Oaxaca de Juárez, 28 de diciembre
LA JORNADA
HERMÁN BELLINGHAUSEN
En tanto la tradición neoclásica, vapuleada por el desorden independista, se recompuso en academias y cenáculos, dirigiendo sus gustos y aspiraciones a Europa, o sea Francia, buscando aceptación en las añoradas cortes, aún las venidas muy a menos en la Madre Patria. Los Habsburgo se habían instalado en Austria, y bien por ellos. Por eso hubo quien soñara en restaurarlos
aquí y se trajeron a Maximiliano, un primer experimento neocolonial de lo que el siglo XXI parece cumplir, aunque a la globalidad actual le basten reyezuelos y gerentes. Estos restauradores, que con fines descriptivos tildaremos de conservadores (ellos siempre se consideran modernizadores
) no suelen tener idea clara de qué es el pueblo
ni les despierta mayor interés como no sea por costumbrismo ornamental.
Los liberales tenían una idea estereotipada y general, pero generosa. Inspirados en el igualitarismo de las revoluciones francesa y estadunidense, alimentaban el ideal de hacernos iguales a todos. A mediados del XIX México seguía siendo abrumadoramente indígena. Y donde no, predominaba un mestizaje que en buena parte caía del lado indígena, bien por ser rural, bien por pertenecer a la entonces naciente clase trabajadora que Carlos Marx comenzaba a estudiar en Inglaterra con fines prácticos. Había que hacer con todos una sola cosa: mexicanos. Pluralidad, multiculturalismo y diversidad no eran conceptos de moda.
Con los positivistas, científicos
y generales ilustrados del porfiriato, la educación y la cultura se concentraron en la minoría masculina que podía optar por la preparatoria. Aunque al final del XIX la Iglesia católica andaba de capa caída, lo que no enseñaban ella o el Estado no lo enseñaba nadie. Los ideales de la Reforma se acomodaron al academicismo, los modales modernistas o la bohemia decadentista.
La Bola de 1910 reventó la prolongada siesta y puso en primer plano a los ignorantes, los incultos, la plebe, para desmayo de la aristocracia, más rancia que nunca. Una nueva generación de pintores, escritores, pensadores, abogados, compositores y educadores reparó en ellos, se les unió o los encabezó, y con el inteligente pulso de José Vasconcelos lanzaron a la cultura para educar la Nación. Esta vez el pueblo venía incluido: su historia era La Historia. Los murales de Diego y la épica novelística coincidieron con leyes obreras y la reforma agraria. Educación y cultura, juntas, devinieron una cruzada que durante el cardenismo sería heroica, con música de Revueltas como fondo. ¿Y qué hacía la derecha con los maestros?: los desorejaba.
El discurso gubernamental se nutrió de este México de plebe redimible, independientemente de las progresivas corrupción, decadencia e institucionalización que vaciaron de significado el discurso popular
, pero lo mantuvieron hasta bien entrados los años 70.
No obstante, más allá de las inercias, la educación era cultura y la cultura, didáctica o no, era educación, al menos en los reglamentos. Los libros de texto gratuitos eran un hecho consolidado. Desde el despacho que algún día ocuparon José Vasconcelos y Jaime Torres Bodet se siguieron administrando la educación básica y la bilingüe, las alfabetizaciones y también las bellas artes, los proyectos editoriales, la conservación histórica y arqueológica, los museos, la investigación etnológica. Dos caras de Jano que el país no podía separar.
Siguió un periodo mutante (el hoy llamado ciclo neoliberal, en curso todavía) donde la esfera cultural de élite obtuvo nichos de poder y bienestar, garantizadas sus libertades creativas y solvencia económica, con los pasaportes necesarios para el mercado del prestigio. Mientras, la educación propiamente dicha, la pública, se tiró a la basura en las mentes de sus administradores. La educación prioritaria pasó a manos privadas, sumamente conservadoras y pudientes. (Cabe reconocer el papel de las universidades públicas en resistir al desmantelamiento total.)
