Fernanda Cardoso Caballero
Oaxaca de Juárez, 17 de agosto. Muchas han sido las voces que se alzan dando fin al último resquicio de la Guerra Fría. La reanudación de relaciones diplomáticas, que no estaban completamente perdidas, entre Estados Unidos y Cuba para muchos simboliza el fin de un paradigma que dominó el panorama internacional por más de tres décadas.
Si bien, la reapertura de la embajada en Cuba es un hito dentro de la política exterior de ambos países, considero que muchos de los problemas que acrecentaban las tensas relaciones de dichos Estados ya no respondían a una dinámica internacional actual. Por tanto, el hecho de contar nuevamente con la Embajada de Estados Unidos en la isla era un paso para alcanzar los objetivos de la política exterior de Barack Obama.
Hoy por hoy la amenaza no está representada por el comunismo ni por la ex Unión Soviética, del mismo modo Castro ya no es uno de los personajes más importantes en la arena internacional y Estados Unidos ya no es la suprapotencia que era en la década de los setentas u ochentas. La realidad hoy en día es que Estados Unidos tiene que convivir con otras potencias entre ellas las emergentes y tiene también que hacer frente a una amenaza aún mayor llamada “terrorismo”. Por su parte Cuba carece completamente de respaldo económico y sólo cuenta con las buenas intenciones de países como Venezuela que adolece de estabilidad y liquidez económica.
No pretendo restarle importancia a un acto de tan buena voluntad como lo es la apertura de Embajada, menos cuando se trata de relaciones tan estropeadas. Sin embargo, no creo que este acto amerite juicios tan impactantes como lo son tabloides como “el verdadero fin de la Guerra Fría”. Grande es el esfuerzo que hace Estados Unidos por promover relaciones con países que ha satanizado por tanto tiempo como lo son Irán o Cuba. Sin embargo, pocos son los resultados que hemos podido apreciar hasta el momento.
A título personal me gustaría ver esfuerzos en Yemen o Siria por parte de Estados Unidos, que representan una verdadera crisis humanitaria para el resto del mundo y donde la mano de las grandes potencias no ha hecho más que empeorar la situación. En lo particular, me quedo con la sensación de gusto por ver una embajada más, abierta y la reanudación de relaciones diplomáticas. Así como también me mantengo al margen respecto a los juicios de valor que se les puedan otorgar tanto a Cuba como a Estados Unidos.

