Oaxaca de Juárez, 11 de marzo
MILENIO CARLOS MARÍN EL ASALTO A LA RAZÓNPrimero: sostuve ayer aquí, erróneamente, que la réplica que circuló por internet desde las cuatro de la tarde no había sido tomada en cuenta por Alejandro Madrazo Lajous (promotor de la campaña), pero ayer por la mañana supe que a las 10:17 de la noche del mismo lunes había por fin sido puesta en el portal change.org, coleando la insidiosa nota que suscribieron 50 mil firmantes bajo la consigna ¡No hagan Ministro de la Suprema Corte a Medina Mora!
Segundo: no tengo el menor interés en que Medina Mora ocupe tal o cual cargo, ni público ni privado pero, por mi oficio de reportero, desde hace más de 14 años conozco su actuación como director del Cisen, secretario federal de Seguridad Pública, procurador general y embajador en Londres y Washington, lapso y puestos en que nadie le “descubrió” tantos, tan vagos unos, tan falsos otros y tan generalizadores muchos como, y sobre todo, indemostrables defectos.
Tercero: escéptico hasta de lo que pienso, detesto los linchamientos y abomino lo que sea que apeste a “progre” o “revolucionario” comité de salud pública.
cmarin@milenio.com
EXCÉLSIOR JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ RAZONESLas informaciones sobre las sumas que resultan del lavado de dinero del narcotráfico y el crimen organizado entre México y Estados Unidos siempre terminan siendo parte de una evaluación que se hace a partir de supuestos y con pocos, muy pocos datos duros, más allá de las buenas intenciones (o no) de quienes las presentan.
Esta semana el subprocurador General de Justicia de EU,Kenneth Blanco decía que las organizaciones criminales que operan en los dos países lavan unos 29 mil millones de dólares cada año. Puede ser, pero resulta que no hay datos que confirmen esa cifra, como tampoco se tiene certeza, de cuánto se queda en Estados Unidos y cuánto en México.
Permita recordar una vieja historia. El cinco de junio de 2009 murió en Miami a los 92 años Bernard L. Barker. ¿Quién era Barker? El hombre que en 1972 recibió cuatro cheques por 89 mil dólares, una fortuna en esos años, de un banco mexicano como pago parcial para llevar a cabo una operación de espionaje en las oficinas del Comité Nacional Demócrata, localizadas en el edificio Watergate, en Washington, hecho que, año y medio después, conduciría a la renuncia de Richard Nixon a la Presidencia de Estados Unidos.
Los cheques, según una amplia investigación de la revistaTime, habían sido expedidos por el Banco Internacional de México (luego Bital y hoy HSBC) y fueron emitidos por el abogado empresarial mexicano Manuel Ogarrio Daguerre, quien, a su vez, los recibió de la Compañía de Azufre de Veracruz, subsidiaria de Gulf Resources and Chemical Group, propiedad de Robert H. Allen, encargado en Texas de las finanzas del comité para reelegir a Nixon.
De acuerdo con Time, Allen recibió recursos provenientes de contribuciones ilegales que hicieron diversas empresas y personalidades de Texas para la reelección de Nixon, yAllen depositaba esos recursos en la cuenta de la Compañía de Azufre de Veracruz que, a su vez, los depositaba en una cuenta bancaria de Manuel Ogarrio. El abogado enviaba el dinero a Houston, de donde era enviado a Washington y, posteriormente, transferidos a una cuenta bancaria de Barker en Miami, en un complejo engranaje diseñado para borrar cualquier pista y que sirvió para financiar el caso Watergate y otras operaciones ilegales, pero también en muy buena medida al Partido Republicano y la reelección de Nixon.
Es un buen ejemplo para demostrar, primero, la antigüedad de los mecanismos de lavado de dinero entre México y Estados Unidos; segundo, lo sofisticados que pueden ser esos mecanismos, y tercero que involucran a todo tipo de personajes, desde los más altos a los más bajos. Hoy, en el mundo del narcotráfico, del crimen organizado, pero también de las finanzas, esos mecanismos no son muy diferentes: lo que ha cambiado es la tecnología para realizarlos sin dejar rastro.
