Oaxaca de Juárez, 12 de enero. La semana pasada empezamos el año con el ataque a las instalaciones de la revista de “sátira política”, Charlie Hebdo.
La muerte de los principales dirigentes de la revista, así como la novedad que representa un ataque perpetrado en Francia, fueron los detonantes para que este suceso fuera un gran acontecimiento para el escenario internacional.
Si bien es claramente condenable el hecho de que una persona asesine a otra por las razones que fueran, no puedo dejar de reconocer que la revista “Charlie Hebdo”, en los últimos años se había convertido en la representación perfecta de la burla, la xenofobia y el racismo que han tomado un segundo aire en la Europa contemporánea.
La revista tenía el propósito de ridiculizar todos los aspectos de la vida social y política; sin embargo, claramente cargaba más su contenido al secto musulmán, que de facto es uno de los más aislados y desintegrados de Francia. Dicho sea de paso que después de los ataques en las oficinas de la mencionada revista, muchas fueron las reacciones en apoyo a la revista, con el discurso de que éstos atentaban contra la libertad de expresión.
Lamentablemente no puedo sino estar en contra de tal aseveración, luego de saber que aparte del poder de las armas existe otro muy importante que es el poder de la pluma. No puedo entender cómo la libertad de expresión pueda justificar la burla que se hace a un pueblo ya de por sí martirizado por occidente, y menos cuando Francia ha sido de los primeros en apoyar las intervenciones militares que se han hecho en aquellos lugares del globo.
Charlie Hebdo es la prueba de que lamentablemente, la vida de las personas solo vale si eres francés, inglés o estadounidense, más no si eres palestino o egipcio. Así que no creo que el activismo cibernético en apoyo a esta revista tenga idea de la enorme burla que representa para los musulmanes, católicos, judíos, o para cualquier otra persona, el ridiculizar los principales símbolos sagrados de cada uno de ellos (no sólo del islam). Muy por el contrario, pienso que toda persona que cobije bajo la libertad de expresión su irreverencia e ignorancia, no tiene la menor idea de lo que supone escribir o dibujar algo que para muchos puede ser ofensivo.
Lo ocurrido sólo es producto de la estigmatización que tiene medio oriente en occidente, pero también de la poca claridad que tenemos como sociedad sobre el concepto de las libertades más básicas. Es así como en este artículo puedo condenar la agresión a la revista, por poco profesional que ésta sea, pero en ningún momento podré decir “Yo soy Charlie”.

