Gerardo Castellanos Bolaños
Oaxaca de Juárez, 28 de mayo.-Una de las aportaciones que la sabiduría de algunos oaxaqueños hace a la humanidad, es sin duda el saludo familiar, ya que, además de ser una señal de respeto, es la única oportunidad que tienen los padres de tocar a sus hijos antes de que salgan de la casa; tocarlos y desearles un buen día; es una buena ocasión para acariciarlos para que estén mejor preparados para enfrentar los retos que deben afrontar cada día; imagínense el día de un hijo que va acompañado, siempre, de la fuerza de los que lo quieren; los oaxaqueños le llamamos bendición. Hechar la bendición.
En Teotitlán del Valle, el que saluda toma con sus manos, con las palmas hacía arriba, la mano derecha de la persona a la que saluda e inclina la cabeza hasta tocarla y exclama: “io” y le contestan “azoo”. –io– quiere decir: voy de paso y le contestan “azoo”, sigue tu camino. Es una herencia de la peregrinación del pueblo zapoteco que buscaba el lugar sagrado para establecerse. Cuando los ancianos no podían continuar le daban la bendición a los jóvenes diciéndoles, “azoo”, sigue tu camino, algún día vas a llegar al lugar prometido por los dioses.
Beti palatzio es el saludo, en zapoteco, en los pueblos mancomunados según me contó el Maestro Julián Luna y que la Profesora Débora Cruz Hernández (+) tradujo como: Haz fuerte tu ánimo.
Leyendo a Rómulo Gallegos, encontré el relato de un padre que conduce a su hijo de la mano y frente a vestigios arqueológicos, que visualizo como las nuestras de Mitla y Montealban. El niño pregunta asombrado “papá, ¿por qué después de tanto tiempo, de tantos terremotos; de estar expuestas a la erosión provocada por la lluvia y el viento y a la destrucción del hombre, aun están de pie estos vestigios de grandeza y de cultura”.
El padre le contesta: están de pie por que “los hombres que las construyeron estaban conscientes de que estaban construyendo una nación, el material que usaron era realmente de primera, los constructores tenían verdaderamente los conocimientos, el talento, y la autoridad, se les confería, no en consideración al mérito de los individuos, sino en función de su capacidad real”.
Para trabajar en equipo debemos dar individualmente lo mejor de nosotros mismos a la persona que tenemos enfrente, en el momento en que la tenemos enfrente, porque tal vez nunca la volvamos a ver.
El Doctor Jorge Vera, mi maestro y asesor de tesis de la Maestría, en el Instituto Tecnológico de Oaxaca, como parte de su filosofía nos enseñó a ser proactivos y parsimoniosos. Pero principalmente quería que como oaxaqueños, como profesionales y como empresarios fuésemos como el humus.
Ha sido el tiempo el que me ha ayudado a ir comprendiendo estos conceptos y a ponerlos en práctica en la forma en que, pienso, deseaba el maestro; me falta poder verbalizarlos para trasmitirlos, como él, a través de preguntas usando el método socrático.
El primer concepto; según el diccionario, proactivo quiere decir a favor de la acción, es la respuesta personal, voluntaria, a un estímulo externo. Acepto hacer esto porque quiero, porque asumo que es mi responsabilidad; porque de acuerdo con mis valores decido que debo hacerlo, aquí y ahora, cuando se espera que lo haga, cuando es útil para los demás y para mí.
Por naturaleza todos somos proactivos. De pro, a favor de y activo que quiere decir diligente, eficaz, que produce efecto sin dilación. Activo como todos sabemos es lo opuesto a pasivo.
Debemos tener la iniciativa y la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan provocando el resultado. Como seres humanos, somos responsables de tomar nuestra vida con nuestras propias manos. Nuestra conducta es una función de nuestras decisiones, no de nuestras condiciones.
La capacidad para subordinar los impulsos a los valores, es la esencia de la persona proactiva. Las personas proactivas se mueven por valores: valores cuidadosamente meditados, seleccionados e internalizados.
Pasando al segundo concepto; parsimonia, según el diccionario de la Enciclopedia Encarta, viene del latín; es femenino y significa frugalidad en los gastos, circunspección, templanza. También debemos entender por parsimonia lo sobrio, moderado y tratándose de estilo, lo que es conciso en oposición a lo redundante, ampuloso. Que guarda el justo medio.
La parsimonia en todos los actos de la vida es la sabiduría, según la educación del ser en los valores, que aunada al conocimiento de las cosas materiales nos ayuda a encontrar el equilibrio “fuente de todo ideal, encontremos en la mesura el método y el camino para llegar a nosotros mismos, para elevarnos al Reino de Dios, hagamos una cultura de nosotros mismos, veamos en la superación continua y en el método de la mesura, de la tolerancia, del equilibrio, el espejo de la contemplación que nos llevará a ser mejores”.
Lo que hemos de procurar, decía Plutarco, es la moderación y, Catón enseñaba: “Ser sencillo hace justos, generosos, enormes y bondadosos a los hombres”.
Finalmente me refiero al tercer concepto, el humus. “Sean como el humus”, nos enseñaba en forma dialogada el Dr. Vera, “que es el polvo en el que se convierten las hojas cuando caen al pié del árbol y luego lo nutren. Recuerden que de humus viene humildad y humanidad que es la esencia, el tronco, la vida“.
Aprendí, y he ido entendiendo con el tiempo, que, la proactividad es un complemento de la parsimonia. Son el humus en nuestras vidas, en nuestras empresas.
La estrategia es poner en práctica estos conceptos para que cuando alguien les encargue un asunto, cuando se les ocurra una idea o tengan algún pendiente; se comprometan o prometan algo, resuélvanlo con diligencia, jamás expliquen como fue que no lo hicieron, por su propio bien sean proactivos sin olvidar ser parsimoniosos, humildes, sencillos. Nutran su vida y la de los demás como el humus, desde la raíz para que su tronco crezca, fuerte y vigoroso como el Árbol de El Tule, sin olvidar que, si saben adónde van encontrarán el camino.
Desde Santa María Oaxaca
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