Oaxaca de Juárez, 3 de septiembre
MILENIO CIRO GÓMEZ LEYVA LA HISTORIA EN BREVEEl gobierno del presidente Peña Nieto ha cuidado no adelantar la información sobre los terrenos donde construirá el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. Zonas contiguas al aeropuerto actual, se limita a referir el documento del segundo Informe. Hoy al mediodía, cuando anuncie el proyecto, deberá precisarlo.
Off the record, los funcionarios explican que, desde hace años, se fueron comprando tierras en la zona Texcoco-Atenco para evitar un conflicto con los comuneros, similar al que impidió la edificación de
un nuevo aeropuerto en 2002.
Pero como si no hubieran pasado 12 años, la resistencia de Atenco parece intacta y presta a tomar los machetes otra vez. América del Valle, miembro de la familia emblema del Frente de Pueblos Unidos en Defensa de las Tierras, me dijo ayer que son los mismos ejidos de 2001, “el mismo territorio que expropió Vicente Fox y que nuestra lucha, la lucha de los pueblos, echó abajo”.
América refiere con resignación una serie de acciones “disfrazadas de ecologismo y desarrollo que corrompieron a autoridades y comisarios ejidales que, en efecto, se prestaron a que nos despojen la tierra”. Pero detalla que al menos cuatro comunidades no han cedido ni cederán: Atenco, Acuexcomac, Tocuila y San Felipe.
“Mantenemos la oposición firme”, concluye. “Nuestras tierras no están en venta. Somos un movimiento regional y vamos a luchar, porque no queremos que se rompa el tejido social, ni nuestra visión en cuanto a la tierra, porque amamos la tierra”.
Si las cosas son como las cuenta América, bienvenidos a Aeropuerto II.
EXCÉLSIOR JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ RAZONESEl mensaje del presidente Peña Nieto, con motivo de su 2º Informe de Gobierno, cumplió a cabalidad el objetivo que se proponía: relanzar su administración, establecer con claridad los objetivos de la nueva etapa que se abre después del ciclo de reformas estructurales y políticas aprobadas en los últimos 21 meses. En ese sentido es un mensaje irreprochable.
Si hubiera que definir las líneas de trabajo que plantea el Presidente en su mensaje, habría que remitirse a tres palabras: inclusión, prosperidad y paz; fáciles de escribir y decir, difíciles de alcanzar. La inclusión va más allá de la social, es también, y destacadamente, política: el presidentePeña no dejó de señalar una y otra vez, a los partidos, al Congreso, a la Corte y a otros actores sociales y políticos (incluso en algunos temas a anteriores administraciones) como parte de un proyecto global. Es una decisión inteligente pero, por sobre todas las cosas, es una forma de contraponerse al ambiente de confrontación que existió en las últimas administraciones, sobre todo con el Congreso y con otras fuerzas políticas, en forma manifiesta con el PRD y la izquierda. Es simbólico, pero la política se articula en torno a símbolos, y ver a un presidente como Peña, flanqueado por dos dirigentes perredistas (más sueltoSilvano Aureoles, más tenso Miguel Barbosa, presidentes de ambas cámaras), anunciar obras conjuntas con el jefe de Gobierno capitalino (el tema del salario mínimo y el aeropuerto ser capitalizados por Mancera), o tener sentados en primera fila a los dirigentes de los partidos, no son símbolos menores. La operación política del gobierno gira en torno a la inclusión y, por lo menos hasta ahora, la misma ha sido exitosa.
La prosperidad y la paz son más complejas. Quizás en términos de prosperidad futura los del nuevo aeropuerto, la principal obra de infraestructura planteada para este sexenio, y el cambio de Oportunidades por Prospera, son temas centrales y que escenifican lo que se busca. El aeropuerto, lo decíamos ayer, es una obra enorme, pero también es un símbolo político (que se relaciona, igualmente, con la inclusión): se hará casi en el mismo lugar donde se planteó y fracasó hace trece años, pero ahora con un terreno social, económico y político, ya acordado, diametralmente diferente al de entonces y con un proyecto ya terminado, listo para echarse a andar.
