Oaxaca de Juárez, 16 de enero
MILENIO EL ASALTO A LA RAZÓN CARLOS MARÍNSi la “búsqueda” de los normalistas de Ayotzinapa en instalaciones militares (hay más de 400) será en un solo establecimiento, a tiempo se está de evitar que un panchero arrebato de delirio se vuelva esquizofrenia.
El secretario de Gobernación reveló (Joaquín López-Dóriga, Radio Fórmula) que desde diciembre se abrió a la CNDH y a los familiares de los estudiantes la posibilidad de “visitar exclusivamente el cuartel militar de Iguala”, pero que no hubo respuesta por parte de los deudos.
Por eso ahora, “para quitar pretextos y polarizaciones”, se les volvió a invitar.
Sin embargo, la precisión sobre el alcance de la insensata “búsqueda” no garantiza que los interesados en implicar al Ejército en ese crimen masivo hallen a los desaparecidos, ya que una revisión seria y minuciosa no abarcaría únicamente cada edificación, cada vehículo, cada azotea, cada cisterna, sino… ¡la destrucción misma del cuartel!
Y es que el sospechosismo quedaría bajo los pisos y cimientos de los edificios, así como en suelo y subsuelo de todas las áreas verdes, calles y veredas…
EXCÉLSIOR RAZONES JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZLos hechos del lunes pasado son inadmisibles. En ningún lugar del mundo se puede atacar una base militar con tanta violencia y esperar que los atacantes queden impunes. El ataque de la CETEG y supuestos familiares de Iguala no fue ninguna acción espontánea: quienes atacaron con bombas molotov y arrojaron un camión de doble remolque (robado) contra las puertas del cuartel, no eran más de 200 personas, todas con el rostro cubierto y realizando una acción obviamente concertada. A eso iban. Algo similar ocurrió, al mismo tiempo, en otra instalación militar en Chilpancingo.
La respuesta institucional a ese ataque fue una nueva reunión con los familiares (y con quienes se presentan como tales aunque no lo sean) en la que, entre otras cosas, se acordó permitir la entrada a los cuarteles de la zona “en forma ordenada” y con autorización de las propias autoridades militares. Al mismo tiempo, se invitó a la CNDH a revisar las instalaciones militares. Todo para que se compruebe que no hay sentido alguno al decir que los jóvenes de Iguala están encerrados en algún cuartel.
Antes de llegar a ese punto habría que insistir en algunas particularidades. El primero, y principal, es saber en qué se sustenta la idea de que los jóvenes pudieran estar en algún cuartel o que alguna autoridad militar participara en los hechos de Iguala. No hay el más mínimo dato en este sentido. Es un invento que no tiene sustento, como ya no lo tienen ninguna de las últimas acciones de estos grupos en la supuesta búsqueda de los jóvenes. Segundo, que los encuentros con los familiares deberían ser sólo con ellos: con quienes sean realmente familiares, ni los voceros, ni quienes se ostentan como los representantes legales, lo son de víctima alguna. Una cosa es platicar y entender la desesperación de un familiar de un desaparecido y otra negociar con líderes de organizaciones radicales que tienen su propia agenda y se hacen pasar por familiares sin serlo. Tercero: esas visitas deben realizarse acompañados por funcionarios de la CNDH u otros testigos sociales, porque sabemos que se puede fabular y mentir demasiado en estos temas.
Y un cuarto punto es fundamental: se debe castigar a los violentos. Nadie puede negociar con unos señores que se sientan a la mesa luego de haber incendiado la casa. Quienes atacaron el cuartel de Iguala deben ser identificados y procesados. Ya existe una denuncia penal de la Sedena al respecto y debe iniciarse la averiguación previa.
Porque sin ello no hay límites. El inefable Felipe de la Cruz, vocero de los familiares que no es familiar, ahora dice que no sólo quieren visitar los cuarteles de Iguala y Guerrero, exige visitar todos los cuarteles militares del país. ¿Como para qué?, ¿por qué?, ¿a cambio de qué? ¿Qué tienen que buscar estos personajes en un cuartel militar en Sonora, en Veracruz o en Quintana Roo? ¿Qué tiene que ver esa demanda con el caso Iguala? En esa lógica, podrían pedir ingresar hasta en las instalaciones del comando sur de los Estados Unidos en Florida.
Escribía Pascal Beltrán del Río ayer que el gobierno no puede convertirse en un simple espectador (o árbitro) ante los enfrentamientos de los grupos de la Coordinadora y los habitantes de Huatulco. Mucho menos puede hacerlo ante una provocación de estos grupos a la institución militar, la que sigue siendo la más respetada por la sociedad; la que tiene mayor credibilidad y que es, vale la pena recordarlo, el principal respaldo que tiene el ejecutivo federal en el cumplimiento de sus distintas responsabilidades.
Justicia selectiva
Lo escribió ayer Francisco Garfias, cronista por excelencia del Congreso. “Tienes cinco segundos para irte a la chingada… Iba en serio. Pasado ese lapso, lanzaron cohetones en el parabrisas, el cofre y la manija del conductor de la Suburban en la que se transporta el legislador. Los atacantes, entre doce y trece, golpearon con machetes, palos y otros objetos contundentes a los demás vehículos de la comitiva. La agresión fue condenada enérgicamente por el Congreso. Los integrantes de la Comisión Permanente no sólo exigieron una investigación a fondo de los hechos, sino que solicitaron a la PGR que coadyuve en la investigación porque, dicen, el ataque fue contra un legislador federal y se utilizaron materiales explosivos”. Hasta ahí Garfias.
