Etcétera
Oaxaca de Juárez, 19 de marzo. Ante la posibilidad de que en Oaxaca se materialice una reforma político electoral impulsada al interior del Congreso local para que el próximo Gobernador despache exclusivamente por un periodo constitucional no mayor a dos años, la clase política oaxaqueña busca y construye nuevos mecanismos para asegurar el diálogo y el difícil arte de gobernar.
Exceptuando el interinato de Martínez Álvarez derivado de la muerte de Don Pedro Vázquez Colmenares, el resto de los mandatarios desde 1986 han cumplido rigurosamente con su encargo constitucional sexenal, sin embargo, la reforma electoral que apuesta por la celebración de elecciones concurrentes sumada a las severas crisis de gobernabilidad que ha experimentado el estado, ha inspirado a los principales actores políticos a incubar una probable solución, suficientemente arriesgada como para generar mínimos de paz y certidumbre para quien gobierne de 2018 a 2024, pragmática cohabitación es lo que se desea…
Cohabitar en el sentido actual de relación entre un presidente y un primer ministro de militancias políticas antagónicas, término que hizo irrupción en los debates del coloquio celebrado en París durante los días 20 y 21 de enero de 1983 sobre el tema de los regímenes semi presidenciales e ingresó al vocabulario político mundial.
Llevado al caso Oaxaca sería tanto como afirmar que el Gobernador sería de un partido y el Secretario de Gobierno de uno distinto, mientras que el resto de los contendientes asegurarían espacios de gobierno con la condición de cogobernar, dando paso a la tan deseada gobernabilidad al interior del territorio y permitiendo sentar las bases de una administración sana a partir de 2018.
Hoy por hoy las coaliciones electorales en Oaxaca –y en otros estados- no se han reflejado en coaliciones de gobierno, la repartición de la administración pública estatal ha sido a través de cuotas –poder numérico- y no en función a un programa de gobierno definido desde el ejecutivo, a la operación del ministerio de gobierno y a una agenda reformadora al interior del congreso.
Tal parece que existe el deseo de materializar dicho esfuerzo a nivel estatal, sin embargo esto se traduciría en una pérdida de control político y electoral para cualquiera de los principales partidos nacionales con presencia y arraigo al interior del estado con posibilidades de ganar al contender y quizá ello pueda dar al traste a tan digno ejercicio.