La transformación de Prospera por Oportunidades debe ser algo más que un cambio de nombre. Como está planteado, Prospera es un programa social que mantiene todos los estímulos y apoyos de Oportunidades, pero que buscará incorporar la política social con la productividad y la educación. Siempre se habla de la dicotomía de regalar pescado o enseñar a pescar: y entre esos extremos ha oscilado nuestra política social. Ahora lo que se intentará será integrar los extremos: que haya pescado y que se enseñe a pescar. En ese sentido es un programa muy ambicioso, con una gama muy amplia de compromisos. Pero como no se hacía desde Solidaridad, es muy lógico que todas esas políticas puedan englobarse bajo un mismo programa y concepto.
Se incorpora también en este capítulo, el de la prosperidad, todo lo referente a las reformas estructurales, pero sobre todo la energética. En ningún otro tema el Presidente fue tan enfático y tampoco en algún otro planteó expectativas tan altas como en el futuro de la energía. Sin duda, y así debe ser, es la principal apuesta sexenal y es la que si se logra que esté ausente de corrupción y burocratismo, será la carta más promisoria para el futuro del país.
Con todo lo positivo, en estos temas, quizá faltó más énfasis en capítulos de la economía ciudadana: los precios de los servicios, el tema fiscal, el de los salarios, no estuvieron ausentes, pero podrían haber tenido mayores espacios y precisiones.
La paz va de la mano con la seguridad. Sin duda hay avances: ha disminuido el número de asesinatos y ajustes de cuentas, también el de robo y extorsiones, aparentemente el de secuestros (existen diferencias entre los números oficiales y de algunas ONG), sobre todo en algunas plazas, pero, más allá de eso, se está avanzando en dos temas capitales: la creación de instituciones de seguridad, especialmente en los estados, y en el proceso de unificación de policías en torno al mando único, un proceso que se deberá fortalecer para consolidar, como lo reconoció el propio Presidente, las tendencias existentes hasta ahora.
Tres propósitos, tres objetivos, la inclusión, la prosperidad y la paz, cuyos frutos reales, si se alcanzan, se recogerán globalmente, incluso pasando este sexenio, y que constituyen una agenda posible, viable y deseable. Una agenda que tiene que pasar, también, necesariamente, por la vida cotidiana: la inclusión, la prosperidad, la paz de la gente en su día a día, en su casa, con su familia, en su comunidad, en su escuela y su trabajo.
LA JORNADA JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZ ASTILLERONo se hagan bolas: el mismo espacio simbólico, sacralizado como referente de luchas históricas, protestas populares y reivindicaciones democráticas que el peñismo-mancerismo ha ido escamoteando a base de encapsulamientos granaderos y otras artes represoras, apareció llanamente convertido en prosaico depósito vehicular de la élite encopetada, con asta bandera al centro y vigilancia militar extrema. Si México no hubiera cambiado, cuando menos el uso de suelo del Zócalo sí, aunque anoche un vocero de Los Pinos decía que de alguna manera se buscaría castigar lo que hubiera habido de malo en algo que no sabía bien a bien por qué se había dado.
De manera infantil, como si una pareja de jóvenes padres ocupados hubiera sido rebasada por los acontecimientos en una improvisada fiesta de bautizo, el vocero Eduardo Sánchez tuiteó: ‘‘Fue una decisión equivocada de quienes estaban a cargo del acomodo vehicular. Esta situación no se volverá a repetir’’. Esta columna no está en condiciones de asegurar si habrá redadas y castigo ejemplar para franeleros, viene-viene y demás presuntos responsables, pero cuando menos deberían pasar por el paredón del desempleo a los hilvanadores de excusas oficiales. ¡Muy mal si la gerencia general del país no ordenó latoma del Zócalo controlado férreamente por marinos y soldados! ¡Terrible si el ocupante de la oficina principal de Palacio Nacional no sabe lo que sucederá a unos metros de su burbuja!
