Oaxaca de Juárez, 6 de agosto
LA JORNADA
ASTILLERO
JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZ
Así como el atlacomulquense hizo en 2012 a un lado las desconfianzas grupales y encargó al sonorense la operación de una de las cámaras (con Emilio Gamboa en la otra) para llevar adelante las reformas estratégicas
, ahora estaría dejando en el camino a su presunto favorito (y de Luis Videgaray, quien con su promovido hubiera ganado ventaja rumbo a la sucesión 2018), el jefe de la Oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño (el Niño de oro, lo motejan algunos conocedores de los entretelones palaciegos), a quien desbordadamente se promovió en días anteriores como supuesta carta oficial para suceder a César Camacho, a pesar de que el mencionado Nuño no ha tenido cargos de dirigencia priísta, como lo requieren los estatutos del tricolor, pero empujado por una presunta intención de entregar el dinosáurico aparato priísta a un joven, precisamente para rejuvenecerlo
.
En caso de que efectivamente el pulgar peñista ya se hubiese posado en la testa del ex gobernador de Sonora para indicarle que se anote en el relevo priísta (como ayer lo aseguraban múltiples versiones extraoficiales publicadas en medios formales), Peña Nieto estaría disolviendo tensiones partidistas del momento (empecinarse en Nuño podría repetir en el PRI la experiencia de Felipe Calderón, quien impuso a sus cercanos en la dirigencia del partido en el poder, con muy malos resultados finales), mantendría unidad del cuerpo priísta rumbo a las difíciles elecciones de gobernadores, congresos y presidencias municipales en 2016 (así lo hizo en el propio estado de México en marzo de 2011, al retener en el PRI a Eruviel Ávila Villegas y postularlo a gobernador, en lugar del muy allegado pariente Alfredo del Mazo Maza, quien sigue en espera de que Eruviel sea llevado a un cargo federal) y dejaría para resolución postrera las aspiraciones presidenciales de Beltrones, que se mantendrían vigentes y potenciadas, aun cuando el reticente círculo peñista insista en que el nuevo dirigente del Revolucionario Institucional debería renunciar a sus posibilidades para la máxima contienda de 2018.
Ha sido una larga agonía política la del guanajuatense Carlos Navarrete, el menos chucho de los chuchos. Llegó a la presidencia del sol azteca el 4 de octubre de 2014, con un prometedor 72.96 por ciento de la votación emitida en un consejo nacional partidista, pero con la pesada carga del colaboracionismo pactista con la administración de Peña Nieto que practicó su antecesor y compañero de corriente interna, Jesús Zambrano Grijalva, y con un debilitamiento de origen causado por las discordancias profundas y los reacomodos tácticos de personajes relevantes como Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard, quienes en distintos momentos y circunstancias terminaron renunciando a la militancia en negro y amarillo.
Navarrete tuvo encima, desde el primer momento de su designación como dirigente, el estigma para su partido por los sucesos de los normalistas de Ayotzinapa y la responsabilidad político-electoral por la postulación de José Luis Abarca. Y la sombra de la escisión denominada Morena, que en las elecciones de junio pasado arrebató al PRD un notable número de sufragios, del capital antes compartido, transformados en cargos de representación y gobierno, sobre todo en la ciudad de México. En su propia corriente, Nueva Izquierda, hay inconformidad en la cúpula contra el aficionado a las canciones de José Alfredo Jiménez. Hace un mes, cercanos al secretario general, Héctor Bautista, perteneciente a Alternativa Democrática Nacional (ADN), hacían correr la especie de que éste renunciaría a su cargo, el segundo en la estructura partidista, para forzar la salida de Navarrete.
Ayer, justamente al cumplir diez meses en funciones, anunció que este viernes presentará ante un consejo nacional, que sesionará ese día y el siguiente, su disposición a dejar la presidencia del PRD, en el contexto de una recomposición general a la que aludió en términos metafóricos parecidos a los del gobernador veracruzano, Javier Duarte, quien había anunciado a periodistas que caerían manzanas podridas al zarandear los árboles: hay que sacudir al árbol en serio
. En el zarandeo habrán de definirse una presidencia sustituta, pues el periodo de Navarrete termina en octubre de 2017; las coordinaciones de los diputados federales (la pelea, fuerte, está entre el antes citado Zambrano y José Guadalupe Acosta Naranjo), de los senadores (hay presión para que Miguel Barbosa se haga a un lado) y de la asamblea legislativa capitalina. Y se explorarán las posibilidades de alianzas y entendimientos con figuras distanciadas del sol azteca, muy en especial con AMLO, como lo tuiteó el propio Navarrete: “El @PRDmexicoestá dispuesto a rencontrarse con todos los que están en el flanco progresista del país para rencontrar el diálogo y unidad”.
Y, mientras la procuraduría capitalina de justicia tiene comopresentado
a alguien cuyas huellas fueron encontradas en el departamento de la colonia Narvarte, con lo cual posiblemente pueda dar mejor forma a sus investigaciones sobre el quíntuple asesinato, entre escepticismo y desconfianza respecto a lo actuado a la fecha por Rodolfo Ríos, ¡hasta mañana, con un vacacionista de Los Pinos que por cinco días se desentenderá de tantos problemas que agobian al país, y de expedientes quemantes como el ministerial que establece que hubo ejecuciones múltiples de la Policía Federal en Tanhuato, Michoacán!