Por eso nadie sabe con certidumbre de cuánto dinero hablamos al referirnos a los ingresos del narcotráfico o del crimen organizado, y mucho menos de cuánto lavan esos grupos criminales. Eso sí, hace ya 18 años, cuando era el zar antidrogas de Estados Unidos durante el gobierno deClinton, entrevisté a Barry McCaffrey, y él aseguraba que ya entonces, 90 por ciento de los recursos que producía la droga se quedaban, se lavaban, en el sistema financiero estadunidense. Casi dos décadas después el diagnóstico sigue siendo el mismo.
La última investigación oficial sobre el tema la presentaron en 2010, John Morton, secretario adjunto para investigación de Migración y Aduanas de Estados Unidos, y el entonces embajador Carlos Pascual, cuando dieron a conocer el Estudio Binacional de Bienes Ilícitos.
Según el documento, el narcotráfico en Estados Unidos genera para los cárteles mexicanos entre 19 mil y 29 mil millones de dólares, y buena parte de ese dinero que se lava, regresa a territorio mexicano. “Cierta información obtenida indica que no más de la mitad del dinero llega a las entidades financieras por conducto de las organizaciones criminales; otra información indica que es un cuarto del numerario”, dijo Morton, al presentar el estudio.
Pero no tiene sentido. Una diferencia de diez mil millones de dólares (“entre 19 mil y 29 mil millones”) es demasiado, como lo es decir que de esa cantidad van al mercado financiero “la mitad o una cuarta parte”. El embajadorPascual también dijo que el reingreso de ese dinero a México se da a través de envíos hormiga, con personas que trasladan entre cinco y diez mil dólares. En parte es así, pero si estamos hablando de cifras superiores a los diez mil o veinte mil millones de dólares al año, tendríamos un movimiento de millones de personas realizando sólo esa tarea. Es absurdo.
Son explicaciones (como la que proporcionaba Kenneth Blanco) bien intencionadas porque intentan demostrar el poderío económico del narcotráfico, los mecanismos de lavado de dinero y buscar medidas para enfrentarlo, pero no son, porque no se los conoce a profundidad, datos duros.
LA JORNADA JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZ ASTILLEROY ni siquiera hubo necesidad de una segunda vuelta, pues el suspenso fue roto al saberse que sorpresivamente había arrollado en la votación senatorial el preseleccionado amigo de Los Pinos, quien oportuna y tajantemente había negado (con base en su propia palabra, y algunos documentos a conveniencia) que fueran ciertas las múltiples e insistentes acusaciones de que ha sido un funcionario represor, acomodaticio a las instrucciones del poder y cómplice de agresiones de origen local y extranjero contra los mexicanos.
Ha de reconocerse que ese arranque discursivo en defensa propia no parecía lo más adecuado para un aspirante que debería llegar a este concurso con un expediente sin tantas impugnaciones conocidas. Incluso se llevó el distinguido enviado de Los Pinos, el antes mencionado lic. Medina Mora Icaza, un grito de¡Falso!
