Oaxaca de Juárez, 26 de agosto. El miércoles por la tarde, las redacciones de los medios de comunicación vivieron un frenesí. Tres listas distintas –con pocas coincidencias- comenzaron a circular con lo que adelantaban algunos, serían los ajustes en el gabinete del Presidente Enrique Peña Nieto que se darían a conocer este viernes. Los principales funcionarios de comunicación del Gobierno se pasaron la tarde desmintiendo las versiones, llenas de especulación que tomaron fuerza por la verosimilitud de lo anunciado. “No hay nada de eso”, dijo un Secretario de Estado cuando fue consultado. “Habrá cambios, pero lejos están de ser los que aparecen en las listas”. ¿Habrá realmente ajustes? Rozones, la columna política del periódico La Razón, donde se difunde lo que piensa y quiere decir la parte más ilustrada del gabinete, transmitió su mensaje el jueves: habrá cambios y se harán públicos el 2 de septiembre, en vísperas de que el Presidente parta a China a la reunión del G-20.
Los cambios en un gabinete no son de contentillo, o no deben ser realizados de esa manera. Peña Nieto, quien dice en privado que no es afecto a ellos, ha sido muy consistente en estos tres años y medio de su administración. Unos fueron por desgaste –el Procurador General y el Secretario de Educación y la de Salud-. Otros tenían distinto mensaje: José Antonio Meade en Desarrollo Social, para componer el desastre que dejó Rosario Robles, quien más por cariño que por eficiente –las críticas contra ella en el gabinete económico van al alza-, fue enviada a Sedatu, donde su titular viajó a la Cámara de Diputados; la salida de José Antonio Meade de la cancillería sirvió de promoción para la Secretaria de Turismo, Claudia Ruiz Massieu, quien dejó abierto el cargo para la incorporación al gabinete de Enrique de la Madrid. A Educación llegó Aurelio Nuño, una carta del Presidente para 2018, al igual que José Calzada en Agricultura, y a Salud llevó a José Narro, un político experimentado colocado en la reserva estratégica.