El cómodo divorcio que finalmente impone hoy el Estado neoliberal entre la educación y la cultura redondea la distancia de la alta cultura, corporativizada por la vía blanda, con aquello que atañe a la chusma eternamente educable que mejor está con tele nueva y una bolsa de galletas que con un libro.
Cuando se desfonde el largo pero frágil sueño de ferias, festivales, premios, becas, obras completas y exposiciones retrospectivas, la Cultura volverá a toparse con el pueblo terco, la naquiza prieta y chorreada que, ¿qué creen?: a veces piensa, crea, se organiza y educa en autonomía. Viene de abajo, igual que las raíces. Es menos probable que se evapore en el aire.
EXCÉLSIOR
ARMANDO RÍOS PITER
En México, como en otros países, la conmemoración de este evento bíblico se da con un día en el que la gente hace bromas. Se dicen mentiras, se tergiversan las noticias del día o se agandalla a algún iluso pidiéndole algo prestado y, una vez obtenido ese algo, se le receta el famoso: “inocente palomita que te has dejado engañar, sabiendo que en este día nada se puede prestar”.
Es decir, se recuerda un evento que simboliza la crueldad infinita, con una fiesta de mentiras y timos.
Me permito utilizar este hecho para construir una analogía.
Pareciera que nos acostumbramos a que México funcione con una narrativa al estilo del Día de los Inocentes, ¡pero durante los 365 días al año! Me refiero al nivel de cinismo que reina entre muchos representantes de la clase política y liderazgos en general. La realidad de pobreza insultante, crimen, inseguridad y atrocidades que se cometen a hombres, mujeres y niños en este país, todos los días, se suaviza constantemente, se dimensiona como una NO EMERGENCIA; se minimiza.
Las decisiones urgentes no llegan, mientras la violencia, la discriminación y la desigualdad siguen ahí, coexisten con niveles que imprimen récords internacionales de corrupción e impunidad. Es decir, frente a la tragedia, prevalecen recurrentemente la mentira, la negación o la trampa.
Las razones para celebrar el Día de los Inocentes de la forma en que lo celebramos no están claras. No hay un origen reconocido de por qué se hacen bromas en este día. Pero ése no es el punto de mi argumento. Sólo utilizo el hecho para evidenciar un enorme defecto que hemos recreado en los últimos años.
Sin embargo, me alegra ver que la realidad de “las inocentes palomitas” cambia día con día, poco a poco, y que de ninguna manera estamos condenados a ella.
La semana pasada escribí en este espacio acerca del fenómeno que denominé #Ciudadanía5G; conformado por las y los ciudadanos que han decidido transformar sus quejas en propuestas, y que después saltan a la arena pública para materializarlas en beneficios colectivos.
El ejemplo de dignidad, de vanguardia, de cultura progresista y participativa de esa #Ciudadanía5G está en el corazón de mis deseos para México en este año que está por iniciar.
Deseo profundamente que México deje de ser el país de las “palomitas”, a las que unos cuantos les ven la cara y los engañan, y se convierta en el país de ciudadanos y ciudadanas que pelean por lo que es suyo, por sus derechos y también por sus obligaciones.
Poner contra la pared a aquellos que se aprovechan e inspirar a los apáticos a involucrarse en lugar de sólo quejarse, es la forma de construir una nación de verdad.
Como dice el dicho, las palabras convencen, pero el ejemplo arrastra; y es momento de que todos imitemos y nos contagiemos del espíritu de los ciudadanos que han decidido DESPERTAR.
El país de la inocencia genera muchos problemas porque se fundamenta en la irresponsabilidad, en el abuso de unos cuantos y en la creencia de que el pueblo es impotente. Es momento de pasar al país de la conciencia, un país que se planta bien en la tierra, crea una imagen de grandeza y se lanza a construirla.
