas”, le dijo Francisco a un periodista argentino hablando sobre cómo abordar temas como el divorcio o los matrimonios de personas del mismo sexo. Más allá de cualquier opinión, no habló de teología, sino de la forma de enfrentar los problemas.
Pero cuando hablamos de política esa necesidad es más urgente aún. Desde la lejanía, o desde las burbujas que las propician, cuando no existe ese contacto (por más que se realicen muchos actos masivos), tampoco puede existir la comunicación que un político, un funcionario, un presidente requiere con su gente. De eso trata la comunicación en la política.
Se dice que estamos en una época de regreso de los populismos, se exhiban como de derecha o de izquierda. En parte es verdad: no hay más que mirar alrededor, desde la Venezuela de Maduro que se desmorona, hasta la Bolivia deEvo Morales, que hace girar los relojes al revés para recordarnos su visión de la marcha de la historia. Pero no sólo en América: también en Europa, donde agrupaciones como Podemos en España se erige como alternativa a los partidos tradicionales, con un discurso bastante confuso; o en Francia, donde el Frente Nacional, con un populismo engendrado desde la extrema derecha se ha convertido en la primera fuerza del país. En Grecia, llevará a ese país afuera de la zona euro, en Holanda y en Suecia aparecen desde el espectro de la derecha radical y en Italia giran, todavía, en torno a personajes como Silvio Berlusconi, siempre denunciado y todavía vigente. No hablemos de la locura personificada en el Tea Party y algunos exponentes, irracionalmente exitosos en la política estadunidense, tan bien representados por la información política de la cadena Fox o la candidatura pasada de Sara Palin.
En buena medida eso se explica, por supuesto, por la crisis económica que hemos vivido desde el 2008 a nivel global, pero también porque en la política tradicional, de derecha o de izquierda, ha habido una lejanía constante y cada vez mayor de la gente y de sus expectativas. Se han tomado medidas técnicas que estabilizan las economías pero se han olvidado de la gente y sus economías cotidianas. Las haciendas pueden estar estables, pero las sociedades no y con la idea de no combatir el populismo se ha dejado de hacer una política abierta y, en el mejor sentido de la palabra, popular.
Muchos comienzan a darse cuenta de ello: Obama, que llegó al poder basado en su comunicación con la gente, la ha ido perdiendo por no responder a sus expectativas: hoy busca aumentar el salario mínimo o rediseñar una estrategia promigrantes, cuando perdió muchos años en tomar decisiones populares. En Francia, François Hollande tuvo que quedar con índices de aprobación menores al 15 por ciento para decidir olvidarse, o por lo menos dejar de lado los aspectos más duros, de una política fiscal que castigó tanto a la clase media como a la alta y al consumo y, por lo tanto, terminó afectando a todos.
Nuestros problemas sin duda son muchos, es difícil hasta empezar a enumerarlos, pero ninguno supera la caída de las expectativas por el deterioro de la economía cotidiana y eso, en ocasiones, no se entiende porque se ven las cifras macroeconómicas, sin duda positivas, pero sencillamente no se habla con la gente para ver cómo la está pasando o cómo espera que le vaya. Cómo se refleja la macroeconomía en la vida cotidiana.
Hizo bien el presidente Peña anunciando que estará más cerca de la gente en un mensaje navideño donde anunció medidas económicas que pueden ayudarla en su vida cotidiana. Quizás si esa cercanía se vuelve más regular se terminará de comprender que siendo positivo lo anunciado falta aún, en la forma y en el fondo, más contundencia para que ese buen intento se torne percepción. Decía Einstein que “la mente es como un paracaídas, sólo funciona si se abre”. Es hora de abrir muchos paracaídas en el escenario nacional
LA JORNADA ASTILLERO JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZEl entendimiento global de las consecuencias locales (lo más reciente, la Grecia amenazada de expulsión de la zona euro, si el próximo 25 decide en urnas dar un giro a la izquierda y busca la renegociación o el incumplimiento de obligaciones comunitarias) se desdibuja en México por la creciente convicción social de que la administración peñista pareciera no valorar a plenitud lo que sucede a su alrededor y que no es capaz de diseñar un plan viable para enfrentar la descomposición económica en curso. En lo político, Los Pinos se mantiene en un pasmo difícilmente explicable ante el caso Iguala, con el principal vocero del grupo en el poder, Enrique Peña Nieto, aferrado a guiones escleróticos, redundantes y contraproducentes, como el leído la noche de este domingo a propósito del Año Nuevo.