Usted dirá que está muy bien que este tipo de agresiones tiene que investigarse y castigarse. El único problema es que el agredido es un legislador perredista supuestamente atacado en Cuajimalpa por rivales priistas. Agresiones como éstas e infinitamente más graves son cosa de todos los días en Guerrero, en Oaxaca, incluso en el propio DF, y en otros lugares del país, y nunca han recibido una condena tan terminante (ni siquiera por los ataques a los cuarteles del lunes) por los mismos sujetos que ahora exigen una investigación a fondo de la PGR por una disputa partidista en una delegación capitalina.
LA JORNADA ASTILLERO JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZDada la crónica proclividad de los poderes mexicanos a la fabricación de apariencias destinadas a la manipulación mediática y en medio de una sostenida cadena de inconsistencias y falsedades en dichos oficiales respecto a asuntos públicos muy trascendentes (incendio en oficinas de Pemex, Tlatlaya, Iguala, tren chino, Casa Blanca, entre otros), es importante asentar que de poco servirá la realización de tourspropagandísticos en museos del horror con las verdades incómodas bajo la alfombra de color verde. No se trata de pasear la vista y caminar de la mano de los guías para dar por asentado que nada por aquí, nada por allá.
Ayer mismo, a la hora de cerrar esta columna, familiares de los normalistas desaparecidos estaban en reunión con el subsecretario ejecutivo de Gobernación, Luis Miranda Nava. Es de esperarse que se hayan acordado protocolos viables y veraces para esa inspección de civiles a los cuarteles militares. En estos lances va la credibilidad de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, que en semanas recientes ha tratado de mostrar bocetos de una fachada a remozar y, sobre todo, el restablecimiento institucional de las fuerzas armadas, que han sido fuertemente ligadas a los hechos oscuros que llevaron a la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa y cuyas instalaciones y efectivos están siendo colocados (por la política federal sobre el tema) en el centro de impugnaciones sociales directas y crecientes, que podrían llegar en infausto momento a confrontaciones de militares contra civiles en un periodo sumamente delicado para el país.
Édgar Elías Azar es un magistrado con suerte (por decirlo de alguna manera). Cada que está a punto de que se cumplan ciclos de su estancia en el poder aparecen (o hace aparecer, o impulsa que aparezcan) modificaciones que le ayudan a seguir en el cargo que ejerce actualmente, el de presidente del Tribunal Superior de Justicia y del Consejo de la Judicatura en el Distrito Federal. El jurista guerrerense que fue secretario de finanzas con José Francisco Ruiz Massieu llegó a esa presidencia del tribunal capitalino en diciembre de 2007 (ayudado por Manuel Camacho Solís), con un artículo 33 de la ley orgánica correspondiente que señalaba que el ocupante del alto cargo duraríaen su cargo cuatro años y no podrá ser relecto para el periodo inmediato ni ocupar nuevamente el cargo por motivo alguno
.
Pero el 18 de marzo de 2011 (a nueve meses de dejar el puesto), en laGaceta Oficial del DF se publicó la reforma de ese artículo 33 para establecer que el presidente del tribunal ahora podría durar en su cargo cuatro años y podrá ser relecto, por una sola vez para el periodo siguiente
. Esta vez, Elías Azar recibía la ayuda de Marcelo Ebrard y Alejandra Barrales para seguir durante un forzado cuatrienio extra.
Ahora debe irse en diciembre del presente año. Pero ayer la Gaceta Oficial del DF publicó otra reforma sugerente (enviada por Miguel Ángel Mancera el año pasado y aprobada en diciembre por la asamblea legislativa bajo su control), esta vez al artículo 26 de la ley orgánica que establecía como límite los 70 años de edad para seguir en funciones. Elías Azar los cumplirá en agosto de 2016, cuando ya deberá estar retirado. Mas, si la patria requiere que mantenga su esfuerzo (ya hubo incluso un intento de alargar el periodo, de cuatro a seis años), mediante alguna reformilla oportuna, él podrá estar disponible (digamos, por ejemplo, para seguir invirtiendo recursos del tribunal en el fondo defraudador Ficrea, vergonzoso machetazo de 120 mdp a caballo judicial), pues ahora se instauró que el límite de edad son los 75 años. ¿Propondrá Mancera la posibilidad de una relección más para el magistrado presidente en el DF, y por eso desde ahora se destraba el punto de la edad límite? Puritita buena suerte, el azar.
Astillas
Rafael Moreno Valle rindió su cuarto informe de gobierno en Puebla, con la sombra de la represión a movilizaciones sociales al amparo de la repudiada ley bala (en especial, en Chalchihuapan, donde fue asesinado el niño José Luis Alberto Tehuatlie) y con un inocultable futurismo que busca posicionar a ese político antes priísta, ahora panista, como aspirante en 2018 a la Presidencia de la República… César Camacho reunió en el comité nacional priísta a 11 presuntos aspirantes a la gubernatura de San Luis Potosí, en busca de concertar una candidatura de unidad
, al estilo mostrado en el caso Nuevo León. Destaca la presencia del comisionado de la Policía Federal, Enrique Galindo Ceballos, quien ha dedicado tiempo y recursos (en SLP están desplegadas brigadas de gendarmería atendiendo
amablemente a la población) en pro de un proyecto que significaría el primer paso para crear gobiernos policiales… Y, mientras la caída de los petroprecios frena contratos a firmar luego de las reformas peñistas, ¡hasta el próximo lunes!
Twitter: @julioastillero