cuando se desmarcaba de alguno de los señalamientos negativos que se le han enderezado. El muy ceremonioso senador perredista Luis Miguel Barbosa ni pestañeó, como tampoco lo hicieron los demás legisladores que antes habían escuchado a uno de los aspirantes (se le identificará con el número 3) desgranar un lindo discurso de aspiraciones justicieras y conceptualidad jurídica rechinante de limpia, y luego a otro (se le llamará el número 2) que con delicadeza fue narrando una conmovedora historia de superación personal (ninguno de esos contendientes predeterminados para ser derrotados tuvo el valor de denunciar que la pelea estaba arreglada, confiados tal vez, según versiones de los organizadores de la tanda, en posteriores premios de consolación), hasta llegar al momento cumbre por todos tan esperado, cuando Eddy Medina Mora borraría de un plumazo los asomos de un pasado cuestionable, plantearía los retos de un porvenir que a él le sonríe (quince años como ministro de la Corte, en algún segmento de ellos, tal vez como presidente de ese poder) y rompería las quinielas al resultar impensado ganador de un proceso democrático en el que el PRI cumplió las órdenes superiores, el PAN se acomodó (al fin y al cabo, EMM había sido funcionario en administraciones panistas) y negoció algunas ganancias grupales (se habla de la aprobación de la ley de transparencia en términos tales que el partido de blanco y azul pueda presumir, para fines de propaganda electoral, que tambiéncumple
) y perredistas y otros opositores que también sumaron sus sufragios en favor del político que años atrás protegió y promovió laboralmente a Yéssica de Lamadrid Téllez, madre de un hijo que Peña Nieto tuvo cuando todavía estaba casado con Mónica Pretelini. Medina Mora bautizó a Luis Enrique Peña de Lamadrid, quien murió al año de nacido, e hizo a Yéssica su secretaria particular y directora de cooperación internacional en la PGR.
Además, según aporta a esta columna el historiador potosino especializado en redes familiares Óscar G. Chávez ( @anticuaeguiara en Twitter), una hermana de Eduardo Tomás Medina Mora Icaza, llamada María Elena, está casada con un hermano de Teresa Franco González-Salas (nuevamente directora del INAH). Un hermano de María Elena y Teresa es José Fernando Franco González-Salas, quien es ministro de la Corte desde 2006 y hubo de ofrecer disculpas públicas luego de decir que los niños con discapacidad dependiente tienen que tener una ubicación especial y separada
, porquetambién está demostrado que a los demás niños que pueden estar en la guardería les puede afectar el tener contacto con este tipo de menores
, lo cual, aseguró, está documentado
.
En ese contexto de relaciones familiares extendidas, de gozo fraterno en el poder, la imposición de Medina Mora fue consumada ayer, a pesar de la extendida protesta en su contra. Televisa, Peña Nieto y el PRI han amarrado un asiento a su favor, que forma parte del proceso de toma de control abierto de lo que acabará siendo la Suprema Corte de Los Pinos (SCLP), sobre todo cuando sea designado también como ministro peñista, en algunos meses más, Raúl Cervantes, el diputado que presidió la mesa directiva de su cámara para procesar las reformas peñistas.
Sólo en un país de institucionalidad gravemente trastocada puede verse un espectáculo de aberración jurídica como el que ha sucedido en Michoacán, donde fue puesto en libertad uno de los dirigentes de los grupos de autodefensa tutelados por los gobiernos estatal y federal, Hipólito Mora, y a la hora de escribir esta columna se esperaba también la excarcelación de su contraparte regional, Luis Antonio Torres, aliasSimón o El americano.
Al primero, junto con 26 miembros de su grupo (a todos los cuales se les mantuvo el pago de sus sueldos durante el tiempo en prisión), se les liberó al considerarse que actuaron en legítima defensa el 16 de diciembre pasado, cuando en La Ruana hubo un enfrentamiento a cuyo final quedaron once muertos, entre ellos un hijo de Mora. Al segundo, El Americano, y a nueve miembros más de las fuerzas rurales, se les beneficiaría con un criterio atípico, al argüir que en los hechos de sangre se produjo una muy peculiar legítima defensa simultánea y recíproca. Es decir, ambos bandos habrían actuado al mismo tiempo, unos contra otros, en ejercicio de una legítima defensa, lo cual acaso debería concluir en que los únicos responsables, infractores y provocadores habrían sido los propios muertos. Eso sí, Hipólito Mora negociaba ayer mismo (pues su excarcelación resultó así de oportuna) el lugar en el que podría ir en la lista de candidatos a diputados por la vía plurinominal en el partido Movimiento Ciudadano. ¡Hasta mañana!
Twitter: @julioastillero