La reivindicación ostentosamente impúdica de los privilegios de las cúpulas pretende consolidar en el DF la percepción de que es inevitable el agandalle priísta del espacio electoral en la contienda por venir. El enjambre automotor de los faltos de poder enloquecía en el tráfico empeorado por el cierre de calles para el acto peñista en Palacio Nacional, mientras los invitados con fuero en sus cuatro ruedas podían instalarse cómodamente en la planicie reservada. Caos en la línea 3 del Metro (como cada día sucede en ésta o alguna otra), con ríos humanos enviados al hacinamiento en autobuses, mientras una parte de los mil 200 que sí las pueden tenían derecho a instalarse en el cuadrado que antes ha conocido pistas de hielo, servicio de tranvía, jardineras y arbolados, experimentaciones urbanísticas, desfiles cívicos y militares, campamentos de protesta, huelgas de hambre, camiones como templete de estudiantes insurrectos, tribunas fragorosas, llenos estremecedores y poderosos (varias veces con AMLO) y un permanente olor a lucha por la democracia y la justicia. Pero nunca antes tan venerable plancha había tenido el infamante destino de aparcamiento de superlujo, lote izquierdistamente baldío, explícita y ofensiva plataforma de despegue de La reconquista priísta de la antigua Tenochti-tlán, con estación intermedia en 2015.
Las causas y luchas de izquierda han sido sistemáticamente expulsadas de ese Zócalo histórico desde el primer día de gobierno de Peña Nieto, con la colaboración en esa fecha de quien ejercía sus últimos días como jefe capitalino, Marcelo Ebrard, y luego con el entusiasmo vocacional de Miguel Ángel Mancera, quien se ha especializado en el tendido de redes de contención, infiltración, división y luego abiertamente golpeo o detenciones de ciudadanos que durante la ‘‘primavera’’ izquierdista del Distrito Federal nunca habían asumido a los correspondientes gobiernos como adversarios fragorosos, sino todo lo contrario.
Ahora, sin embargo, el nuevo inversionista electoral, de siglas EPN, ha llegado con suficientes monedas para ponerle al parquímetro del Zócalo y anunciar que ocupará los lugares que vaya viendo vacíos (y, los que no, también), con un izquierdismo viene-viene acomedido para auxiliar a las tareas ya pagadas (¡Ánimo, Mancera! ¡Ánimo, Silvano! ¡Ánimo, Barbosa!) Nuevas líneas del Metro, anunció el nuevo regente del Departamento del Distrito Federal, agradecidamente acompañado por el políticamente cada vez más empequeñecido Mancera. Construcción de nuevo aeropuerto internacional, como magna obra del sexenio, en terrenos ‘‘contiguos’’ al actual, con guiño de contrataciones de empresas y mano de obra en el Edomex, pero también en el DF, mientras en San Salvador Atenco los machetes vuelven a alzarse. Nueva etiqueta para el mismo producto tan milagroso para la compra de voluntades electorales, el Oportunidades clásico que ahora se convierte en Prospera, con la inevitable correlación inmediata de las dos primeras iniciales del rebautizo con las correspondientes del partidazo ya en campaña, PRIspera, más que prospera. ¿PRI en espera?
El uso para fines particulares de un espacio férreamente negado a otros mexicanos, incluso para el cumplimiento de derechos constitucionales, fue consecuencia del uso para fines particulares del Palacio Nacional, que a veces funciona como foro televisivo para Conversaciones a modo y ayer para un acto de autoelogio organizado por el C. Enrique Peña Nieto. En esa sesión privada (si unos alquilan la Rotonda de las Personas Ilustres para celebrar cumpleaños, ¿por qué no ofrecer Palacio Nacional en renta para que quien quiera invite allí a sus cercanos para que le aplaudan?), el enjundioso lector de pasajes personalmente seleccionados omitió referirse a muchos otros, críticos, difíciles, supurantes.
Los viene-viene de izquierda rápidamente reaccionaron ante estos monólogos peñistas. Faltaba más, que a partir del año entrante el Señor Presidente dé su informe en San Lázaro, han propuesto, para que ya no requiera de fiestas privadas y sin estacionamiento oficial. ¡Hasta mañana!
Twitter: @julioastillero