HUAXYACALLI
SANTA MARÍA DEL MARQUESADO
Gerardo Felipe CASTELLANOS BOLAÑOS
En la segunda mitad del siglo XVI se construyó el Templo de Santa María de El Marquesado por los franciscanos descalzos; el retablo lo hizo Dn. Gonzalo Cervantes en estilo neogótico

Lo construyeron entre 1535 y 1600, es decir en la segunda mitad del siglo XVI. Por la importancia de El Marquesado este Templo debió ser de los primeros en construirse.
Existen evidencias documentales de que en 1610 ya existía el Templo según se desprende del contenido de la Cédula Real del 9 de junio de 1623 que ordena a la Real Audiencia y al Virrey, conservar el orden establecido entre franciscanos, dominicos y agustinos; curas doctrineros de Santa María, del Rosario y San Sebastián.
Se refiere a curas doctrineros franciscanos de Santa María de El Marquesado, que reclamaban la administración de los sacramentos a los zapotecas, mixtecas y otros, de Oaxaca residentes en México, ya que vivían en territorio sujeto a su jurisdicción —Marquesado— y por lo tanto, les correspondía a ellos.
Desde entonces vivían tantos oaxaqueños en México que fue necesario construirles la Capilla del Rosario, especial para ellos; la Capilla era administrada por los dominicos.
Los franciscanos y agustinos les disputaban la administración de los sacramentos. Los españoles, por lo único que se pelearon siempre entre ellos —soldados, civiles y curas—, era por el reparto del botín.De esta Cédula Real se desprenden dos cosas importantes; una, que el templo de Santa María Oaxaca de El Marquesado ya existía en 1610 ya que se refiere a franciscanos doctrineros de Santa María —de El Marquesado— y dos, que era administrado por franciscanos.
En Oaxaca, la causa del deterioro de los templos, casas y edificios públicos han sido los temblores y terremotos y el templo de Santa María debió haber sentido sus efectos, sobre todo el terremoto del 23 de agosto de 1696 ya que, según Antonio Gay, el filántropo portugués Manuel Fernández de Fiallo pagó la reparación del Templo y la casa parroquial en unión del franciscano Cristóbal de Ibarra, párroco de allí, por lo que se conservan aún las estatuas de ambos en la portada de este Templo.
Desde la intervención francesa —1865— están perdidos los primeros libros de actas de cabildo y fueron robados el Escudo, la cédula de la fundación de la Villa de Antequera y la de erección de ésta en ciudad; Gay dice que vio y tuvo en sus manos los documentos amarillentos que no pudo rescatar de manos de la plebe.
A principios del siglo XX, antecedía al templo un atrio cerrado por una barda de adobe terminada en chaflán, igual que la barda de la Estación de Ferrocarril que todavía se puede ver, sobre todo el tramo frente al Templo; el muro tenía una altura de 1.70 mts.; tenía tres entradas, una frente a la puerta del templo y dos a ambos costados del templo; se empezó a derrumbar en 1953 en la parte sureste; esto obligó a demoler toda la barda y dejar un atrio abierto por sus tres lados.

El atrio y el mismo Templo, de acuerdo con la costumbre de la época, sirvió de panteón en la período de la Colonia y aun se pueden ver algunas lápidas frente a la entrada.
La arquitectura pertenece al tipo de usado en las primitivas construcciones que hicieron los franciscanos después de la conquista. En mi opinión nada tuvieron que ver los dominicos ya que es un templo bajo, modesto, sencillo, sin la soberbia, poder y riqueza que acostumbraban, en nombre de Dios, exhibir los dominicos.
La fachada de sillares de cantería, con vista al poniente, está integrada por la portada y dos torres con campanario. La portada está dispuesta entre un paramento a manera de hornacina; su estilo tiene un tono clásico, con insinuaciones del barroco, dado por las líneas quebradas, roleos y relieves vegetales, aplicados en nichos, entablamentos y pilastras. Está compuesta de dos cuerpos y remate.
El primer cuerpo tiene acceso central bajo un arco de medio punto sobre jambas con relieves geométricos; sendos pares de columnas de fuste estriado forman entrecalles que alojan nichos con dos esculturas, una de Manuel Fernández Fiallo y la otra de fr. Cristóbal de Ibarra.El entablamento, que lo separa del segundo cuerpo, está decorado con triglifos y metopas a la manera clásica. En el segundo cuerpo, dos pilastras estriadas flanquean un óculo octagonal decorado por un marco con relieves florales; a los lados de las pilastras hay sencillos roleos y jarrones clásicos. El remate es un frontón abierto con un nicho en su tímpano.
Las torres, de igual altura que la portada, ostentan los campanarios de un cuerpo, provistos de cuatro vanos de arco de medio punto, pilastras, cornisas, perillones y cupulines sobre tambor octagonal; estos últimos recubiertos de azulejo.
El interior es de una sola nave, con capillas laterales, cubierta por bóvedas de cañón corrido, de lunetos y bóvedas vaídas.
El retablo principal es de estilo neogótico; estilo de moda durante el porfiriato —1876-1911— y que trajo a Oaxaca el Arzobispo Eulogio G. Gilow, sólo el estilo; esta hecho en madera de cedro en su mayor parte pero también tiene partes de madera de sabino y pino; consta de varios nichos con arcos ojivales y torrecillas terminadas en punta de aguja en donde resalta la imagen del Cristo crucificado; al pié de la cruz nace una parra que se abre hacía las manos sus hojas y racimos de uvas y termina en la cabeza; “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos” —Jn. 15, 5—, que es la característica del Señor de Santa María y que simbolizan la Sangre que renueva, mística y sacramentalmente, el sacrificio de Jesucristo en la Cruz; a ambos lados están las esculturas, hechas en cedro, de la Virgen y el apóstol Juan y falta la escultura de María Magdalena. La mesa del altar hace juego con todo el conjunto.Fuente: libro Villa de Santa María Oaxaca de Gerardo Castellanos.
Desde Santa María Oaxaca, 16 de marzo de 2017
