Rebeca Romero
Oaxaca de Juárez, 3 de julio. Casi en todos los medios se le hizo un homenaje a Jacobo Zabludovsky, quien ayer falleció y de acuerdo a los rituales judios fue sepultado. Se fue un maestro y amigo. Algunas voces como Juan Ignacio Zavala, hermano de la esposa del ex presidente Felipe Calderón, escribieron cosas horribles sobre un ícono de los medios de comunicación que sencillamente ya no lo leyó. Afortunadamente, la mayoría le dio una despedida digna, respetuosa y cariñosa. Muy conmovedor el mensaje de Lolita Ayala quien durante su noticiario no pudo contener el llanto. 
A Jacobo lo conocí cuando tenía 17 años e ingresé a Televisa en el área de corresponsales internacionales. Recuerdo aquel primer día cuando llegué de Puebla y todo me parecía diferente. De pronto, a mis espaldas, escuché la voz de Jacobo a quien solo había visto a través de la pantalla de televisión. !Fue tan emocionante! Llegó hasta donde estaba parada, muda. Venía vestido con su tradicional corbata negra, y una chamarra negra con el logo de 24 Horas de color amarillo. Se dio cuenta que era un rostro desconocido y dijo !A caray! ¿De dónde eres? Le contesté, de Puebla. Ahh, entonces eres una chava fresa. Nos reimos, me abrazó y me comentó, bienvenida al equipo. Jacobo era amable, cordial y siempre saludaba. Su oficina quedaba frente a la nuestra y lo veíamos entrar a cada rato. En esta área también se grababa a los reporteros que desfilaban sin parar. Guillermo Pérez Verduzco (el tobi); Agustín Granados, Guillermo Herrera, Salvador Estrada, Rocío Villagarcía, Juan José Prado, Fernando Shwartz, Patricia Doneaud, Guillermo Ortega Ruiz, Ana Cristina Pelaez y otros tantos.
La oficina de Jacobo no era elegante, estaba llena de libros, y cuadros. Sus secretarias Lupita y Lolita Garnica eran el filtro, aunque la puerta siempre estaba abierta. A un lado de la oficina de Jacobo estaban Héctor Tajonar, Domingo Álvarez y Lolita Ayala quienes con Jacobo decidían el script y lo que se diría a las 10:30 pm en el noticiario más escuchado. Sarita, su esposa, siempre a su lado.
Recuerdo un temblor muy fuerte que se registró antes de 1985, llegué a trabajar y había grietas en las paredes que más tarde fueron pegadas con masking tape, así eran las cosas en la empresa. Me encontré “al licenciado” y me preguntó si estaba bien, en respuesta lo abracé y le expresé mi miedo.
No pasó mucho cuando se incorporó Abraham al equipo. Empezó reporteando como todos, su padre era muy exigente. La redacción televisiva es diferente y había que aprender a decir los hechos de manera clara y sencilla. Jacobo era meticuloso con la redacción, y los reporteros sufrían al hacer una nota de 30 segundos o un minuto como máximo porque tenía que tener el vobo de JZ o de lo contrario no pasaba. Si después de varios intentos no le gustaba, prefería leer el texto.
Entonces, nació “Contrapunto”, un programa que producirían los Zabludovsky. Eligieron a lo más selecto para hacer este proyecto. Recuerdo que ambos estaban en la oficina de JZ discutiendo el programa cuando entré por alguna circunstancia, Jacobo miró a Abraham y le dijo ¿qué te parece? me invitaron. Desde ese momento, me pasé al equipo que se encargaba de “Mundo de Dinero”, “24 Horas de la Tarde”, “24 Horas del sábado”, los especiales de fin de año, y pronto llegó Eco.
Ayer, sentí una gran tristeza, y nostalgia. Tuve la oportunidad de convivir con JZ, siempre fue una persona cálida, con gran sentido del humor, culto, y un gran ser humano. Era una gran aficionado a los toros, y al tango, incluso en Contrapunto hicimos programas largos sobre estos temas que le apasionaban. Para despedirlo elegí uno que cantaba Carlos Gardel “Adios Muchachos”
Adiós muchachos compañeros de mi vida
barra querida de aquellos tiempos
me toca a mi, voy a emprender la retirada
debo alejarme de mi buena muchachada
Adiós muchachos ya me voy y me resigno
contra el destino nadie la talla
se terminaron para mi todas las farras
mi cuerpo enfermo no resiste más
Acuden a mi mente recuerdos de otros tiempos
de los buenos momentos que antaño disfruté
cerquita de mi madre santa viejita
y de mi noviecita que tanto idolatré
Se acuerdan que era hermosa mas linda que la diosa
y que ebrio yo de amor le di mi corazón
más se señor celoso de sus encantos
hundiéndose en el llanto se la llevó
El dios jefe supremo no a quien se le resista
ya estoy acostumbrado su ley a respetar
pues mi vida deshizo con sus mandatos
llevándome a mi madre y a mi novia también
Dos lágrimas sinceras derramo en mi partida
por una barra querida que nunca me olvidó
y al darles a mis amigos adiós postrero
le doy con toda mi alma mi bendición