Termino compartiendo un fragmento de una poesía que acaba de escribir mi papá, y con la cual ganó un premio hace unos días en Michoacán. Se llama Águila vieja. Es un texto que habla de ideales, de sueños y anhelos; de un ave que convoca a su pueblo y canta a su patria.
“… quisiera gritar con ese aliento que fulmina:
¡levántate! ¡levántate y camina!
¡Y muestra tu verdad mortal y fiera!
¡No permitas que ultrajen tu bandera!
¡Los que el poder demandan! ¡Extermina
al que abusa brutal, no al que ilumina!
¡Y enfrenta con valor tu vida entera!”
Felices fiestas y que 2016 sea el mejor año que haya vivido México en lo que va de su historia.
LA RAZÓN
PERISCOPIO
Signos de que la economía mexicana está sanísima es la bonanza financiera de los máximos representantes de la izquierda radical: AMLO y su fan Gerardo Fernández Noroña, quienes ya aburguesados y sin trabajar se despachan viajes que hasta políticos de derecha envidiarían.
Como se sabe, el candidato presidencial de oficio se paseó en abril del 2014 por Florencia, Italia, y en octubre de 2015 por Francia y Roma, donde entregó una carta al papa Francisco. Dijo que fue a cargo de las prerrogativas de Morena, su partido que le sirvió de fachada para arrebatar a sus 35 diputados federales un bono de 12.5 millones de pesos este fin de año.
A Noroña, quien en 2012 dejó de ser diputado federal, no se le conoce trabajo fijo y dice que tenía 400 pesos en sus tarjetas, lleva 18 días viajando con cuatro de sus parientes por Argentina. Ha visitado en la Patagonia y cordillera andina localidades de alto turismo como Río Negro, Calafate, Bariloche, Ushuaia, El Chaltén y, por supuesto, la capital Buenos Aires.
Así lo ventiló el propio Noroña en más de 300 fotos que ha subido a su cuenta de Twitter @fernandeznorona. Qué bueno que ambos políticos viajen a lugares exóticos del planeta, porque así pocos incautos les creerán sus gastados discursos de que México está sumido en la pobreza. Y, sobre todo, se muestran como lo que son: de aquella estirpe que aplica la máxima hankista “Un político pobre, es un pobre político”.
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Definió el Congreso de la Unión que del 25 de enero al 17 de febrero de 2016 se realizarán las audiencias públicas sobre la mariguana, con miras a delinear una política integral respecto al uso de ésa y otras drogas.
Legisladores y especialistas participarán en esas jornadas en las que se espera recopilar información para escuchar opiniones, sugerencias y recibir información que aporte a los debates que se llevarán a cabo.
Pero además en febrero el Congreso deberá entrarle a la discusión de la iniciativa que presentaron el Jefe de Gobierno, Miguel Mancera, y el ex rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, para despenalizar el uso de medicamentos elaborados con base en cannabinoides y que ya hasta fue palomeada por la Iglesia católica.
Porque bien lo dijo el doctor Juan Ramón de la Fuente: se debe separar el uso medicinal de la discusión sobre la utilización lúdica de la mariguana. Es un asunto humanitario y los legisladores son los primeros que deberían entenderlo.
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Disparate y delito del edil perredista de Cortázar, Guanajuato, Hugo Estefanía Monroy, quien no sólo colocó como emblema de la presidencia municipal el sol azteca de su partido, sino que descuenta el 10 por ciento del salario a todos los trabajadores de la alcaldía para entregar esos recursos como cuotas al PRD.
Lo del logotipo es asunto que deben resolver las autoridades electorales, pero quitar el dinero de su salario a empleados para dárselo a su partido político, es una violación flagrante a la Ley Federal del Trabajo que debe ser investigada de inmediato. Una tarea para el secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete.
raymundo.sanchez@razon.com.mx
Twitter: @r_sanchezp

