I DOMINGO DE ADVIENTO
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
30 DE NOVIEMBRE DEL 2025
Oaxaca de Juárez, 30 de noviembre. Démosle gracias a Dios porque nos permitió culminar un año litúrgico en la Iglesia y lo culminamos con la festividad de Jesucristo Rey del Universo el domingo pasado. Dios nos brindó la oportunidad de profundizar en los grandes misterios de nuestra salvación.
Durante el año, estuvimos reuniéndonos domingo a domingo para celebrar la Eucaristía y para, como dice la Palabra de Dios, a la escucha de la Palabra y a la fracción del Pan. Estuvimos recibiendo los dos alimentos, el alimento de la Palabra y el alimento del Cuerpo y de la Sangre del Señor y, Dios, que es bueno con nosotros, nos permite iniciar un nuevo año litúrgico en la Iglesia y lo estamos iniciando en este domingo, primer domingo del Adviento.
Durante cuatro domingos, estaremos reuniéndonos para prepararnos a la Festividad del Nacimiento de Nuestro Redentor.
Ojalá y preparemos nuestro corazón, no solamente esos signos externos, propios de la Navidad. No solamente pongamos foquitos en nuestras ventanas, no solamente hagamos un pequeño o grande nacimiento en nuestra casa. Creo que la más importante preparación está en el interior de cada uno de nosotros.
Hoy, la Palabra de Dios nos invita a dejar las obras de las tinieblas y a adentrarnos a la vivencia de las obras de la luz. Las obras de las tinieblas son el pecado, las obras de la luz son el ejercicio de las virtudes, la dedicación nuestra de vivir haciendo el bien. Ese es el hombre de la luz, el que pasa la vida haciendo el bien. Las obras de las tinieblas es la maldad y, usted, es un hombre de luz, es una mujer de luz.
Ustedes son la luz del mundo, dijo Nuestro Señor, que sus obras brillen ante los hombres para que, viendo lo que ustedes hacen, den gloria a Su Padre, que está en el cielo.
Las obras malas, no damos gracias a Dios, ninguno de nosotros y, las obras malas, hechas por nosotros, no son una alabanza a Dios. Las obras malas no nos traerán nada bueno, tarde o temprano, vendrán las consecuencias de nuestra maldad.
A veces, a veces creemos, porque vemos, vemos a las personas y pensamos que el que se dedica a hacer el mal le va muy bien, le va muy bien, dicen, piensan. ¿De veras le irá muy bien? ¿Por qué usted concluye eso? ¿cómo mide el bien, cómo lo mide?
Creo que lo está midiendo en bienes materiales, en bienes materiales. Así lo miden. Mira, este se dedica a robar y le va muy bien, comete fraudes, le va muy bien; presta dinero y lo presta a altas cantidades y le va muy bien. ¿Piensas que le va muy bien?, no concluyan, de las cosas malas ¿cómo le va a ir bien?, no puede ser, no te engañes, y es que también ahí el espíritu del mal trabaja en ti y te pone esto así, para que tu lo pienses y creas, “si yo me dedico a eso a lo que se dedica este, pues me va a ir muy bien en la vida, así como le ha ido bien a él, me va a ir bien a mí, entonces me voy a dedicar a esto”. Ahí se me está poniendo una tentación, me está engañando el tentador y está logrando el engaño, estoy cayendo, estoy cayendo, me estoy convenciendo yo mismo que, haciendo maldades, todo va a ir bien en mi casa.
No te engañes, traerá sus consecuencias, tarde o temprano. El mal nunca será bendición, no, nunca y, hoy, Dios nos dice que dejemos esas obras de las tinieblas y nos revistamos de las obras de la luz, de las obras de la luz.
Preparémonos, porque también nos dice el Evangelio, estén preparados, porque no saben, no saben a qué horas vendrá el Hijo del Hombre y nos habla del último momento que viviremos y aquí también, no nos engañemos, nosotros sentimos que tenemos asegurada la vida por muchos años, porque estamos jovencitos, los que se mueren son los viejos, porque ya estorban, ya estorban y por eso también ya hay leyes para que se acabe la vida y dicen, “para que tenga una muerte digna, una muerte digna”. La vida la da Dios y el momento de morir es decisión de Dios, pero ya el hombre quiere tomar las decisiones, para una cosa u otra y no me digan que no.