Y en lo económico, el presunto cerebro del bando mexiquense, Luis Videgaray, sigue acumulando puntos negativos, con una reforma fiscal que ha provocado reacciones adversas en empresarios y contribuyentes en general, con un desbordado ánimo recaudatorio que no se refleja en obras y servicios gubernamentales transparentes y eficaces y, para colmo, involucrado ese mismo secretario de hacienda en el esquema de innegable conflicto de intereses al ser otro de los adquirentes en condiciones privilegiadas del catálogo de casas con tufo a soborno que en puntos claves del organigrama burocrático y afectivo de Los Pinos ha colocado el empresario Juan Carlos Hinojosa.
Ningún plan genuino de salvación de la economía nacional puede provenir de una plantilla de altos funcionarios públicos dedicados a la satisfacción de sus intereses grupales, familiares e individuales. La impunidad persistente sólo garantiza la repetición de conductas tan permitidas que parecieran parte de un manual obligatorio de operaciones con recursos públicos. Por ejemplo, el caso de la asignación tramposa de un cuantioso contrato para tender un tren ligero de la capital del país a Querétaro. A pesar de que el propio Peña Nieto descalificó el procedimiento original, no ha sido tocado ningún funcionario, mucho menos el secretario de comunicaciones y transportes, el protegido Gerardo Ruiz Esparza, miembro del cártel mexiquense de la política y los negocios. Incluso a la hora de anunciar presuntas correcciones, ese gobierno federal ha hecho saber a título autoritario, sin mostrar fundamento legal para esas palabras (fundamento que sólo podría provenir de la instauración de demandas y la sujeción a proceso penal de los funcionarios presuntamente responsables), que ahora no podrán competir por sí mismas, ni en alianza con otros grupos, las empresas locales del contratista favorito y corruptor inmobiliario, el antes citado Juan Carlos Hinojosa, ni aquella en la que participa un cuñado de Carlos Salinas de Gortari.
La combinación de factores críticos coloca a la administración peñista en una situación peligrosa, por tal coctelería en sí y, en especial, por la marcada incapacidad del grupo en el poder para diseñar propuestas y alternativas que muevan a esperanza de mejoría o de buena protección. Por otra parte, esa facción ocupante de Los Pinos ya está más concentrada en la resolución de sus necesidades electorales (destinando recursos y tiempo que deberían aplicarse a los fines gubernamentales verdaderos), convencida de que los problemas en curso no tienen una solución rápida ni aceptable pero que para enfrentar las derivaciones de esas crisis acumuladas debe fortalecer
su plataforma de representatividad
política y social (aumentar su mayoría en la cámara federal de diputados, conservar la mayoría de las gubernaturas en contienda aunque cediendo un par de ellas a sus aliados del PAN y el PRD), con lo que podrá desplegar en mejores condiciones formales sus artificios propagandísticos y, cuando llegue el momento, el uso de la fuerza pública contra protestas desbordadas.
Sigue el riego por goteo en el caso Iguala. A pesar del sabido y documentado papel dominante que ejerció en el gobierno municipal que encabezaba su esposo, José Luis Abarca, apenas ayer se inició el procesamiento judicial de María de los Ángeles Pineda Villa, quien fue mantenida bajo arraigo durante largas semanas y ahora ha sido consignada por la presunción de que cometió otros delitos, no específicamente los relacionados con los normalistas de Ayotzinapa. Lo que hace la administración peñista es dosificar para aparentar que se van cumpliendo
etapas y se busca
la justicia.
Pocas cosas rescatables van quedando luego del batidillo organizado por el peñismo en Michoacán, con grupos de autodefensa inducidos desde Bucareli, comisionados facciosos, líderes
zigzagueantes en sus relaciones con los poderes estatal y federal, armamento y dinero proporcionados en varios casos por bandos criminales, y la utilización del aparato judicial para encarcelar, liberar y condicionar, según sean los expedientes en turno. La exaltación del médico Juan Manuel Mireles (figura a la que en esta columna siempre se llamó a analizar con reservas) se ha diluido sin mayores consecuencias (la defensa popular fue efímera, y la jurídica devino en candidaturas electorales, como oportunamente se advirtió aquí) y ahora otro héroe
de apariencias, Hipólito Mora, enfrenta una pesada acusación que pretende mantenerlo largamente en prisión.
Y, mientras dos políticos desfondados se reúnen en Washington con la pretensión de aparentar que algo trascendente pueden hacer para solucionar sus problemas, ¡hasta mañana, con las protestas, que no cesan, por los normalistas desaparecidos y en demanda de investigaciones a fondo (que incluyan instalaciones militares y sus crematorios) y castigo a los verdaderos culpables de lo sucedido!
Twitter: @julioastillero
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