Twitter: @julioastillero
EXCÉLSIOR
Colosio.
Ayer preguntábamos: ¿Como Beltrones no hay dos?
Pues resulta que no.
Manlio Fabio Beltrones será ungido por aclamación como nuevo líder nacional del PRI. Vencieron las viejas formas… y el pragmatismo del Presidente.
El placeo de Aurelio Nuño Mayer como opción de un cambio generacional, sólo fue cortina de humo… y muchos “búfalos” se fueron con la finta y a la “cargada” ante el dizque inminente “destape”. Parece que nadie leyó la biografía del poderoso Jefe de la Oficina de la Presidencia donde no aparece —ni en letra chiquita— algún cargo partidista previo, como demanda el artículo 156 de los estatutos del “tricolor”.
La decisión del mandamás a favor de Beltrones es una apuesta por la unidad en torno a la vieja certeza por encima de la joven promesa. No cabalgó la sorpresa; se equivocaron quienes creyeron que el liderazgo de Manlio olía a naftalina.
En medio de una profunda crisis de credibilidad, agravada por la “imperdonable” fuga de El Chapo, Enrique Peña Nieto requiere un capitán con el cuero curtido para conducir el barco priista en aguas turbulentas… y en tiempos de cólera.
La decisión es crucial para el momento presente, para el año entrante en que habrá elecciones en 17 estados —para gobernador, en 12— y para mantener a “su” partido en el poder más allá de 2018… y para eso se requiere inteligencia, capacidad de operación y conocimiento del profundo mar político… y sus corrientes; un militante de ideología probada… y colmillo bien retorcido.
Beltrones no llega a competir; eso de la convocatoria abierta a la militancia para concursar el puesto es pura política ficción con el fin de envolver con celofán democrático una decisión incuestionable.
Retomo lo escrito ayer: “El diputado Beltrones está calificado como el político más completo del país con todo lo bueno y lo malo de su vasta experiencia. Si el sonorense no es el más completo, sin duda es uno de los más eficaces”. Estratega clave en acciones políticas cuando su partido quedó huérfano del poder durante la docena panista; astuto negociador de las reformas estructurales que se veían imposibles; soldado de lealtad incondicional hacia el inquilino de Los Pinos —no un empleado—, aunque sea visto con recelo por el círculo compacto del poder peñanietista.
EL MONJE LOCO: Antes de tomarse cinco días de vacaciones en Ixtapan de la Sal y Punta Mita, el Presidente de la República dejó todo muy bien planchadito.
LA RAZÓN
PULSO POLÍTICO
FRANCISCO CÁRDENAS CRUZ
Al iniciarse anoche el proceso interno para elegir al nuevo presidente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones se enfilaba como el más viable a ocupar ese cargo, una vez que hoy se emita la convocatoria y al cierre de esta columna, su nombre era el más mencionado, tanto así que el gobernador de Chiapas, del PVEM, Manuel Velasco Coello, se apresuró a felicitarlo y desearle “el mayor de los éxitos”.
Con la prudencia, madurez y experiencia que le son de sobra reconocidas, el político sonorense, declaró al concluir la sesión extraordinaria del Consejo Político que esperará al inicio formal, hoy, de la renovación de la dirigencia tricolor para decidir si participa o no; pero, advirtió que él va por la unidad.
DE ESTO Y DE AQUELLO…
Arrecian exigencia y reclamos de varias organizaciones de periodistas y de defensores de derechos humanos, nacionales e internacionales, para que la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal no soslaye como móvil de los asesinatos del fotoperiodista Rubén Espinosa Becerril y de la activista Nadia Vera Pérez, las amenaza de muerte que recibieron de funcionarios del gobierno de Veracruz, responsabilizándolos de lo que pudiera sucederles.
Eso lo denunciaron en vida, responsabilizándolos, en particular al gobernador priísta Javier Duarte, tanto en algunos actos de protesta contra éste en los que ambos participaron en varias ocasiones, como en videos que se difundieron al descubrirse el quíntuple homicidio en un departamento de la colonia Narvarte, el pasado fin de semana.
Y es que parece haber intención de parte de las autoridades en darle prioridad a otras líneas de investigación, como móviles de lo ocurrido, entre ellas las de robo, drogas, crimen organizado y feminicidios, como si se ignorara lo que dentro y fuera de Veracruz es un secreto a voces.
Un problema que enfrentará la Procuraduría de Justicia del DF es que ante la falta de credibilidad ciudadana en autoridades de los tres niveles que priva hoy en el país, es que si después del “presentado” a declarar ayer, comienza un desfile de “presuntos culpables” cuando se muestre a los autores de esos homicidios, reales o no, es previsible la reacción que habrá.
Eso, como lo apuntamos ayer aquí, sucedió en varios casos de periodistas ejecutados en Veracruz, cuando por las presiones y exigencias de sus colegas y de diversas agrupaciones, se optó por fabricar “culpables” que a lo largo de los procesos fueron puestos en libertad al comprobarse su inocencia y que es lo que originó, y origina, incredulidad.
El Presidente Enrique Peña decidió tomarse cinco días de vacaciones que como suele comentar Joaquín López-Dóriga, quizá no sean merecidas por cómo está hoy el país, pero sí necesarias, previas al tercer Informe de Gobierno.
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