Deciden quién nace y quién no nace. Quien tiene derecho a nacer y quién no. Y ya saben a qué me refiero. Miles, millones de seres, que comenzaron a existir en la vientre de una mujer, como comenzamos tú y yo, en la vientre de nuestra madre, no vieron la luz del día, les quitaron la vida en su proceso, en su proceso y, el ser humano, decide quién nace y quién no nace. La vida la da Dios, la da Dios y también ahora, quieren decidir quién vive y quién muere de los viejitos, “hay que acabar con los viejitos, están saliendo muy caros, ya no rinden, ya no dan plata, ya no trabajan, puro vivir, vivir y vivir, nos están saliendo caros, entonces, la eutanasia, hay qué decidir quiénes se van. La decisión es de Dios, no es suya ni mía, es de Dios. No soy yo el creador, no soy yo el dueño de la vida, no, y lo decimos, “es que está sufriendo mucho”, ¿tú sientes el sufrimiento de él? Si de veras sintieras el sufrimiento de él, no decidías eso, porque por encima del sufrimiento está el amor y, por amor, estaré con mi padre, con mi madre, hasta que Dios se lo lleve. Que me duele su sufrimiento que creo que está sintiendo, pero que yo no estoy sintiendo, me duele, porque soy su hijo, pero que Dios le purifique y que Dios nos purifique a nosotros, los hijos o los hermanos, que Dios nos purifique del sufrimiento de él o de ella, pero no andemos con esas cosas de decir “hasta aquí vives”, “ya desconéctenlo, ya quítenle el suerito, ya quítenle el oxígeno para que ya no respire, ya”.
Ay, nada más de pensar, sabe qué me da.
Estemos preparados, así lo dice Nuestro Señor. Si tú te dedicas a hacer el bien, estás preparado. Ahorita, si Dios te llama, estás haciendo el bien, aquí estás, ¿cuál es el problema? pero vas a ir a tu casa, ahí sé un hombre o una mujer de luz. Vas al centro de trabajo, sé el hombre de luz, sé la mujer de luz. Haz lo que tienes qué hacer y hazlo lo mejor, santifícate en tu trabajo y ahí estarás preparado.
¿Cómo dice Nuestro Señor? Cuando Yo los llame quiero encontrarlos cumpliendo con su deber. Mamá, Dios te quiere llamar haciendo tortillitas, ahí en el fogoncito te quiere llamar, barriendo la casita te quiere llamar, lavando mis pantaloncitos te quiere llamar. Papá, te quiere llamar, ahí en el campo, cuidando la milpita, cortando el zacatito, te quiere llamar en el taller, donde te cansas, te desgastas por amor a nosotros, que somos tu familia, Dios te quiere llamar cumpliendo con ese deber. Estemos preparados y preparemos nuestros corazón para que, al conmemorar el nacimiento de Nuestro Señor, lo hagamos con inmensa alegría, con gozo y con mucha paz en nuestro interior. Él vino a traer la paz.
Gloria a Dios en el cielo y paz a los hombres de buena voluntad. ¿Nuestro país se preparará en la paz para recibir al Mesías? En su familia, no nos vayamos tan lejos, en su familia ¿va a encontrar esa paz que quiere Nuestro Señor, la va a encontrar en su casita? ¿En nuestros pueblos?
Cuando hay amor, cuando hay buena voluntad, Dios encuentra paz y nace en nuestro corazón. Quiero que nazca en el corazón de cada uno de ustedes y caminemos en este Adviento, preparémonos a la venida del Señor, preparémonos, espiritualmente, interiormente, para que todo nosotros lo disfrutemos y no solamente digamos “feliz Navidad”. Que aquí adentro haya esa alegría y ese gozo, porque nos hemos liberado de lo que son signos de tiniebla y somos los hombres y mujeres de luz, así como lo quiere el Señor.
Feliz semana, primera semana del Adviento, feliz semana. Primera semana del mes de diciembre, que inicia mañana. Feliz semana. Feliz último mes del año.
Que Dios los guarde y que María, la que se preparó para recibir a Su Hijo Jesucristo, nos ayude en la preparación para recibir al que se encarnó en Su Vientre, por obra y gracia del Espíritu Santo y lo dio a luz en el portal de Belén y Él es nuestro Salvador.
Que la Madre del Salvador nos acompañe a los que somos los discípulos de Su Hijo, que peregrinamos en este tiempo.
Que así sea.

